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jueves, 31 de julio de 2025

El niño harto de la crónica negra

“Niño con paloma” (1901), óleo sobre lienzo de Pablo Picasso.

El niño refulgía
con estrellas en el pecho,
con luciérnagas en la cabeza,
pero sin pausa, a todas horas,
la radio se calaba de sangre,
la televisión escupía alarmas
y el periódico olía a ceniza y escombro.

Miraba lápidas y mutilados,
en vez de lunas y cometas;
reconocía calibres y cartuchos,
en vez de constelaciones.
El mundo parecía
sótano de policiales archivos;
él, ángel en espera de unicornios
en el bosque de números ensangrentados.

Los adultos,
en su bostezo maquinal e indecente,
le dijeron:
“La calle rebosa de locuras.
El mundo se va a pique.
No te fíes de nadie”.
Pero ese niño
tenía una reserva de mariposas,
ocultas en el sobretodo,
y escuchaba un susurro de geranios:
“La vida aún florece en el borde”.

No quería asustarse con los hijos
que se comían a sus padres enfermos,
o las gentes apaleadas
en algún cruce de farolas muertas,
o las ancianas caídas al horno
tras la bandeja de pollo con limones.
De noche perseguía casas volantes,
en carrera de semáforos verdes,
y balas que mutan a caramelos anisados
antes de clavarse en el destino.

Soñaba con ataúdes para misiles,
con ejércitos de golondrinas.
Pensaba como niño curioso,
pero le entregaron el miedo
como fila de tanques.
Un día apagó los televisores,
abrió todas las ventanas
y en voz alta recitó su informativo
para los tejados llenos de palomas:

“Hoy detona flores un almendro.
Nadie se muere en mis ojos.
Alumbro ciudades inocentes.
Declaro la infancia mía,
sin cámaras ni reportajes”.

martes, 29 de julio de 2025

El trino de Camio

El demonio Camio, grabado por M. Jarrault
a partir de un dibujo de Louis Le Breton,
para el “Diccionario infernal” (1863), de Jacques Colin de Plancy.

(Canto del profeta en llamas)

Camio trina,
pero no como ningún ave.
Su canto no brota de la siringe,
sino de un aleteo desencarnado.
Su voz tiene forma de enigma
que sacude y socava
las normas del tiempo moribundo.

Se diluye en clamores ancestrales,
en silbos de pájaros ignotos,
en brisas que rodean sepulturas,
y, sin embargo,
quien oye su trino
lo comprende,
quien oye su liturgia descifra
la gramática de una selva.

Camio,
presidente de las visiones,
maestro de los ecos animales,
arúspice del agua,
rige la noche con su cabeza de tordo
y en el ascua de su leve pico
sostiene los arcanos del futuro.

No resulta fácil escucharlo.
De entrada, se necesita silencio;
más tarde, la mirada recta a las honduras;
finalmente,
la conversión de la sangre en palabras.

Un solitario niño, según dicen,
oyó su música bajo un olmo.
Desde entonces dialoga con las aves
en ocultos idiomas,
en cláusulas que fulgen segundos
antes de caerse como ceniza.

Camio no da respuestas.
Da luces.
Da presagios.
Da temblores.
Y, cuando toca a sus elegidos,
hace de sus lenguas antorchas,
para que sus oráculos inunden,
como hogueras fatuas,
la tersa calígine del mundo.


Nota del autor: según el grimorio La clavícula de Salomón, Camio es un presidente del infierno que gobierna 30 legiones de demonios. Se manifiesta bajo la forma de un ave negra, como un mirlo o un tordo, aunque puede adoptar la forma de un hombre que lleva una espada en su mano, a petición del mago que lo invoca. Sus poderes consisten en interpretar los sonidos de los animales y los ruidos del agua, así como revelar el futuro con veracidad.

jueves, 24 de julio de 2025

La Santa Muerte

“Calavera catrina” (1912), grabado en metal
del artista mexicano José Guadalupe Posada.

No viene con hoz afilada,
sino con rosas marchitas en su manto
y una vela negra al pie de su esqueleto.

La llaman reina,
señora,
madre
los huérfanos del mundo,
los hijos de la sorda intemperie.

Le consagran altares en los barrios
que nunca ha pisado la justicia,
con lirios carmesíes
y copas de licores infernales.

Ella no juzga.
No inquiere motivos
cuando le piden algo.
No reclama pureza
cuando la visitan los impuros.

Abraza a criminales e inocentes,
a putas y niños,
a los hombres que surcan el desierto,
cerca de los agentes migratorios,
y a las abuelas que suspiran
sujetando los rosarios mudos.

Ella no olvida nunca a los pobres.
No se ríe de los amantes a deshora.
No le inquietan el matiz de la sangre
ni el género que lucen
quienes ya no soportan el asignado.

La Santa Muerte,
niña clarísima de sombras,
escucha lo que Dios no sabe.
Se conmisera de los impíos.
Hace milagros con sobras del cielo.

Camina descalza,
con aureola de fuego oscuro,
con alhajas de bisutería,
con fósiles crisantemos de seda.
Su beso marca un hálito de bruma
y una paz que ningún ángel conoce.

No se llama fin,
sino umbral.
Es promesa rota,
llaga insondable,
pero también descanso y origen.

A quien la llama le responde,
con su idioma de sueños arcanos,
y a quien la busca
le regala un plácido nicho,
lejos del miedo.

domingo, 20 de julio de 2025

El galope de Orobas

El demonio Orobas, grabado por M. Jarrault
a partir de un dibujo de Louis Le Breton,
para el “Diccionario infernal” (1863), de Jacques Colin de Plancy.

(Salmo para quienes cantan sin ser escuchados)

No viene con relámpagos o clarines,
con altos himnos o pesadas oriflamas:
el galope de Orobas
produce un eco diferente.

Suena como timbal en el pecho
de los niños inventores de mundos,
cosmonautas de ninfeas,
o como genial asteroide
para los adultos negados
a hacerse máquinas ambulantes.

Orobas cruza páramos infinitos,
en que los ángeles temen
y los demonios lloran su desaliento.
Su crin fue tejida con sombra,
sus cascos hechos de niebla
y a su lomo no va ningún jinete,
sino un alma llena de preguntas.

No conoce leyes o policías
que limiten su marcha
ni cielo que le dé permiso,
pues Orobas no carga bendiciones:
trae la verdad sin penitencia,
la ternura sin precio,
como una alianza que no pide sangre,
sino miradas limpias.

Y así, cuando galopa,
despiertan los mudos,
los ausentes abren sus manos
y los ojos de muchos malditos
relucen como brasas
ante milenios de helada hipocresía.

Orobas galopa,
remitiendo las ancianas culpas.
Galopa,
mientras el ancho miedo
se resquebraja
como carnaval sin antifaces.

Quien oye su galope
nunca reza de nuevo como solía.
Tras el paso de Orobas,
el rezo no implica sumisión,
sino fuego,
carne,
discurso libre
para una lengua sin amo.

Y ahora tú, doncel o dama
que lloras a las puertas de la noche
con el estigma de los diferentes,
aguza tus oídos:
ese cajón de estrellas que silban
es el paso de Orobas.
Él está llegando,
para deshacerte de las cadenas
con la furia de su galope.

Nota del autor: en “La clavícula de Salomón”, Orobas es un poderoso príncipe del infierno que comanda 20 legiones de demonios. Se manifiesta como un caballo, pero puede tomar la forma de un hombre a petición del mago que lo invoca. Habla con veracidad, ofreciendo respuestas claras sobre el pasado, el presente y el futuro. También ayuda a conseguir favores de amigos y enemigos, concede honores y dignidades y protege de calumnias y espíritus engañosos.

sábado, 19 de julio de 2025

Bael o la noche triforme

 El demonio Bael, grabado por M. Jarrault
a partir de un dibujo de Louis Le Breton,
para el “Diccionario infernal” (1863), de Jacques Colin de Plancy.

Nadie mira su rostro sin quedarse mudo.
Nadie pronuncia su nombre sin multiplicarse.
Bael,
humo sobre un palacio quemado,
gran maestro de las divisiones,
croa como los anfibios
en el espejo negro de la mente.

Se encarna con su traje de niebla,
con su arácnida sombra.
Un día lleva máscara felina,
otro de sapo
y algunas veces,
como rey de corona pesada,
trae silencios que huelen a azufre y jacinto.
Brota de las hendijas de la percepción,
cuando se deslíen palabras como sales
y los relojes caminan hacia la izquierda.
Quien lo invoca
muda su piel antigua.
Quien lo obedece
logra moverse entre los átomos dispersos.

Bael,
criatura de la noche,
maestro de toda alquimia,
tú abres la boca
y entonas el conjuro de las apariencias.
Rey de tres almas,
tríada majestuosa de lo velado,
concédeme el arte de esconderme
sin desapariciones.
Haz de mí un susurro
que suene en las páginas blancas,
un aullido con forma de cueva,
para que lo visiten
los geólogos incautos
y al fin alcancen, como sombras,
el corazón de tu laberinto.


Nota del autor: Bael es el primero de los 72 demonios recogidos en el célebre grimorio del siglo XVII Lemegeton Clavicula Salomonis –conocido popularmente como La clavícula de Salomón–. Etimológicamente, se lo relaciona con el dios cananeo y fenicio Baal. Según la demonología, posee el rango de rey y gobierna sobre 66 legiones de demonios. Aparece con tres cabezas –una de sapo, otra de hombre y otra de gato– y pies de araña. Su principal poder consiste en hacer invisible al mago.

viernes, 4 de julio de 2025

La cerillerita incendiaria

Imagen creada con inteligencia artificial.

(Fábula sobre los poderes del fuego)

La ciudad es un tanatorio
lleno de verticales ataúdes.
Cuelgan sus luces navideñas
como vísceras de neón colorido.
Todos circulan,
sonríen,
devoran
desechos envueltos en papel de regalo.

Mientras, la niña solitaria,
la que nadie mira ni escucha,
la que merodea los rincones del miedo,
pregona cerillas
como quien vende un último poema.
Cada fósforo guarda su latido;
cada chispa, la tumba de su infancia.

Pero, cuando cae la noche,
su pregón se diluye en el viento.
No suplica monedas.
No ve ninguna abuela celeste
ni mesas rebosantes de pan blando.
Esta noche afila sus uñas.
Esta noche sabe que el frío no la mata.
La mata más bien este mundo,
que finge no verla.

Así que enciende la primera cerilla,
lanzándola a una sucursal bancaria
llena de cajeros automáticos.
Y los cajeros, tenebrosos,
arden como los úteros insolentes.
Los escaparates aúllan.
El aire se perfuma de queroseno.
Las cámaras la graban,
pero nunca dirán su nombre.

¿Terrorista?
¿Loca?
¿Santa?
¿Fuego de pies alados?
Ella se ríe.
Le falta un diente.
Le sobra futuro.

Saca la segunda cerilla.
La prende en la cartelería del banco:
“Disfruta de las nuevas hipotecas”.
Danza ahora sin orden
tras la sonrisa del incendio,
con su abrigo ondulante en lo oscuro
como oriflama de piratas.

Las cerillas no caldean.
Son evangelios invertidos,
mínimas profecías
que desatan detonaciones.
Cada cerilla, sin lamentos,
arde en colegios de servidumbres,
en iglesias de culpas,
en casas de las que fue desahuciada.

“¿Por qué lo haces?”,
un policía ruge entre el humo,
con el índice en el gatillo de su pistola.
Pero la niña se defiende
con la tercera y última cerilla,
clavándosela de golpe en sus ojos.
Y le responde:
“Porque el mundo que me niega su abrazo
merece consumirse”.

Y entre el humo se da a la fuga,
dejando su advertencia
marcada con cenizas en las paredes:
“Arden así las niñas que no piden permiso
para quedarse en el mundo”.

Y a raíz de esa noche,
dentro de las urbes elegiacas,
algunas veces,
cuando la farsa navideña aturde
con luces ilusorias,
un alma díscola prende una cerilla
y al momento se ríe.

jueves, 3 de julio de 2025

Beleth o la cabalgata alucinada

El demonio Beleth, según el Tarot oculto
de Travis McHenry. Fuente: Wikipedia

Cabalgas en la demente llanura,
velado con esotérico fuego,
cuando cien altísimos clarines
anuncian tu fama bajo la pálida noche.

Tus caballos no galopan:
arden.
Tus ojos no miran:
horadan.
Tu boca no dice:
conjura.

Beleth,
huyen de ti los arcángeles muertos
y los sabios que nunca han temblado.
Tú llegas con la fiebre y el aroma
de quien desconoce el reposo.

No te bastan almas:
quieres aullidos imposibles,
un espasmo de cuerpos fluviales
como incienso bajo las tormentas.

Haces en toda piel un manuscrito.
Lanzas oráculos en alcobas insomnes,
en lenguas para amantes ocultos,
en heridas que supuran vino dulce
como libación disoluta.

Monarca del vértigo,
pon rosas en la boca del caos,
himnos en la carne estremecida,
clamores jubilosos en las frentes,
ahora que el vacío cosmos arde
pero no se consume.

Beleth,
guíame entre sombras.
Enséñame cómo se danza,
con los ojos envueltos en sedas,
entre el abismo y la apoteosis.

Nota del autor: Según "La clavícula de Salomón", Beleth es un poderoso rey del infierno que gobierna 85 legiones de demonios. Se aparece montado sobre un caballo pálido, precedido por una comitiva de músicos y trompetas. Su especialidad consiste en despertar el amor entre las personas, por lo cual se le invoca en conjuros relacionados con el deseo y la atracción.

miércoles, 2 de julio de 2025

La cigarra y la hormiga

Ilustración: “La cigarra y la hormiga”, grabado
en cobre de Jean-Baptiste Oudry para
las “Fábulas” de Jean de La Fontaine (1755).

“Yo trabajo sin pausas
en la tórrida blancura del estío
—se jactaba la dócil hormiga—,
para no quedarme sin provisiones.
El depósito del hormiguero
siempre me salvará de congelarme”.

“Yo canto —declaró la cigarra—
para que el mundo no sea tumba.
¿Quién alimentará de estrellas
ahí tu leve corazón, hormiga afanosa,
cuando las noches del invierno
se parezcan a la muerte del cosmos?”

No le respondió la cabal hormiga.
Pero más tarde miró su depósito, firme,
con el áspero ceño de los intachables,
y un escalofrío
la atravesó nada más darse cuenta
de que faltaba música bajo los granos.