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viernes, 27 de marzo de 2026

La penúltima copa

El bebedor de absenta (1901). Óleo sobre lienzo de Viktor Oliva.
Fuente: Wikipedia.

Eche, amigo, nomás, écheme y llene
hasta el borde la copa de champán:
dejaré que el sedoso tafetán
de esta noche desierta me enajene;

que, si un alma gentil a mí no viene,
consumiré las horas que se van,
con el hastío negro de Satán
y sin arcángel que mi llanto frene.

Los quebrados altares de la farra
no me consuelan. Que mi boca aloje
su cansino lamento de guitarra,

pues a mi larga pena alicaída,
más ancha que el océano, la acoge
la penúltima copa de mi vida.

miércoles, 18 de marzo de 2026

La tarde

Acantilados y veleros en Pourville (1882). Óleo sobre lienzo
de Claude Monet. Fuente: Meisterdrucke

La tarde se desliza,
como tenue velero,
sobre el agua calmante
del océano fresco;

blanquísimas gaviotas
ensayan su aleteo,
como velas izadas
en espumas de viento;

y a solas me repito,
despojado barquero:
“¿qué soy en tierra firme,
sino buque desierto?”

jueves, 12 de marzo de 2026

Úrsula

Caricatura de Ursula von der Leyen, creada
por el artista gráfico francés Kiro. Fuente: Le Canard enchainé

(De cuando Ursula von der Leyen afirmó, en plena guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, que Europa no podía “confiar en el sistema basado en reglas como la única forma de defender sus intereses” y luego rectificó sus palabras a instancia de António Costa)

Úrsula, santa abadesa
de la comisión bendita,
si el yanqui lo solicita,
mutas en archidiablesa,
pues a tu afán le interesa
más que el europeo suelo
Trump, amargo Maquiavelo
que fomenta, desbocado,
su loca razón de Estado
con su tiránico celo.

Confiesa de qué manera,
bajo cuerda americana,
pasaste, monja fulana,
de ursulina a trapacera
con ínfulas de guerrera.
No vistas de legionario,
pues ha sido necesario
que limara Antonio Costa
de tus fauces de mangosta
lo temido y temerario.

¿Qué no dirías, ufana,
si ese gallo portugués
no le parase los pies
a una aguilucha germana?
Ciñéndote la canana,
gran Úrsula, sé valiente:
marcha hasta Irán y su frente,
sierva de los millonarios,
dispara con dos ovarios
y que un misil te reviente.

martes, 10 de marzo de 2026

La canción de Vepar

El demonio Vepar, representado
en el “Tarot oculto” de Travis McHenry.

Vepar entona,
con su laringe de fosas y taludes,
una música nacida sin labios,
hermana de vorágines y tifones.
Duerme en el trono de las aguas,
pero mece los buques del mundo
como quien arrulla lápidas navegantes.

Esa voz no se escucha,
sino que se intuye,
como un silbo de sangre seca
minutos antes de un hachazo,
como una lágrima furtiva
que se diluye en tersa marejada.

Rompe el aire tan leve
como precisa,
como un relámpago de hielo
sobre el corazón de las nubes,
como las gaviotas mensajeras
del eco de los huracanes.

A su paso,
los mástiles aúllan de miedo,
las brújulas musitan oraciones
y los peces la siguen,
como famélicos hijos
de una madre pasmosa
que los alimenta de ruinas.

Vepar no sabe
si es demonio o sirena.
Surgió como un deseo
con hambre de cielos arcanos,
al compás de los ángeles cadentes.
Y cayó sobre el piano de las olas,
olas que dan eterno olvido
y arrastran el silencio,
sin que nada pregunten a nadie.

Cada tormenta
silba su historia
para los que respiran a su lado.
Su boca no ofrece consuelo,
sino su abanico de espumas
hasta la caricia de la muerte.

De todas formas,
Vepar no destruye:
solo recoge.
Se lleva a los alicaídos,
a los hermosos,
a los que se creyeron aves
y despertaron envueltos en escamas.

Y si en la noche,
sobre el malecón del puerto,
sobre el piso de la bañera,
sientes un arrullo lejano
con aroma de mares antiguas
y sal de infancia,
no respondas.

O responde,
pero diles adiós a las arenas
para hundirte en el eco del abismo.


Nota del autor: En el famoso grimorio “La clavícula de Salomón”, Vepar es una duquesa del infierno que manda sobre 29 legiones de demonios. Se la representa como una sirena con cola de pez. Posee el dominio del mar y los vientos y puede guiar navíos de guerra cargados con armas, a petición del mago que la invoca.