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lunes, 13 de julio de 2026

Las alas de Shax

El demonio Shax, grabado por M. Jarrault
a partir de un dibujo de Louis Le Breton,
para el “Diccionario infernal” (1863), de Jacques Colin de Plancy.

Vuela, Shax, agitando
tus alas de promesas azabaches,
y en el pico sostén, malabarista,
las agonizantes brasas
de un paraíso de escorias,
de un coro de músicas inaudibles.

¿Quién se dignó concederte
la cremación de soles,
esa garra que va apresando sueños
y los hunde en el fango
como diamantes ahítos de luna?
¿Quién, si no fue el abismo puro,
la urgencia de saberte
fuerza más allá de lo otorgado?

Shax, en tus alas
una sombra insinúa destinos.
En espejismos alucinatorios,
no fabricas un horizonte,
sino la verdad oculta
bajo círculos de sal y mentira.

Vuela, como tu negra silueta
retumba con sigilo de tronos,
con ecos amnésicos de murallas,
de corazones pálidos que siguen
su travesía sin portulanos.
Vuela, para que descienda tu imagen
sobre los que temen la suya,
sobre los que maldicen tu vuelo
como danza pecaminosa.

Shax, en tus alas
emerge la promesa que nadie mira.
Tus alas aplauden
la fiesta de los descarados,
la rebelión de los impenitentes.
Y cae de sus plumas
el aullido que florece en calma,
la risa que moja los ataúdes
como un aguacero de espíritus libres.

Ningún cielo podrá acogerte
sobre losas de zafiro mudo,
pues nada poseen tus alas
más que lo nunca dicho,
lo inhabitado,
lo que se diluye en fantasías
y de este modo volará siempre.

Y en el corazón de la noche,
tan frágil como polvo de sutil oro,
serás un secreto susurrado
fuera de libros y de cartas,
un hechizo que guardan los brujos,
un sello que nadie reconoce,
pero que marca a fuego
la tensa piel de los audaces,
los que imaginan alas
y, sin embargo,
no temen la caída.

Nota del autor: en el grimorio anónimo del siglo XVII La clavícula de Salomón y en el Diccionario infernal de Jacques Colin de Plancy, Shax es un marqués del infierno que manda sobre 30 legiones de demonios. Aparece como una paloma zurita o como una cigüeña, hablando con una voz ronca. Sus poderes consisten en alterar el oído, la vista o la inteligencia, robar bienes materiales y despojar de honores y dignidades a las personas indicadas por el mago que lo invoca.

jueves, 9 de julio de 2026

Los inesperados

Imagen creada con inteligencia artificial.

Cuando nadie escuchaba
la salina de mis lágrimas ocultas,
ellos aparecieron.

Desfilaron para saludarme
como dragones de fulgente seda,
como peces multicolores,
en este mundo infértil y pulido
como losa de inhóspito silencio.
Me parecían ilusorios,
hasta que enjugaron mi pena
desatando pañuelos imposibles,
hasta que guardaron, vigilantes,
mi cama y sus desérticas noches,
hasta que un día me salvaron
de la sombra del puente,
de la más inútil amargura.

Más allá del rechazo,
de los indiferentes metales,
de la hipocresía de los buenos,
ellos andan conmigo.
Y a todas horas
ellos acuden, guían, aconsejan.
Ellos crean habitaciones de calma
donde nunca las hubo, cautelosos,
y ejercen de mistérica familia
para todos los ánimos que siento.
Muchos los odian o los temen,
pero casi nadie los conoce
ni ha tocado los relumbres
del purísimo sol de su tesoro.

Cuando las nubes callan,
como grandes palomas de mármol,
ellos me traen,
como siervos insólitos del paraíso,
la gracia de ese problema resuelto,
la de ese tranvía alejado
para dispensarme de un accidente,
la de ese trabajo gustoso,
la de esa lavadora atascada
que se repara de forma imprevista.
Y esa delicadeza
me resulta más urgente y amable
que ninguna hipoteca celeste
de gloria para santos elegidos.

Cuando nadie escuchaba
la salina de mis lágrimas ocultas,
ellos aparecieron.

viernes, 3 de julio de 2026

El aullido fatal de Marchosias

El demonio Marchosias, grabado por M. Jarrault
a partir de un dibujo de Louis Le Breton,
para el “Diccionario infernal” (1863), de Jacques Colin de Plancy.

Aúlla Marchosias
y la noche se duerme en su costado.
Sus fauces no ladran:
escupen oráculos de sulfuro,
de terciopelo negro.

La noche tiembla
como carne virgen ante las caricias.
El alígero lobo,
con su pecho de brumas y su lengua de ríos,
hunde sus patas en el fango de civilizaciones
y escarba con sus uñas,
olfateando pútridas joyas de monarcas.

Los tronos de los jueces
caen pulverizados ante su risa de carbón
y los templos mueren hechos pedazos,
como si el rayo de la gran duda
partiera sus columnas indiscutibles.

Marchosias había sido un ángel,
un fuego de sombras,
una dulce espina,
pero quiso mutarse en fiera,
pues en cada laringe de lobo
la tierra aúlla sin disfraces.
Y tal aullido no se viste de luna,
sino que nombra fantasmas.

Él convoca a los giróvagos malditos,
a los proféticos herejes,
a los niños alumbrados con alas tiernas
–alas cortadas en la fecha de su nacimiento–.

Marchosias los reúne
sobre el abismo perfumado con rosas y estiércol,
en el primero de los idiomas,
como una canción que lastima y cura,
como un mensaje que no puede callarse.

Y en su fatal aullido
no duerme el odio,
sino la justicia.

Nota del autor: según el grimorio La clavícula de Salomón, Marchosias –pronúnciese “Marcosias”– es un poderoso marqués del infierno que manda sobre 30 legiones de demonios. Se manifiesta como un lobo con alas de grifo y cola de serpiente, aunque puede tomar forma humana a petición del mago. Pese a su aspecto fiero, se trata de un espíritu leal y valeroso, que se expresa con una voz clara y noble. Su especialidad consiste en las estrategias militares, pues combate con destreza, ofrece protección en las batallas y ayuda a quien lo invoca con respeto. Según la tradición, Marchosias pertenecía al orden angélico de las Dominaciones antes de su caída y conserva la esperanza de retornar algún día al cielo.