Mientras la Macarena, con legañas
de cansancio mortal, se desmaquilla,
claman los fieles ante su capilla
y en cólera sacuden las Españas.
Pero nadie conmueve sus entrañas
con el mundo, sombría alcantarilla.
¡Como Gaza un misil, teme Sevilla
que un ídolo se cambie de pestañas!
Da soltura a tus rígidos cabellos
y a tu cara alegría, Macarena.
¡Tu luto se merece cosa buena!
Limpia de moratones y destellos,
mata a la chusma lóbrega de pena...
¡Libérate de infames atropellos!
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jueves, 26 de junio de 2025
viernes, 20 de junio de 2025
Flamboyanes
Los flamboyanes, como dulce herida,
cantan el himno rojo de la vida,
gritando loas a un oculto dios.
Arden crecidos, en inerme hueste,
y acicalan sus frondas entre dos
azules: oceánico y celeste.
Ramilletes de globos carmesíes,
piden alas de intrépidos neblíes
para hundirse en alturas atmosféricas.
A la nítida sombra de este cielo,
sus raíces, ingentes y quiméricas,
anhelan desatarse en alto vuelo.
Miro de cerca su canción a coro
y en música de fuego los adoro,
como viento de márgenes marítimas.
Y así mi condición de loco humano
solo quiere, con ansias ilegítimas,
hacerme flamboyán este verano.
cantan el himno rojo de la vida,
gritando loas a un oculto dios.
Arden crecidos, en inerme hueste,
y acicalan sus frondas entre dos
azules: oceánico y celeste.
Ramilletes de globos carmesíes,
piden alas de intrépidos neblíes
para hundirse en alturas atmosféricas.
A la nítida sombra de este cielo,
sus raíces, ingentes y quiméricas,
anhelan desatarse en alto vuelo.
Miro de cerca su canción a coro
y en música de fuego los adoro,
como viento de márgenes marítimas.
Y así mi condición de loco humano
solo quiere, con ansias ilegítimas,
hacerme flamboyán este verano.
martes, 17 de junio de 2025
Carne de cañón
![]() |
| Cañón de la época de la revolución inglesa (siglo XVII), conservado y expuesto en un museo militar de Budapest. Fuente: Wikipedia |
–Oiga, póngame usted una ración
de esa carne de cañónal chilindrón–.
(Javier Krahe)
La carne de cañón, salpimentada,
se hierve en cacerolas de injusticia,
pues le da a quien la come troceada
mortal hambre de caos y codicia.
Nunca falta la boca desalmada
que la juzga satánica delicia,
pues en guerra total, acribillada,
parece mucho más alimenticia.
Carniceros indómitos la fríen:
¿habrá acaso cuchillas que vacíen
sus nucas en patíbulos, aviesas?
Al fin, si tanta bomba arrasa todo,
si la historia se cuece de tal modo,
no quedarán carnívoros ni presas.
viernes, 13 de junio de 2025
Duramente frágil
![]() |
| Violeta del Teide. Foto: CanariWiki |
sobre lava resisto.
Y en este mundo,
terremoto incesante,
lo frágil me sostiene.
jueves, 12 de junio de 2025
Los zapatos rojos
![]() |
| Acuarela sobre papel de la ilustradora inglesa Honor Charlotte Appleton (1879-1951), para una edición de 1920 del cuento de Hans Christian Andersen Los zapatos rojos. |
(Versión herética del cuento en forma de baile prohibido)
A aquella niña le pusieron todos
el sambenito de mala.
No juntaba sus manos en la misa
ni sus piernas al paso del cura.
Sus tobillos tenían légamo blanco;
su corazón quemaba como rosa fresca.
Se paseaba la basílica solo
para bañarse con fuego de vitrales.
Pisaba su colegio
no para aprenderse ningún libro,
sino lo que susurraban las otras.
Y en su casa tan solo dormía
las noches de luna sanguinolenta.
Una tarde miró unos zapatos,
rojos como un grito de vestal impura,
rojos como un beso de puta sabia,
rojos como un vino de fonda celeste.
Le dijeron que nadie se los ponía,
que las ménades visten de sangre,
que su tacón es un anzuelo para lobos,
que sus pasos conducen al infierno.
Pero olvidó sus temores
y se los puso.
Y anduvo con ellos, alegre,
taconeando sobre los adoquines,
aunque fuesen artículos de brujas
quemadas con sus mantones violetas.
Y bailó con suelas impías
ante la insumisa borrasca,
sobre lápidas y cenotafios,
bajo huracanes de incienso.
Bailó como si rompiese el mundo
con la música de su vientre.
Los curas la llamaban poseída.
Las viejas comentaron que el demonio
le enseñaba saltos de circo.
Sus padres la arrojaron de su casa,
con lágrimas y bofetones,
y sus vecinos la pensaron demente,
salvaje, peligrosa.
Nunca detenía su baile,
pues a cada azote daba giros;
a cada mofa, taconeos;
a cada maldición, volatines.
Y los zapatos rojos
la llevaron hasta los ásperos montes,
hasta los encinares ocultos,
hasta las cuevas en que los pasos arden
y las palabras aparecen desnudas.
Allá arriba, descalza,
tiró los zapatos
y decidió tejerse una corona
con laureles de pitonisas.
Pero continuó su baile rojo,
no como forma de castigo,
sino de júbilo,
pues la carne danzante
desata un alma revoltosa
que niega su destino de jaula.
A aquella niña le pusieron todos
el sambenito de mala.
No juntaba sus manos en la misa
ni sus piernas al paso del cura.
Sus tobillos tenían légamo blanco;
su corazón quemaba como rosa fresca.
Se paseaba la basílica solo
para bañarse con fuego de vitrales.
Pisaba su colegio
no para aprenderse ningún libro,
sino lo que susurraban las otras.
Y en su casa tan solo dormía
las noches de luna sanguinolenta.
Una tarde miró unos zapatos,
rojos como un grito de vestal impura,
rojos como un beso de puta sabia,
rojos como un vino de fonda celeste.
Le dijeron que nadie se los ponía,
que las ménades visten de sangre,
que su tacón es un anzuelo para lobos,
que sus pasos conducen al infierno.
Pero olvidó sus temores
y se los puso.
Y anduvo con ellos, alegre,
taconeando sobre los adoquines,
aunque fuesen artículos de brujas
quemadas con sus mantones violetas.
Y bailó con suelas impías
ante la insumisa borrasca,
sobre lápidas y cenotafios,
bajo huracanes de incienso.
Bailó como si rompiese el mundo
con la música de su vientre.
Los curas la llamaban poseída.
Las viejas comentaron que el demonio
le enseñaba saltos de circo.
Sus padres la arrojaron de su casa,
con lágrimas y bofetones,
y sus vecinos la pensaron demente,
salvaje, peligrosa.
Nunca detenía su baile,
pues a cada azote daba giros;
a cada mofa, taconeos;
a cada maldición, volatines.
Y los zapatos rojos
la llevaron hasta los ásperos montes,
hasta los encinares ocultos,
hasta las cuevas en que los pasos arden
y las palabras aparecen desnudas.
Allá arriba, descalza,
tiró los zapatos
y decidió tejerse una corona
con laureles de pitonisas.
Pero continuó su baile rojo,
no como forma de castigo,
sino de júbilo,
pues la carne danzante
desata un alma revoltosa
que niega su destino de jaula.
jueves, 5 de junio de 2025
Aparición de fusiles en el sueño del indigente
![]() |
| Artefacto de paz, de Manolo Millares (1964). Escultura creada por el artista grancanario como contestación a la propaganda franquista de los “veinticinco años de paz”. |
(Para el día de las fuerzas armadas)
marcando un océano de luto,
la centuria pasa con alas de sangre.
Tambores de piel huérfana rugen
a los tímpanos de un volcán sordo.
Se vende el país del espejismo
con oficinas para muertos alistados,
ahora que sueña
plátanos maduros el indigente
y una mosca lame sus pies enfermos.
Cada cañón es un oboe de plomo;
cada bandera, un rótulo de ceniza.
Las palomas pican basura,
los atunes lloran ahítos de queroseno
y un sol rezumante de lava,
con su desértico uniforme,
dispara sobre tejados y azoteas
el mandato más tenebroso.
Nadie espera ni cuida
las insurgentes amapolas.
Pero las grietas del asfalto
dan azucenas con dientes de niños
y un eco de sal insinúa
que el silencio de los panteones
decora los motivos del crimen;
que los muertos aún sollozan
y se quejan de traumas eternos,
de mutilaciones malditas,
de balas incrustadas en su carne.
lunes, 2 de junio de 2025
Aranfaibo o la lluvia
Aranfaibo,
puerco de turmalina
que incendia los espejos del agua,
mastica sombras lunares
que se escurren de un volcán difunto.
Sus patas forman pilares de la noche;
su hocico, dos grutas marinas.
En su lomo crecen helechos
que recuerdan, goteando bruma,
los conjuros de tribus inermes.
Un sacerdote deposita a su lado
collares de conchas,
pues Aranfaibo gruñe en espirales:
“No soy ángel o monstruo,
sino locura del hambre que danza”.
Lame su pellejo un sol desnudo,
con lengua de basalto,
y el áspero silencio
lo cubre con su manto de mariposas.
Cuando nacen arrugas en los campos
y el escogido pisa
la gruta de las invocaciones,
Aranfaibo desata alisios,
muerde meteoros de tobas
y pronuncia gritos de manantiales.
Aranfaibo,
rey de soles y lunas,
tu grasa tiene la memoria de los diluvios;
tus ojos, el día que maduran los trigos.
Con ramas de sabinas arqueadas,
aún trazan los niños bimbaches
tu efigie en cálidas arenas,
en ceniza de prístinos lagartos.
puerco de turmalina
que incendia los espejos del agua,
mastica sombras lunares
que se escurren de un volcán difunto.
Sus patas forman pilares de la noche;
su hocico, dos grutas marinas.
En su lomo crecen helechos
que recuerdan, goteando bruma,
los conjuros de tribus inermes.
Un sacerdote deposita a su lado
collares de conchas,
pues Aranfaibo gruñe en espirales:
“No soy ángel o monstruo,
sino locura del hambre que danza”.
Lame su pellejo un sol desnudo,
con lengua de basalto,
y el áspero silencio
lo cubre con su manto de mariposas.
Cuando nacen arrugas en los campos
y el escogido pisa
la gruta de las invocaciones,
Aranfaibo desata alisios,
muerde meteoros de tobas
y pronuncia gritos de manantiales.
Aranfaibo,
rey de soles y lunas,
tu grasa tiene la memoria de los diluvios;
tus ojos, el día que maduran los trigos.
Con ramas de sabinas arqueadas,
aún trazan los niños bimbaches
tu efigie en cálidas arenas,
en ceniza de prístinos lagartos.
Nota del autor: en la mitología de los bimbaches, primeros pobladores de la isla de El Hierro, Aranfaibo era un cerdo sagrado que intercedía con los dioses del cielo para atraer la lluvia en tiempos de sequía. Según relata Juan de Abreu Galindo –seudónimo del historiador y poeta Gonzalo Argote de Molina–, los bimbaches criaban un cerdo en una gruta y lo sacaban en procesión para invocar la lluvia.
domingo, 1 de junio de 2025
Chaxiraxi no se arrodilla
como las antiguas madres,
con senos de espuma,
piel de basalto
y una ráfaga de sol en sus ojos.
No venía de cielos ausentes.
No cargaba rosarios ni querubines.
Emergía de los cráteres abiertos
en flores de magma caudaloso.
Pronunciaba conjuros
que el obispo y el adelantado
creyeron hechos en lengua demoniaca.
Chaxiraxi,
reina fecunda,
señora de las támaras dulces,
era la que saludaban los pastores
mientras el Teide emitía susurros
en idioma aborigen.
Era la que no temía al fuego,
la que danzaba pisando las arenas,
la que encendía su nombre en los barrancos.
Un día, sin permiso,
la despojaron de su piel de cabra,
forzándola a vestirse con ropas
de virgen obediente.
Le impusieron collares de perlas
y cadenas de fútil oro,
lavaron su lengua con latines
y la bautizaron María.
Pero sus últimos hijos,
los que sabían su callada historia,
no dejaron de verla negra,
descalza,
con sus abiertas manos,
con ceniza del Teide en su cabello,
con su lengua rota de siglos
y su ternura incansable.
Chaxiraxi no se arrodilla.
Se declara madre sin esposo,
diosa sin culto,
reina sin corona.
Se aparece en las noches
a las impúdicas niñas,
a las inconfesables mujeres,
a quienes bailan con torcidos pasos,
a quienes rezan ocultas oraciones.
Y les dice en secreto:
“Yo soy la paloma salvaje.
La negra. La africana.
La que no desea capillas.
La que sangra con ustedes.
La que los ama a todos.
La que no se irá nunca”.
Nota del autor: Chaxiraxi era el nombre que los guanches, primeros pobladores de Tenerife, daban a una diosa vinculada a la fertilidad y a la que creían madre del sol. Tras la conquista de Canarias en el siglo XV, los colonizadores hispánicos identificaron esta figura con la virgen María, a través de la advocación de la virgen de Candelaria, y borraron parcialmente la identidad originaria de la diosa Chaxiraxi. Hoy en día, a la virgen negra de Candelaria se la considera patrona del archipiélago canario, pero su veneración oculta una herencia indígena a menudo silenciada.
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