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domingo, 14 de diciembre de 2025

Las rosas de Sitri

El demonio Sitri, grabado por M. Jarrault a partir de un dibujo de Louis Le Breton, para el “Diccionario infernal” (1863), de Jacques Colin de Plancy.

Brotaron de negras palomas,
en horas blancas de lujuria,
las primeras rosas de Sitri.
Son aves del paraíso dementes,
meteoros que sangran perfume,
rubíes del jardín prohibido
que ningún hortelano conoce.

Divino Sitri, fúlgida pantera,
que lates en las pausas
entre el gemido y la supernova,
tú rompes los vitrales de mi carne
con zarpas hechas de labios carmesíes.
Tu aliento nace como carta sin firma
para los manicomios de Venus.
Tu mirada
se posa como salmo invertido
sobre los esqueletos de los amantes.

Las rosas de Sitri
se elevan como risas de pecadores.
Crecen a solas
en las carnes de moribundos eternos,
en los ombligos de nereidas impías,
en los corazones de santos herejes.

Divino Sitri,
dueño del espasmo,
locura de los puertos vacíos,
flotas en el diván de las negaciones,
con alas de grifo y boca de pantera.
Tus rosas no solicitan agua,
sino secretos y murmullos.
Beben el eco frágil que se pierde
tras la caricia de los meteoros.

Yo, jardinero del abismo,
guardo varias en mis costados
y me clavan espinas en cada noche
que no logro desatarme de su aroma.


Nota del autor: Según el grimorio "La clavícula de Salomón", Sitri es un gran príncipe del infierno que reina sobre 72 legiones de demonios, cuya habilidad más relevante consiste en despertar el amor entre las personas y conseguir que se desnuden. Se lo representa con la cabeza de un leopardo y las alas de un grifo, aunque puede aparecerse bajo la forma de un hombre apuesto a petición del mago.

sábado, 6 de diciembre de 2025

Desamparo

El ángel del mal, escultura en mármol de Joseph Geefs (1842).
Museo Real de Bellas Artes de Bélgica.

Grité en el hondo templo: “¡Mira, santo
Dios oculto, mis ojos abatidos!”,
y en los ecos de mármoles pulidos
apenas Dios notaba mi quebranto.

Solo Satán apadrinó mi llanto,
velando con sus alas mis gemidos,
que somos ambos ángeles caídos
y convertimos lágrimas en canto.

¿Y asombra que en lo oscuro me cobije
cuando la augusta luz me desampara,
cuando nací maldito? No se diga

perversión el impulso que me rige:
si no poseo sol, mi sombra clara
vela mis pasos como justa amiga.

martes, 25 de noviembre de 2025

El circo del Parnaso

Acróbata en un circo. Foto: Istock

Si escribes algo, mira con distancia
tu suma de letrados ejercicios:
los colegas, en ásperos oficios,
te vestirán de loca nigromancia.

Presumen, con su fútil arrogancia,
la crítica y el público de vicios:
una discute en vano sus prejuicios
y el otro no discute su ignorancia.

No persigas el canon: solo vive
y algún rato después, al fin, escribe,
pues un circo demente es el Parnaso,

donde, si pocos hallan pedestales,
otros muchos, con méritos iguales,
aún esperan que les hagan caso.

lunes, 24 de noviembre de 2025

Letras y olvido

Biblioteca histórica. Foto: Istock

Sobre los anaqueles, con sosiego,
miro tomos de muchos escritores:
los grandes, en altísimos honores,
lucen para la historia con su fuego.

Los no leídos, con doliente ruego,
desean estudiosos y lectores
y algunos pocos, libres de temores,
pasan el frío olvido sin apego.

Boca mía, a la suerte en vano impetras,
ay... ¡que un ligero túmulo de letras
me guarde un anaquel en su recodo!

Si fuera así, que ruja como grito,
lanzando contra un áspero infinito
su mal empeño de cambiarlo todo.

jueves, 30 de octubre de 2025

Eterna rosa

Rosa en los jardines de la Casa de Campo de Madrid.
Foto: Ramiro Rosón

No te lamentes, rosa, de quién eras
y quién eres al cabo: mientras haya
sol, tu vuelo de pétalos ensaya
cómo tu alada forma recuperas.

¿Ha de causarme lástima que mueras
así, cuando tu sangre se desmaya,
si ocultas, en el seno de tu baya,
tu enorme potencial de primaveras?

Tejes cunas en lápidas impías,
eternidad en átomos fugaces,
pálidas noches en oscuros días.

Y, si en cósmica arena te deshaces,
no llores pronto lo que luego rías:
nacida mueres tú, si muerta naces.

martes, 30 de septiembre de 2025

Las alas de Seere

El demonio Seere, representado
en el “Tarot oculto” de Travis McHenry.

A veces, en el curso de la noche,
me estremece un relámpago de plumas
y sé que Seere besa mi gélida frente.

Llega sin anuncios,
como una carta bajo un ala de nítida paloma,
como un oráculo para quienes maldicen
el estrecho marco de su tumba los domingos.

Bate sus alas, que difuminan el tiempo.
Son alas hechas de cometas nebulosos,
de minerales pródigos en visiones,
de ríos que fluyen a la inversa,
tejiendo bocas del Hades en la cumbre.

Cuando Seere galopa sobre el mundo,
las esculturas elevan sus manos, temerosas,
y se rompen las jaulas, agonizantes.
Los trenes huyen a pueblos futuros
y los montes evocan sus primeros nombres.

He mirado su imagen de plata.
Se deslizó una pálida noche en mis oídos
para hablarme con susurros de sierpe.
Me dijo con el suave trote de su pegaso:
“No corras, pero vuela.
No te desvíes, pero camina los mundos.
No mueras, pero no olvides hacerte lluvia”.

Y entonces,
como quien graba mensajes en piel de estrella,
Seere desató sus alas ardientes
y vi mi futuro caerse en un piélago de luces.

Me resultaba tan ligero y calmo
que en absoluto me dolía,
como huracán de promesas
anotadas en cúmulos de fuego.

Desde esa noche, cuando cierro mis ojos,
mi esqueleto deviene transparente
y el mundo yace como una sombra
pisada al paso de rápidas alas.

Y si lo llamo con un silbo de mercurio,
si le entrego una pluma arrancada a mis temores,
Seere me transporta —sigiloso,
fulgurante,
veloz—
hasta lugares en que nada se repite
y el ánima flota descalza.


Nota del autor: en el grimorio La clavícula de Salomón, Seere es un poderoso príncipe del infierno con 26 legiones de demonios a su mando. Se le representa como un espíritu veloz y servicial, capaz de transportar objetos y personas de un lugar a otro instantáneamente. También concede noticias y respuestas sobre asuntos lejanos o secretos. Se le considera obediente y útil para quienes buscan rapidez y eficiencia en sus peticiones.

viernes, 29 de agosto de 2025

Los trajes de la canariedad

Campesino y campesina de Tenerife.
Ilustración de Alfred Diston.

Cuando iba al colegio, en los años razonablemente felices de la primera infancia, recuerdo que los maestros nos pedían vestirnos de magos –es decir, llevar el traje campesino canario– por el Día de Canarias. Como un traje de mago –al menos en su versión más elaborada– no resulta asequible para todo el mundo, el asunto se arreglaba en mi caso con una camisa blanca, un pantalón negro y un fajín rojo. De este modo se cubría el expediente. Había algunos niños, los de familias más ricas, que presumían ante el resto de lucir el traje de mago en su versión más fastuosa, con chaleco bordado, polainas, calzones y demás accesorios. Debo confesar que me sentía disfrazado con aquella indumentaria, quizás por la coincidencia de que algunos portadores de los atavíos más caros descendían, como yo, de un padre peninsular y aquella competición infantil por verse como “el más canario” me parecía una farsa. Pero en mi caso particular –mi padre era gallego– había que sumar ciertas preguntas incómodas que yo me formulaba en secreto para no incomodar a nadie con ellas, pues ya desde entonces mi inquieta imaginación tendía siempre a cuestionarlo todo con ahínco. ¿Debía yo renunciar a la identidad canaria por ser hijo de padre gallego, a pesar de haber nacido en el archipiélago? ¿Era yo un “canario de segunda clase” frente a los hijos de padre y madre canarios? ¿A cuántas generaciones nacidas en el archipiélago deberían remontarse mis antepasados para considerarme “genuinamente canario”?

Por fortuna, la sociedad canaria nunca se ha mostrado beligerante en estas cuestiones. Hoy en día, tras muchas lecturas históricas y literarias, he llegado a la conclusión de que la canariedad es irremediablemente mestiza, por lo cual aquellas inquietudes mías de la infancia carecían de todo sentido. Ahora bien, si la canariedad es irremediablemente mestiza, ¿cómo podemos imponernos un modelo único de identidad? Pienso en Eric Hobsbawm y su ensayo La invención de la tradición, que relata desde una perspectiva marxista cómo los modernos Estados-nación fabricaron todo tipo de tradiciones, adaptando viejas manifestaciones culturales (con independencia de su origen vernáculo o forastero) o haciendo pasar invenciones por antiguas costumbres, para fortalecer el desarrollo de su identidad nacional. Un ejemplo extremo de este fenómeno se encuentra en el himno de Israel, “Hatikva” (en hebreo, “La esperanza”), cuya música, escrita por el compositor judío ruso Samuel Cohen, se inspira en la melodía inicial del poema sinfónico “El Moldava”, obra del compositor nacionalista checo Bedrich Smetana (y este último, a su vez, se inspiró en una canción del siglo XVII titulada “La Mantovana”, atribuida al tenor italiano Giuseppe Cenci). Retocando un poco la famosa máxima de Marcelino Menéndez Pelayo (“lo que no es tradición es plagio”), podría afirmarse que la tradición es un plagio monumental.

De vuelta a Canarias, podemos observar que en las fiestas populares de hoy en día llevamos trajes campesinos que, en algunos casos, fueron creados en la primera mitad del siglo XX por ciertos artistas o diseñadores (confróntense, verbigracia, los modelos de traje típico canario diseñados por Néstor Martín-Fernández de la Torre, que en sus orígenes recibieron duras críticas y que en la actualidad se han convertido en una indumentaria aceptada en las fiestas tradicionales de todo el archipiélago). Acudimos a más de una romería fundada en la década de 1940, como una estrategia del nacionalcatolicismo para exaltar unos supuestos valores tradicionales, en sintonía con iniciativas como los coros y danzas de la Sección Femenina de Falange Española. De hecho, en la actualidad las tradiciones se han convertido en materia de políticas públicas e incluso en Tenerife existe el Consejo Sectorial de la Indumentaria Tradicional, un órgano administrativo dependiente del Cabildo tinerfeño, que elabora recomendaciones sobre cómo deben confeccionarse los atavíos tradicionales y sobre cómo los canarios y canarias de pro deberían vestirse correctamente en las fiestas. La invención de la tradición, por lo tanto, resulta inseparable de nuestro folclore.

Al llegar a este punto –la conversión de la cultura popular en materia de políticas públicas–, se me plantean diversos interrogantes. ¿Cómo se sienten los hombres y mujeres nacidos o residentes en el archipiélago, pero que no pertenecen a ese grupo étnico y cultural habitualmente llamado “canario” –resultado, por cierto, de un fabuloso mestizaje de cinco siglos–, frente a lo que se considera como “tradiciones canarias”? ¿Cómo se sienten los mestizos hijos de canarios y de otros grupos étnicos y culturales? ¿Debe considerarse menos canario –o canaria– quien no puede permitirse un costoso traje de mago –o de maga– hecho a mano, según las recomendaciones del Consejo Sectorial de la Indumentaria Tradicional? ¿El traje típico de Canarias debería quedarse “fosilizado”, siguiendo versiones históricas elaboradas a partir del cotejo de fuentes documentales, o debería evolucionar de algún modo con los tiempos, en consonancia con la naturaleza viva del patrimonio cultural inmaterial? Me encantaría ver, por ejemplo, a una china vestida con traje de maga, a un hindú que fusionara la música indostánica o carnática con los ritmos isleños o a una parranda canaria que incluyera entre sus miembros a migrantes africanos, pues todo ello demostraría el carácter plenamente inclusivo de esas “tradiciones”.

No faltarán quienes arguyan, desde lógicas basadas en la exclusividad o en el purismo, que semejantes iniciativas de fusión o de mestizaje podrían activar mecanismos de asimilación forzosa o de apropiación cultural, en la medida en que personas o comunidades ajenas a quienes se consideran como “canarios auténticos” –sea lo que sea tal cosa– harían suya una serie de prácticas y símbolos con los que no poseen vínculos emocionales. Frente al peligro de la asimilación forzosa, cualquier país democrático y avanzado  –o al menos los que aspiren aún a serlo, en esta época sombría de neofascismo rampante– debe comprender que la identidad, en última instancia, debe reservarse al ámbito de la autopercepción y la autodefinición, de manera que el sujeto decida libremente quién es y de qué grupo o grupos humanos forma parte. Y, en cuanto a la apropiación cultural, me parece que ese concepto debería someterse a discusión salvo cuando resulta inequívoco su carácter denigrante o vejatorio, como en el “blackface” (es decir, pintarse la cara y la piel de negro para imitar a una persona negra) efectuado en el ámbito del cine o de la televisión. ¿Qué sucedería, por ejemplo, si los occidentales acusaran a los chinos o a los japoneses de apropiación cultural de la música clásica, por haber conformado una amplia nómina de grandes intérpretes y un público aficionado a este género? ¿Y qué sucedería si los chinos o los japoneses acusaran a los occidentales de lo mismo por atreverse a cocinar platos originarios de sus países, decorar sus casas con jarrones de porcelana y biombos pintados o cultivar con esmero bonsáis en sus jardines? Si toda la historia de la humanidad puede leerse como un flujo continuo de préstamos e intercambios, el concepto de apropiación cultural, llevado a sus últimas consecuencias, provocaría el aislamiento y el repliegue de cada persona o comunidad en sus códigos de prácticas y símbolos particulares para no “ofender” o “incomodar” al resto.

De cualquier forma, quede claro que no me opongo en absoluto a que la gente lleve trajes típicos ni vaya a romerías –estos pertenecen al patrimonio inmaterial de una comunidad humana y cada generación puede resignificarlos según sus necesidades, actualizándolos en el curso de la historia–. Me defino como canario, pero nunca afirmaría que mi percepción de la identidad canaria constituye la única legítima y deseable. Me considero canario y, por ende, valoro profundamente la cultura y el patrimonio depositados en el archipiélago desde el siglo V antes de Cristo –presumible fecha en que arribaron sus primeros pobladores desde la costa norteafricana– hasta la actualidad, pero me niego a la construcción de relatos dogmáticos sobre la pertenencia a la comunidad a través de un folclore en ocasiones adulterado. Solo pido que ciertas expresiones culturales, tan respetables como las demás, no se consagren como las únicas válidas para el desarrollo de una identidad compleja y diversa. Existen muchas formas legítimas de vivir la canariedad  –por ejemplo, acercarse a la literatura y a las artes creadas en el archipiélago, estudiar su pasado aborigen o defender su naturaleza de la destrucción organizada por las fuerzas políticas y económicas– más allá de unos trajes de confusa historicidad que no todos los canarios y canarias pueden permitirse. Y en cualquier caso me parece que en las cuestiones identitarias, sometidas a innúmeros debates y mutaciones, siempre debería guardarse un sano relativismo.

lunes, 4 de agosto de 2025

Haagenti o el oro secreto

El demonio Haagenti, representado
en el “Tarot oculto” de Travis McHenry.

Haagenti,
alado toro
que dirige la metamorfosis,
copa de lúcidos metales,
agua que muta a vino,
sé que bulles
como un eco de fuentes
en el hondo túnel de mi pecho,
como un rayo de magma
que busca salida.

Sombras de plomo rugen,
alborotan,
aúllan a través de mi lengua.
No cargas oro,
sino un corazón desnudo
que late en hojarasca,
lingotes de un metal imposible
que nadie conoce,
que nadie nombra.

Haagenti,
suavísimo cauterio,
convierte mis heridas en letras
y mis temores en lámparas
que iluminen el arrojo.
Si cuerpo y alma se disuelven
para coagularse,
todo gira
según las arcanas leyes del canto.

Veo cómo se rompen los muros,
cómo un sol se convierte en olas,
cómo un océano pare espigas.
Y en el centro de todo
tú muges,
no con el mandato
ni con el trueno,
sino con un susurro:
“Nada permanece.
Todo canta.
La transmutación de la sangre
mana ríos de luces infinitas”.

Nota del autor: en “La clavícula de Salomón”, Haagenti es un poderoso presidente del infierno, que aparece en forma de toro alado y puede convertirse en una figura humana a petición del mago. Enseña los misterios de la alquimia, como la conversión de los metales en oro y del agua en vino, pero, más allá de la metáfora alquímica, se lo considera como un espíritu que guía al mago a través de procesos de cambio profundo, ayudándolo a romper con antiguos hábitos y esquemas de pensamiento para renovarse a sí mismo.

jueves, 31 de julio de 2025

El niño harto de la crónica negra

“Niño con paloma” (1901), óleo sobre lienzo de Pablo Picasso.

El niño refulgía
con estrellas en el pecho,
con luciérnagas en la cabeza,
pero sin pausa, a todas horas,
la radio se calaba de sangre,
la televisión escupía alarmas
y el periódico olía a ceniza y escombro.

Miraba lápidas y mutilados,
en vez de lunas y cometas;
reconocía calibres y cartuchos,
en vez de constelaciones.
El mundo parecía
sótano de policiales archivos;
él, ángel en espera de unicornios
en el bosque de números ensangrentados.

Los adultos,
en su bostezo maquinal e indecente,
le dijeron:
“La calle rebosa de locuras.
El mundo se va a pique.
No te fíes de nadie”.
Pero ese niño
tenía una reserva de mariposas,
ocultas en el sobretodo,
y escuchaba un susurro de geranios:
“La vida aún florece en el borde”.

No quería asustarse con los hijos
que se comían a sus padres enfermos,
o las gentes apaleadas
en algún cruce de farolas muertas,
o las ancianas caídas al horno
tras la bandeja de pollo con limones.
De noche perseguía casas volantes,
en carrera de semáforos verdes,
y balas que mutan a caramelos anisados
antes de clavarse en el destino.

Soñaba con ataúdes para misiles,
con ejércitos de golondrinas.
Pensaba como niño curioso,
pero le entregaron el miedo
como fila de tanques.
Un día apagó los televisores,
abrió todas las ventanas
y en voz alta recitó su informativo
para los tejados llenos de palomas:

“Hoy detona flores un almendro.
Nadie se muere en mis ojos.
Alumbro ciudades inocentes.
Declaro la infancia mía,
sin cámaras ni reportajes”.

martes, 29 de julio de 2025

El trino de Camio

El demonio Camio, grabado por M. Jarrault
a partir de un dibujo de Louis Le Breton,
para el “Diccionario infernal” (1863), de Jacques Colin de Plancy.

(Canto del profeta en llamas)

Camio trina,
pero no como ningún ave.
Su canto no brota de la siringe,
sino de un aleteo desencarnado.
Su voz tiene forma de enigma
que sacude y socava
las normas del tiempo moribundo.

Se diluye en clamores ancestrales,
en silbos de pájaros ignotos,
en brisas que rodean sepulturas,
y, sin embargo,
quien oye su trino
lo comprende,
quien oye su liturgia descifra
la gramática de una selva.

Camio,
presidente de las visiones,
maestro de los ecos animales,
arúspice del agua,
rige la noche con su cabeza de tordo
y en el ascua de su leve pico
sostiene los arcanos del futuro.

No resulta fácil escucharlo.
De entrada, se necesita silencio;
más tarde, la mirada recta a las honduras;
finalmente,
la conversión de la sangre en palabras.

Un solitario niño, según dicen,
oyó su música bajo un olmo.
Desde entonces dialoga con las aves
en ocultos idiomas,
en cláusulas que fulgen segundos
antes de caerse como ceniza.

Camio no da respuestas.
Da luces.
Da presagios.
Da temblores.
Y, cuando toca a sus elegidos,
hace de sus lenguas antorchas,
para que sus oráculos inunden,
como hogueras fatuas,
la tersa calígine del mundo.


Nota del autor: según el grimorio La clavícula de Salomón, Camio es un presidente del infierno que gobierna 30 legiones de demonios. Se manifiesta bajo la forma de un ave negra, como un mirlo o un tordo, aunque puede adoptar la forma de un hombre que lleva una espada en su mano, a petición del mago que lo invoca. Sus poderes consisten en interpretar los sonidos de los animales y los ruidos del agua, así como revelar el futuro con veracidad.

jueves, 24 de julio de 2025

La Santa Muerte

“Calavera catrina” (1912), grabado en metal
del artista mexicano José Guadalupe Posada.

No viene con hoz afilada,
sino con rosas marchitas en su manto
y una vela negra al pie de su esqueleto.

La llaman reina,
señora,
madre
los huérfanos del mundo,
los hijos de la sorda intemperie.

Le consagran altares en los barrios
que nunca ha pisado la justicia,
con lirios carmesíes
y copas de licores infernales.

Ella no juzga.
No inquiere motivos
cuando le piden algo.
No reclama pureza
cuando la visitan los impuros.

Abraza a criminales e inocentes,
a putas y niños,
a los hombres que surcan el desierto,
cerca de los agentes migratorios,
y a las abuelas que suspiran
sujetando los rosarios mudos.

Ella no olvida nunca a los pobres.
No se ríe de los amantes a deshora.
No le inquietan el matiz de la sangre
ni el género que lucen
quienes ya no soportan el asignado.

La Santa Muerte,
niña clarísima de sombras,
escucha lo que Dios no sabe.
Se conmisera de los impíos.
Hace milagros con sobras del cielo.

Camina descalza,
con aureola de fuego oscuro,
con alhajas de bisutería,
con fósiles crisantemos de seda.
Su beso marca un hálito de bruma
y una paz que ningún ángel conoce.

No se llama fin,
sino umbral.
Es promesa rota,
llaga insondable,
pero también descanso y origen.

A quien la llama le responde,
con su idioma de sueños arcanos,
y a quien la busca
le regala un plácido nicho,
lejos del miedo.

domingo, 20 de julio de 2025

El galope de Orobas

El demonio Orobas, grabado por M. Jarrault
a partir de un dibujo de Louis Le Breton,
para el “Diccionario infernal” (1863), de Jacques Colin de Plancy.

(Salmo para quienes cantan sin ser escuchados)

No viene con relámpagos o clarines,
con altos himnos o pesadas oriflamas:
el galope de Orobas
produce un eco diferente.

Suena como timbal en el pecho
de los niños inventores de mundos,
cosmonautas de ninfeas,
o como genial asteroide
para los adultos negados
a hacerse máquinas ambulantes.

Orobas cruza páramos infinitos,
en que los ángeles temen
y los demonios lloran su desaliento.
Su crin fue tejida con sombra,
sus cascos hechos de niebla
y a su lomo no va ningún jinete,
sino un alma llena de preguntas.

No conoce leyes o policías
que limiten su marcha
ni cielo que le dé permiso,
pues Orobas no carga bendiciones:
trae la verdad sin penitencia,
la ternura sin precio,
como una alianza que no pide sangre,
sino miradas limpias.

Y así, cuando galopa,
despiertan los mudos,
los ausentes abren sus manos
y los ojos de muchos malditos
relucen como brasas
ante milenios de helada hipocresía.

Orobas galopa,
remitiendo las ancianas culpas.
Galopa,
mientras el ancho miedo
se resquebraja
como carnaval sin antifaces.

Quien oye su galope
nunca reza de nuevo como solía.
Tras el paso de Orobas,
el rezo no implica sumisión,
sino fuego,
carne,
discurso libre
para una lengua sin amo.

Y ahora tú, doncel o dama
que lloras a las puertas de la noche
con el estigma de los diferentes,
aguza tus oídos:
ese cajón de estrellas que silban
es el paso de Orobas.
Él está llegando,
para deshacerte de las cadenas
con la furia de su galope.

Nota del autor: en “La clavícula de Salomón”, Orobas es un poderoso príncipe del infierno que comanda 20 legiones de demonios. Se manifiesta como un caballo, pero puede tomar la forma de un hombre a petición del mago que lo invoca. Habla con veracidad, ofreciendo respuestas claras sobre el pasado, el presente y el futuro. También ayuda a conseguir favores de amigos y enemigos, concede honores y dignidades y protege de calumnias y espíritus engañosos.

sábado, 19 de julio de 2025

Bael o la noche triforme

 El demonio Bael, grabado por M. Jarrault
a partir de un dibujo de Louis Le Breton,
para el “Diccionario infernal” (1863), de Jacques Colin de Plancy.

Nadie mira su rostro sin quedarse mudo.
Nadie pronuncia su nombre sin multiplicarse.
Bael,
humo sobre un palacio quemado,
gran maestro de las divisiones,
croa como los anfibios
en el espejo negro de la mente.

Se encarna con su traje de niebla,
con su arácnida sombra.
Un día lleva máscara felina,
otro de sapo
y algunas veces,
como rey de corona pesada,
trae silencios que huelen a azufre y jacinto.
Brota de las hendijas de la percepción,
cuando se deslíen palabras como sales
y los relojes caminan hacia la izquierda.
Quien lo invoca
muda su piel antigua.
Quien lo obedece
logra moverse entre los átomos dispersos.

Bael,
criatura de la noche,
maestro de toda alquimia,
tú abres la boca
y entonas el conjuro de las apariencias.
Rey de tres almas,
tríada majestuosa de lo velado,
concédeme el arte de esconderme
sin desapariciones.
Haz de mí un susurro
que suene en las páginas blancas,
un aullido con forma de cueva,
para que lo visiten
los geólogos incautos
y al fin alcancen, como sombras,
el corazón de tu laberinto.


Nota del autor: Bael es el primero de los 72 demonios recogidos en el célebre grimorio del siglo XVII Lemegeton Clavicula Salomonis –conocido popularmente como La clavícula de Salomón–. Etimológicamente, se lo relaciona con el dios cananeo y fenicio Baal. Según la demonología, posee el rango de rey y gobierna sobre 66 legiones de demonios. Aparece con tres cabezas –una de sapo, otra de hombre y otra de gato– y pies de araña. Su principal poder consiste en hacer invisible al mago.

viernes, 4 de julio de 2025

La cerillerita incendiaria

Imagen creada con inteligencia artificial.

(Fábula sobre los poderes del fuego)

La ciudad es un tanatorio
lleno de verticales ataúdes.
Cuelgan sus luces navideñas
como vísceras de neón colorido.
Todos circulan,
sonríen,
devoran
desechos envueltos en papel de regalo.

Mientras, la niña solitaria,
la que nadie mira ni escucha,
la que merodea los rincones del miedo,
pregona cerillas
como quien vende un último poema.
Cada fósforo guarda su latido;
cada chispa, la tumba de su infancia.

Pero, cuando cae la noche,
su pregón se diluye en el viento.
No suplica monedas.
No ve ninguna abuela celeste
ni mesas rebosantes de pan blando.
Esta noche afila sus uñas.
Esta noche sabe que el frío no la mata.
La mata más bien este mundo,
que finge no verla.

Así que enciende la primera cerilla,
lanzándola a una sucursal bancaria
llena de cajeros automáticos.
Y los cajeros, tenebrosos,
arden como los úteros insolentes.
Los escaparates aúllan.
El aire se perfuma de queroseno.
Las cámaras la graban,
pero nunca dirán su nombre.

¿Terrorista?
¿Loca?
¿Santa?
¿Fuego de pies alados?
Ella se ríe.
Le falta un diente.
Le sobra futuro.

Saca la segunda cerilla.
La prende en la cartelería del banco:
“Disfruta de las nuevas hipotecas”.
Danza ahora sin orden
tras la sonrisa del incendio,
con su abrigo ondulante en lo oscuro
como oriflama de piratas.

Las cerillas no caldean.
Son evangelios invertidos,
mínimas profecías
que desatan detonaciones.
Cada cerilla, sin lamentos,
arde en colegios de servidumbres,
en iglesias de culpas,
en casas de las que fue desahuciada.

“¿Por qué lo haces?”,
un policía ruge entre el humo,
con el índice en el gatillo de su pistola.
Pero la niña se defiende
con la tercera y última cerilla,
clavándosela de golpe en sus ojos.
Y le responde:
“Porque el mundo que me niega su abrazo
merece consumirse”.

Y entre el humo se da a la fuga,
dejando su advertencia
marcada con cenizas en las paredes:
“Arden así las niñas que no piden permiso
para quedarse en el mundo”.

Y a raíz de esa noche,
dentro de las urbes elegiacas,
algunas veces,
cuando la farsa navideña aturde
con luces ilusorias,
un alma díscola prende una cerilla
y al momento se ríe.

jueves, 3 de julio de 2025

Beleth o la cabalgata alucinada

El demonio Beleth, según el Tarot oculto
de Travis McHenry. Fuente: Wikipedia

Cabalgas en la demente llanura,
velado con esotérico fuego,
cuando cien altísimos clarines
anuncian tu fama bajo la pálida noche.

Tus caballos no galopan:
arden.
Tus ojos no miran:
horadan.
Tu boca no dice:
conjura.

Beleth,
huyen de ti los arcángeles muertos
y los sabios que nunca han temblado.
Tú llegas con la fiebre y el aroma
de quien desconoce el reposo.

No te bastan almas:
quieres aullidos imposibles,
un espasmo de cuerpos fluviales
como incienso bajo las tormentas.

Haces en toda piel un manuscrito.
Lanzas oráculos en alcobas insomnes,
en lenguas para amantes ocultos,
en heridas que supuran vino dulce
como libación disoluta.

Monarca del vértigo,
pon rosas en la boca del caos,
himnos en la carne estremecida,
clamores jubilosos en las frentes,
ahora que el vacío cosmos arde
pero no se consume.

Beleth,
guíame entre sombras.
Enséñame cómo se danza,
con los ojos envueltos en sedas,
entre el abismo y la apoteosis.

Nota del autor: Según "La clavícula de Salomón", Beleth es un poderoso rey del infierno que gobierna 85 legiones de demonios. Se aparece montado sobre un caballo pálido, precedido por una comitiva de músicos y trompetas. Su especialidad consiste en despertar el amor entre las personas, por lo cual se le invoca en conjuros relacionados con el deseo y la atracción.

miércoles, 2 de julio de 2025

La cigarra y la hormiga

Ilustración: “La cigarra y la hormiga”, grabado
en cobre de Jean-Baptiste Oudry para
las “Fábulas” de Jean de La Fontaine (1755).

“Yo trabajo sin pausas
en la tórrida blancura del estío
—se jactaba la dócil hormiga—,
para no quedarme sin provisiones.
El depósito del hormiguero
siempre me salvará de congelarme”.

“Yo canto —declaró la cigarra—
para que el mundo no sea tumba.
¿Quién alimentará de estrellas
ahí tu leve corazón, hormiga afanosa,
cuando las noches del invierno
se parezcan a la muerte del cosmos?”

No le respondió la cabal hormiga.
Pero más tarde miró su depósito, firme,
con el áspero ceño de los intachables,
y un escalofrío
la atravesó nada más darse cuenta
de que faltaba música bajo los granos.

jueves, 26 de junio de 2025

Macarena

La imagen de la Esperanza Macarena, antes y después
de su polémica restauración. Fuente: Eldiario.es

Mientras la Macarena, con legañas
de cansancio mortal, se desmaquilla,
claman los fieles ante su capilla
y en cólera sacuden las Españas.

Pero nadie conmueve sus entrañas
con el mundo, sombría alcantarilla.
¡Como Gaza un misil, teme Sevilla
que un ídolo se cambie de pestañas!

Da soltura a tus rígidos cabellos
y a tu cara alegría, Macarena.
¡Tu luto se merece cosa buena!

Limpia de moratones y destellos,
mata a la chusma lóbrega de pena...
¡Libérate de infames atropellos!

viernes, 20 de junio de 2025

Flamboyanes

Flamboyanes en Santa Cruz de Tenerife. Foto: Ramiro Rosón

Los flamboyanes, como dulce herida,
cantan el himno rojo de la vida,
gritando loas a un oculto dios.
Arden crecidos, en inerme hueste,
y acicalan sus frondas entre dos
azules: oceánico y celeste.

Ramilletes de globos carmesíes,
piden alas de intrépidos neblíes
para hundirse en alturas atmosféricas.
A la nítida sombra de este cielo,
sus raíces, ingentes y quiméricas,
anhelan desatarse en alto vuelo.

Miro de cerca su canción a coro
y en música de fuego los adoro,
como viento de márgenes marítimas.
Y así mi condición de loco humano
solo quiere, con ansias ilegítimas,
hacerme flamboyán este verano.

martes, 17 de junio de 2025

Carne de cañón

Cañón de la época de la revolución inglesa (siglo XVII), conservado
y expuesto en un museo militar de Budapest. Fuente: Wikipedia

Oiga, póngame usted una ración
de esa carne de cañón
al chilindrón
–.
(Javier Krahe)

La carne de cañón, salpimentada,
se hierve en cacerolas de injusticia,
pues le da a quien la come troceada
mortal hambre de caos y codicia.

Nunca falta la boca desalmada
que la juzga satánica delicia,
pues en guerra total, acribillada,
parece mucho más alimenticia.

Carniceros indómitos la fríen:
¿habrá acaso cuchillas que vacíen
sus nucas en patíbulos, aviesas?

Al fin, si tanta bomba arrasa todo,
si la historia se cuece de tal modo,
no quedarán carnívoros ni presas.

viernes, 13 de junio de 2025

Duramente frágil

Violeta del Teide. Foto: CanariWiki

Como violeta
sobre lava resisto.
Y en este mundo,
terremoto incesante,
lo frágil me sostiene.

jueves, 12 de junio de 2025

Los zapatos rojos

Acuarela sobre papel de la ilustradora inglesa Honor Charlotte Appleton (1879-1951), para una edición de 1920 del cuento de Hans Christian Andersen Los zapatos rojos.

(Versión herética del cuento en forma de baile prohibido)

A aquella niña le pusieron todos
el sambenito de mala.
No juntaba sus manos en la misa
ni sus piernas al paso del cura.
Sus tobillos tenían légamo blanco;
su corazón quemaba como rosa fresca.

Se paseaba la basílica solo
para bañarse con fuego de vitrales.
Pisaba su colegio
no para aprenderse ningún libro,
sino lo que susurraban las otras.
Y en su casa tan solo dormía
las noches de luna sanguinolenta.

Una tarde miró unos zapatos,
rojos como un grito de vestal impura,
rojos como un beso de puta sabia,
rojos como un vino de fonda celeste.
Le dijeron que nadie se los ponía,
que las ménades visten de sangre,
que su tacón es un anzuelo para lobos,
que sus pasos conducen al infierno.

Pero olvidó sus temores
y se los puso.
Y anduvo con ellos, alegre,
taconeando sobre los adoquines,
aunque fuesen artículos de brujas
quemadas con sus mantones violetas.
Y bailó con suelas impías
ante la insumisa borrasca,
sobre lápidas y cenotafios,
bajo huracanes de incienso.
Bailó como si rompiese el mundo
con la música de su vientre.

Los curas la llamaban poseída.
Las viejas comentaron que el demonio
le enseñaba saltos de circo.
Sus padres la arrojaron de su casa,
con lágrimas y bofetones,
y sus vecinos la pensaron demente,
salvaje, peligrosa.

Nunca detenía su baile,
pues a cada azote daba giros;
a cada mofa, taconeos;
a cada maldición, volatines.
Y los zapatos rojos
la llevaron hasta los ásperos montes,
hasta los encinares ocultos,
hasta las cuevas en que los pasos arden
y las palabras aparecen desnudas.

Allá arriba, descalza,
tiró los zapatos
y decidió tejerse una corona
con laureles de pitonisas.
Pero continuó su baile rojo,
no como forma de castigo,
sino de júbilo,
pues la carne danzante
desata un alma revoltosa
que niega su destino de jaula.

jueves, 5 de junio de 2025

Aparición de fusiles en el sueño del indigente

Artefacto de paz, de Manolo Millares (1964). Escultura creada
por el artista grancanario como contestación a la propaganda
franquista de los “veinticinco años de paz”.

(Para el día de las fuerzas armadas)

Bajo un azul de heridas abiertas,
marcando un océano de luto,
la centuria pasa con alas de sangre.
Tambores de piel huérfana rugen
a los tímpanos de un volcán sordo.
Se vende el país del espejismo
con oficinas para muertos alistados,
ahora que sueña
plátanos maduros el indigente
y una mosca lame sus pies enfermos.

Cada cañón es un oboe de plomo;
cada bandera, un rótulo de ceniza.
Las palomas pican basura,
los atunes lloran ahítos de queroseno
y un sol rezumante de lava,
con su desértico uniforme,
dispara sobre tejados y azoteas
el mandato más tenebroso.
Nadie espera ni cuida
las insurgentes amapolas.

Pero las grietas del asfalto
dan azucenas con dientes de niños
y un eco de sal insinúa
que el silencio de los panteones
decora los motivos del crimen;
que los muertos aún sollozan
y se quejan de traumas eternos,
de mutilaciones malditas,
de balas incrustadas en su carne.

lunes, 2 de junio de 2025

Aranfaibo o la lluvia

Cochino negro canario. Fuente: Wikipedia

Aranfaibo,
puerco de turmalina
que incendia los espejos del agua,
mastica sombras lunares
que se escurren de un volcán difunto.

Sus patas forman pilares de la noche;
su hocico, dos grutas marinas.
En su lomo crecen helechos
que recuerdan, goteando bruma,
los conjuros de tribus inermes.

Un sacerdote deposita a su lado
collares de conchas,
pues Aranfaibo gruñe en espirales:
“No soy ángel o monstruo,
sino locura del hambre que danza”.

Lame su pellejo un sol desnudo,
con lengua de basalto,
y el áspero silencio
lo cubre con su manto de mariposas.
Cuando nacen arrugas en los campos
y el escogido pisa
la gruta de las invocaciones,
Aranfaibo desata alisios,
muerde meteoros de tobas
y pronuncia gritos de manantiales.

Aranfaibo,
rey de soles y lunas,
tu grasa tiene la memoria de los diluvios;
tus ojos, el día que maduran los trigos.
Con ramas de sabinas arqueadas,
aún trazan los niños bimbaches
tu efigie en cálidas arenas,
en ceniza de prístinos lagartos.


Nota del autor: en la mitología de los bimbaches, primeros pobladores de la isla de El Hierro, Aranfaibo era un cerdo sagrado que intercedía con los dioses del cielo para atraer la lluvia en tiempos de sequía. Según relata Juan de Abreu Galindo –seudónimo del historiador y poeta Gonzalo Argote de Molina–, los bimbaches criaban un cerdo en una gruta y lo sacaban en procesión para invocar la lluvia.

domingo, 1 de junio de 2025

Chaxiraxi no se arrodilla

Óleo sobre lienzo anónimo, datado hacia 1750,
que representa la aparición milagrosa de la imagen
de la virgen de Candelaria ante los guanches.
Ermita de la virgen de las Angustias (Icod de Los Vinos, Tenerife).

Chaxiraxi vino del Teide
como las antiguas madres,
con senos de espuma,
piel de basalto
y una ráfaga de sol en sus ojos.

No venía de cielos ausentes.
No cargaba rosarios ni querubines.
Emergía de los cráteres abiertos
en flores de magma caudaloso.
Pronunciaba conjuros
que el obispo y el adelantado
creyeron hechos en lengua demoniaca.

Chaxiraxi,
reina fecunda,
señora de las támaras dulces,
era la que saludaban los pastores
mientras el Teide emitía susurros
en idioma aborigen.
Era la que no temía al fuego,
la que danzaba pisando las arenas,
la que encendía su nombre en los barrancos.

Un día, sin permiso,
la despojaron de su piel de cabra,
forzándola a vestirse con ropas
de virgen obediente.
Le impusieron collares de perlas
y cadenas de fútil oro,
lavaron su lengua con latines
y la bautizaron María.
Pero sus últimos hijos,
los que sabían su callada historia,
no dejaron de verla negra,
descalza,
con sus abiertas manos,
con ceniza del Teide en su cabello,
con su lengua rota de siglos
y su ternura incansable.

Chaxiraxi no se arrodilla.
Se declara madre sin esposo,
diosa sin culto,
reina sin corona.
Se aparece en las noches
a las impúdicas niñas,
a las inconfesables mujeres,
a quienes bailan con torcidos pasos,
a quienes rezan ocultas oraciones.

Y les dice en secreto:
“Yo soy la paloma salvaje.
La negra. La africana.
La que no desea capillas.
La que sangra con ustedes.
La que los ama a todos.
La que no se irá nunca”.


Nota del autor: Chaxiraxi era el nombre que los guanches, primeros pobladores de Tenerife, daban a una diosa vinculada a la fertilidad y a la que creían madre del sol. Tras la conquista de Canarias en el siglo XV, los colonizadores hispánicos identificaron esta figura con la virgen María, a través de la advocación de la virgen de Candelaria, y borraron parcialmente la identidad originaria de la diosa Chaxiraxi. Hoy en día, a la virgen negra de Candelaria se la considera patrona del archipiélago canario, pero su veneración oculta una herencia indígena a menudo silenciada.

domingo, 25 de mayo de 2025

Jacaranda

Jacarandas en el parque La Granja (Santa Cruz de Tenerife).
Foto: Ramiro Rosón

Cárdena tempestad inofensiva,
la jacaranda bulle en primavera
con espuma de flores, tan altiva
que sueña con el ave pasajera.

Como pulsión de vida recursiva,
como risa de plata se libera,
luciendo su atavío, sugestiva
danzante de comparsa brasilera.

Poco duran sus flores: arrojadas,
amontonan alfombras delicadas
y al césped hacen de mortal adorno.

Pero sus leves pétalos en vuelo
forman espejos del tardío cielo
que, mudos, anticipan su retorno.

domingo, 18 de mayo de 2025

Salmo del niño que rompió su fusil

Imagen generada con inteligencia artificial.

Mis labios mutan a claveles atascando cañones;
mis ojos, a valles marcados con banderas blancas.

Dios ausente del infierno prometido,
¿por qué me llamas a disparar misiles?
¿No sabes que he nacido para la cría de palomas,
y no para cubrirme de sangre en el nombre de la inútil estrella?

Rehúso los óleos consagrados en casamatas,
el incienso que sube de los tanques,
el himno que llama victorias a las mutilaciones.

Bendita sea mi desobediencia,
benditos los perjuros que socavan promesas de sangre,
benditos los pasos que dejan las filas y corren hacia la seca luna.

Sueño con jardines en que las balas paren crisantemos,
en que los niños calzan babuchas de estrellas,
en que soldados amigos disparan besos ocultos.

Maldita sea la cuchilla del sacrificio,
malditas las escrituras de la pólvora y el miedo,
maldito más aún el dios que inventó los uniformes.

Mi alabanza aúlla perforando los cuarteles,
mis oraciones funden proyectiles de lágrimas y lodo
que imaginan otros mundos.

Cantaré en el hambre de los enfermos,
cantaré bajo la metralla como los desposeídos labradores,
cantaré para que mi voz arrase las máscaras de los ángeles armados.

Y tú, nube pasajera,
sombra que ronda los olivares,
aliento frío que nace de todas las bajas,
lánzame como piedra sobre el imperio de la muerte.

Que sea santa mi traición,
que se evaporen mis datos del ministerio de las tumbas,
que florezcan los desertores en las ruinas.

sábado, 17 de mayo de 2025

Los perros negros de la aurora isleña

Ilustración representativa de un tibicena, de autor desconocido.

(Canto a Jucancha, los tibicenas e Iruene)

Los perros que guardan volcanes
jamás tuvieron amo ni fortuna:
sus lenguas de basalto
lamen el sueño telúrico del gofio.

Su pelaje viene de coladas negras,
del océano pletórico de fosas,
y corretean sobre mares de nubes
como insólitos hijos
de padres infernales que nunca duermen.

Jucancha,
cancerbero de una sola cabeza,
llora con lágrimas de piroclastos
y el Teide le responde,
con fonolitas agudas
que repican los nombres ancestrales,
en tintineos de mensajes ocultos.

Los tibicenas,
lobos hechos de fumarolas,
merodean caminos de las cumbres,
muerden a quien se ríe de sus aullidos
y escupen ceniza con sus molares,
con el hondo silencio que susurra
voces de muertos.

Iruene, la sombra ligera
que salta los barrancos de La Palma,
can de truenos y alisios,
olfatea las manos de los durmientes
y tatúa sobre sus carnes
un relámpago oscuro.

Y al fin, cuando caen las noches,
una madre paciente los llama a todos
a su cálido regazo,
cubierto de támaras maduras,
y entonces ellos
–Jucancha, los tibicenas e Iruene–
comen sus pies de lava,
le traen sangre y endechas,
le presentan la lluvia caudalosa.

¿Quién dirá sus nombres
cuando florezca la tarde como llaga?
¿Quién hilará sus fantasmas bajo pinares?

Los perros negros habitan
las arterias del sueño,
las bocas de los amantes del abismo.
Son hijos atávicos del magma.
Son pavesas de soles creados
en algún útero de piedra.


Nota del autor: En la mitología guanche, se conocía como Jucancha a un espíritu que se encarnaba en un perro negro de aspecto amenazante, hijo del demonio Guayota y entidad protectora de los canes aborígenes. Los tibicenas, por su parte, eran criaturas mitológicas de apariencia similar a grandes perros o lobos negros, que emergían del subsuelo para castigar a los hombres impíos o para custodiar lugares sagrados. Habitaban las grutas y barrancos de Gran Canaria y se les temía como seres ligados a la noche, el misterio y la muerte. Iruene era un ser mitológico originario de La Palma, también descrito como un perro negro espectral que vigilaba los sueños y anunciaba calamidades.

viernes, 16 de mayo de 2025

El corazón de Gremory

La diablesa Gremory, grabada por M. Jarrault
a partir de un dibujo de Louis Le Breton,
para el Diccionario infernal (1863), de Jacques Colin de Plancy.
Fuente: Wikipedia

Nadie conoce el corazón de Gremory.
Dicen que reposa dentro
de un cofre de plata,
bajo un lago donde mueren los astros.
Late siempre que una doncella
se desnuda a solas en su alcoba,
confirmando su brillo con el espejo.

Tiene forma de rosa invertida,
con espinas que susurran conjuros
a quienes osan acariciarlo.
Su sangre, más que roja,
luce como vino casi negro,
perfumado con ecos de lujuria.

Gremory no ama —dicen—,
pero su corazón recuerda.
Recuerda cada virgen confusa,
cada príncipe destronado,
cada mazo de tarot nebuloso
que sus manos agitan.
Recuerda los pasos de su camello
sobre las dunas de siglos incontables.

Un ángel quiso tocarlo una vez,
una sola,
y enseguida lloró con lava,
pues el corazón de Gremory
parece tan hermoso
como el rostro de un joven dios
maquillado con cenizas.

A veces,
un demonio lo saca de su escondite
y escucha su latido
como una caja de música maldita,
donde suenan
risas de monjas inobedientes
y suspiros de monjes caídos
al pozo de los amoríos mortales.

Algún día quizás una poeta,
niña prohibida,
robe el corazón de Gremory;
no para quedárselo como trofeo,
sino para que un arrullo de sangre
le dicte libros que sacudan
las catedrales y palacios del mundo.

Y ese día
todos verán cómo llora Gremory.
Y de su llanto nacerán palomas,
chapines carmesíes
y salmos de gloria profana.



Nota del autor: según La clavícula de Salomón, célebre texto sobre magia del siglo XVII, Gremory es una poderosa duquesa del infierno, aunque a veces se la clasifica como duque. Gobierna sobre 26 legiones de demonios. Aparece como una hermosa mujer montada sobre un camello. Sus poderes consisten en descubrir objetos y tesoros ocultos, revelar el pasado, el presente y el futuro y despertar el amor entre las personas.

domingo, 4 de mayo de 2025

Letanía de La Goulue

Cartel promocional para las actuaciones de La Goulue en el Moulin Rouge,
dibujado por Henri de Toulouse-Lautrec (1891). Fuente: Wikipedia

(Salmodia profana para la gran estrella del cabaret parisino)

Sacerdotisa de la pierna alzada,
¡baila para nosotros!

Reina de los oceánicos faldones,
¡acarícianos en tu oleaje!

Campana de carne que estremece el abismo,
¡conviértenos en sismógrafos tuyos!

Cometa veloz entre dos siglos de locos,
¡agítanos en trombas marinas!

Lengua de lava que surge del cabaret estrellado,
¡préndenos la boca de locuras!

Anémona de las noches blancas,
¡aspíranos hacia tus raíces!

Espejo que disuelve máscaras diurnas,
¡enloquécenos con fulgores carnales!

Ebria alondra que gorjea sobre sepulcros,
¡libéranos de tedios y letargos!

Hada callejera de los teatros hundidos,
¡aliméntanos de polvo de estrellas!

Coreógrafa de bailes indecentes,
¡anéganos en carcajadas!

Sirena de las estaciones de metro,
¡sedúcenos ante la verja del manicomio!

Paradisiaco infierno de suelas rotas,
¡guíanos con tacones alados!

Oráculo de cuerpos lujuriosos,
¡anuncia la monarquía de las bacantes!

Virgen del escándalo regado con vino,
¡sálvanos en el corazón de las copas!

Mano que mueve el mundo como los crótalos ardientes,
¡no dejes que se termine la danza!

Mariposa caída sobre un charco de absenta,
¡reconócenos como tus fieles malditos!

Airosa Goulue, maestra del pecado,
¡ruega por nosotros, fugitivos del tedio!
Ruega por nosotros,
mófate de nosotros,
baila para nosotros,
arrástranos,
bébenos,
destrúyenos a todos
en huracán de noches parisinas.

Amén…
y que el sagrado cancán jamás acabe.


Nota del autor: La Goulue (nombre artístico de Louise Weber, 1866–1929) fue una famosa bailarina francesa del cabaret Moulin Rouge, que se convirtió en un símbolo de París durante la Belle Époque. Se hizo célebre por popularizar el cancán con su estilo provocador, su carisma escénico y sus actitudes transgresoras. Fue retratada en varias ocasiones por el pintor Henri de Toulouse-Lautrec. Su apodo, que significa “la glotona” en francés, alude a su hábito de beberse las copas de los clientes durante sus actuaciones.

sábado, 3 de mayo de 2025

El canto de Stolas

Ilustración: el demonio Stolas, grabado por M. Jarrault
a partir de un dibujo de Louis Le Breton,
para el Diccionario infernal (1863), de Jacques Colin de Plancy.

(Para quien sueña con aprender lo innombrable)

Canta, dulce Stolas,
bajo la cúpula de los relojes parados,
en la que el tiempo se hace fantasma
que gira como un planeta ciego.

Canta,
búho de plumas antiguas,
dueño de las horas tenebrosas,
príncipe de lo que no tuvo jamás academias
pero inflama la sangre de sabios perdidos.

Tu canto no suena:
se siente
en las médulas de quienes callan
y escriben bajo la noche
como si lo hicieran sobre espuma.

Tu voz emerge en espirales:
nace como las galaxias
y rodea con sus nebulosas
a quienes miran la traslúcida piel de este mundo.

Hablas de piedras que sanan corazones,
de hierbas que susurran a los huesos,
de cielos que guardan
más que estrellas:
mensajes,
puertas,
vínculos,
cicatrices.

En cada pluma tuya
duermen constelaciones,
y tu corona luce con alfabetos
de lenguas todavía no creadas.

Los niños te imaginan
cuando se despiertan a medianoche,
notando que un ángel caído los observa
con la ternura del cuarzo.

Los enajenados te siguen
cuando se lanzan a la escritura
sin saber si practican magia negra,
con la fe de que no les mientes.

Los poetas,
insólitos hijos tuyos,
escuchan tu silbo desde la copa del sauce
del que se cuelga la sabiduría sin amos,
y responden con versos
que nadie comprende,
pero se estremecen todos al oírlos.

Stolas, alto búho,
tú adoras posarte en las calaveras
de las brujas que perseguían
saberes en tiempos de sombra.

Canta,
y que así tu canto me desvele
sin destruirme.
Canta,
y que mi ignorancia acabe
como incienso que perfuma
los códices del abismo.

Canta,
y que al fin de tu vuelo sigiloso
quede solo tu verdad imposible.


Nota del autor: según el conocido grimorio La clavícula de Salomón, Stolas es un príncipe del infierno que gobierna 26 legiones de demonios. Se aparece como un gran búho, aunque puede tomar forma humana a petición del mago que lo invoca. Sus poderes consisten en enseñar astronomía y las propiedades curativas y mágicas de las plantas, las piedras y los metales.

miércoles, 23 de abril de 2025

Ha muerto un hombre

Una comitiva funeraria carga el ataúd
con los restos mortales del papa Francisco. Fuente: Wikipedia

(En la muerte del papa Francisco)

Ha muerto un hombre. Si la densa trama
de la física aún custodia arcanos,
lo más ignoto danza con sus manos
y su fatal suspiro, tensa llama.

Dios anda ausente del triforme drama
de hebreos, musulmanes y cristianos.
Todo libro de fe recoge humanos
colores de una luz que en sombras clama.

Justo fue el hombre. Sus pupilas muertas
ya saben de esa luz. Roma y el mundo
se visten de crespones funerales.

Otro vendrá. Son épocas inciertas.
Un cónclave se teje en lo profundo,
con susurros de ciegos cardenales.

miércoles, 12 de marzo de 2025

Trumpismo

Portada del número 6 de la revista de actualidad
alemana Der Spiegel (4 de febrero de 2017). Fuente: 20minutos.es

(Habla un fanático trumpista)

¡Salve, Trump! ¡Haz América de nuevo
magnífica, barriendo mexicanos
a golpe de fusil, y en soberanos
conviértenos del mundo, tú, relevo

de Mussolini, cabezón de huevo;
paséate sin límites y danos,
con bulos de sicópatas ufanos,
las penas y castigos del erebo.

Condúcenos a Marte en locos gritos,
pues allí matarás a marcianitos,
echando sus cadáveres al barro.

Solo quisiera verlo, pues ni un duro
me queda para médico seguro
y así puede matarme un vil catarro.