Los perros que guardan volcanes
jamás tuvieron amo ni fortuna:
sus lenguas de basalto
lamen el sueño telúrico del gofio.
Su pelaje viene de coladas negras,
del océano pletórico de fosas,
y corretean sobre mares de nubes
como insólitos hijos
de padres infernales que nunca duermen.
Jucancha,
cancerbero de una sola cabeza,
llora con lágrimas de piroclastos
y el Teide le responde,
con fonolitas agudas
que repican los nombres ancestrales,
en tintineos de mensajes ocultos.
Los tibicenas,
lobos hechos de fumarolas,
merodean caminos de las cumbres,
muerden a quien se ríe de sus aullidos
y escupen ceniza con sus molares,
con el hondo silencio que susurra
voces de muertos.
Iruene, la sombra ligera
que salta los barrancos de La Palma,
can de truenos y alisios,
olfatea las manos de los durmientes
y tatúa sobre sus carnes
un relámpago oscuro.
Y al fin, cuando caen las noches,
una madre paciente los llama a todos
a su cálido regazo,
cubierto de támaras maduras,
y entonces ellos
–Jucancha, los tibicenas e Iruene–
comen sus pies de lava,
le traen sangre y endechas,
le presentan la lluvia caudalosa.
¿Quién dirá sus nombres
cuando florezca la tarde como llaga?
¿Quién hilará sus fantasmas bajo pinares?
Los perros negros habitan
las arterias del sueño,
las bocas de los amantes del abismo.
Son hijos atávicos del magma.
Son pavesas de soles creados
en algún útero de piedra.
Nota del autor: En la mitología guanche, se conocía como Jucancha a un espíritu que se encarnaba en un perro negro de aspecto amenazante, hijo del demonio Guayota y entidad protectora de los canes aborígenes. Los tibicenas, por su parte, eran criaturas mitológicas de apariencia similar a grandes perros o lobos negros, que emergían del subsuelo para castigar a los hombres impíos o para custodiar lugares sagrados. Habitaban las grutas y barrancos de Gran Canaria y se les temía como seres ligados a la noche, el misterio y la muerte. Iruene era un ser mitológico originario de La Palma, también descrito como un perro negro espectral que vigilaba los sueños y anunciaba calamidades.

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