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lunes, 20 de abril de 2026

Tankas dispersos (2019-2026)

Ejemplar de vanesa de los cardos (Vanessa cardui).
Fuente: CanariWiki

MARIPOSAS

Arden los pinos,
con ámbares fulgores,
y no se queman;
como lluvia de fuego,
los cubren mariposas.

NAVIDAD

Cuando tú naces,
metrópolis doradas
cuelgan adornos
y luces en tu nombre,
cerrándote las puertas.

IRÁN

Negros ulemas
rocían los jardines
de muerte y odio.
Pero un cárdeno fuego
brota de las mujeres.

AÑO NUEVO

El año nuevo,
como barco de espuma,
leva sus anclas.
Iré sembrando panes
entre vírgenes olas.

CARNAVAL

Máscara alegre,
como las mariposas
de tenues alas,
en tu efímero viaje
luces polvo de estrellas.

RECHAZO

Dios imposible,
no me pidas que elogie
tu amargo mundo.
Ningún aprendizaje
merece tal infierno.

ALBA FUTURA

Siembro poemas
para un alba futura,
lejos del tiempo
vacío de esperanza,
moribundo presente. 

ESCUCHA

Como la rana
que flota ajena a todo
sobre ninfeas,
me despojo de ruidos
para al fin escucharme.

GENERACIONES

Ríen los niños
cuando salen a trotes
de su colegio.
¿Serán, hechos adultos,
mejores que sus padres?

POZO

Arde este mundo;
yo, para mis adentros,
ahondo un pozo.
Quizás encuentre el agua 
que el mundo necesita.

ORIGEN

Las olas cargan
el eco de una tromba
de meteoros,
ánforas detonantes
del agua primigenia.

ZÁLATTA

Arde el verano,
y ante las olas grito
“¡Zálatta!”, y miles
de Jenofontes logran
su anábasis playera.

NETANYAHU

Pútrido foso
de culebras, maestro
de genocidas,
el futuro conoce
tu sentina de sangre.

PALO BORRACHO

Palo borracho,
catarata de flores
en pleno otoño,
tu rosa primavera
nada lejos del tiempo.

VISIÓN AL ALBA

Isla vecina,
tú emerges de lo oscuro,
como promesa
de que es verdad el sueño
blanco del horizonte.

TRINO

Sobre la copa
de celeste enramada,
trina un canario:
con la siringe, suelta
címbalos de cristales.

PÁMPANOS

Como la sangre
que enciende el marfileño
rostro de Baco,
los pámpanos alojan
el zumo de la fiesta.

COTORRAS

Como saetas
de jade, las cotorras
en vuelo tiran
sus puntas de rubíes
al tenue comedero.

TARDE EN EL CAMPO

Rubia pequeña,
sobre el campo segado
la tarde baila,
mientras dice la sombra
que es hora de marcharse.

WASHINGTONIA

La fina palma
rompe el índigo sueño
del horizonte,
vistiendo su penacho
para un circo de nubes.

ACACIA

Frondosa almena
de la ciudad y el puerto,
la muda acacia
confía al paseante
su ermita de penumbra.

Nota del autor: “¡El mar!” –en griego antiguo transliterado, “zálatta”– fue el grito de alegría que lanzaron los hombres de la famosa Expedición de los Diez Mil, cuando alcanzaron las orillas del mar Negro en su camino de vuelta a Grecia, según relata Jenofonte en su Anábasis.

domingo, 19 de abril de 2026

Piedad

Moneda con la efigie de la diosa romana Pietas (Piedad).
Fuente: Gangleri's Grove

Arcano santo, dios —o tal vez diosa—,
como gritan mis trémulas honduras,
apiádate de todas las criaturas
y yo, pues en caída aparatosa

tú arrojaste mi espíritu a la fosa
común del mundo, cuyas ataduras,
en barrancos de lágrimas impuras,
enseña a ti la humanidad penosa.

¡Compréndeme! Si altares babilonios
hice cansado, si busqué demonios,
fue en lucha con el cosmos enemigo.

Dame camino lento y sosegado
y al fin, cuando me llames a tu lado,
reposo o nada, pero no castigo.

sábado, 18 de abril de 2026

El niño al que Sabnock protegía

El demonio Sabnock, representado
en el “Tarot oculto” de Travis McHenry.

El niño dormía cada noche
con su corazón al desnudo,
como un libro de páginas antiguas
que nadie miraba.
No tenía padres
ni voz que recordara su nombre.
Solo un hondo silencio
y un peluche desgarrado
sobre su cama de huérfano solo.

Cada noche,
cuando un gélido viento saltaba
la ventana rota del hospicio,
como ladrón amante de cabriolas,
el niño tiritaba sin remedio,
pero no salían lágrimas furtivas
de sus ojos carentes de luces.
Él sabía quién lo visitaba cada noche.

Sabnock,
león acechante de los mundos,
jinete de la bruma,
franqueaba la puerta sin ruido,
con su armadura alígera de sombras
y su capa hilada con las apariciones
a las que nunca haría de portero.

Se sentaba a los pies de la cama
como un centinela inmóvil.
Fuera, los gritos de borrachos,
los ecos del abuso,
la navaja de la angustia
se disolvían como brumas en su presencia.

Aquel niño no distinguía su imagen,
pero de vez en cuando
su melena rozaba su frente
y una caricia de sutil acero
le decía: “Duérmete. Yo vigilo”.

Una vez soñó que un fuerte brazo,
con su guantelete de estrellas,
lo subía al cielo
y así volaban juntos
más allá de la ciudad achacosa,
de los tejados cubiertos de sangre,
de las calles en que el bien desaparece.
Volaban hacia una torre de fuego
que solamente los dos conocían.

Allí, al cobijo de sus muros,
el niño descubría con sorpresa
mucho más que sus gritos inaudibles,
más que su número de caso,
más que sus lágrimas ausentes
de los archivos oficiales.

Allí era un príncipe dormido
sobre el regazo de su custodio.
Y al despertarse bajo un alba negra
descubría huellas felinas en las baldosas
y un ventanal cerrado,
como un signo que nadie comprendía.

Aquel niño siguió creciendo
como un lirio sobre el asfalto.
Salió del piso tenebroso,
pero jamás olvidaría al centinela.
Nunca rezaba a dioses imposibles,
pero cada vez que sentía miedo
susurraba “Sabnock”,
así como quien llama a su casa.

Y aún hoy, en las noches tenebrosas,
un rugido suave se escucha
desde las azoteas y balcones:
—Duérmete. Yo vigilo.


Nota del autor: según el grimorio La clavícula de Salomón, Sabnock es un marqués del infierno que gobierna sobre 50 legiones de demonios. Aparece como un soldado con cabeza de león, portando armadura y armas y montado sobre un caballo pálido. Sus poderes consisten en crear sólidas torres y fortalezas, proteger lugares o personas de cualquier amenaza y causar llagas o infecciones que duran días en los enemigos.