la jacaranda bulle en primavera
con espuma de flores, tan altiva
que sueña con el ave pasajera.
Como pulsión de vida recursiva,
como risa de plata se libera,
luciendo su atavío, sugestiva
danzante de comparsa brasilera.
Poco duran sus flores: arrojadas,
amontonan alfombras delicadas
y al césped hacen de mortal adorno.
Pero sus leves pétalos en vuelo
forman espejos del tardío cielo
que, mudos, anticipan su retorno.

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