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| El demonio Marchosias, grabado por M. Jarrault a partir de un dibujo de Louis Le Breton, para el “Diccionario infernal” (1863), de Jacques Colin de Plancy. |
y la noche se duerme en su costado.
Sus fauces no ladran:
escupen oráculos de sulfuro,
de terciopelo negro.
La noche tiembla
como carne virgen ante las caricias.
El alígero lobo,
con su pecho de brumas y su lengua de ríos,
hunde sus patas en el fango de civilizaciones
y escarba con sus uñas,
olfateando pútridas joyas de monarcas.
Los tronos de los jueces
caen pulverizados ante su risa de carbón
y los templos mueren hechos pedazos,
como si el rayo de la gran duda
partiera sus columnas indiscutibles.
Marchosias había sido un ángel,
un fuego de sombras,
una dulce espina,
pero quiso mutarse en fiera,
pues en cada laringe de lobo
la tierra aúlla sin disfraces.
Y tal aullido no se viste de luna,
sino que nombra fantasmas.
Él convoca a los giróvagos malditos,
a los proféticos herejes,
a los niños alumbrados con alas tiernas
–alas cortadas en la fecha de su nacimiento–.
Marchosias los reúne
sobre el abismo perfumado con rosas y estiércol,
en el primero de los idiomas,
como una canción que lastima y cura,
como un mensaje que no puede callarse.
Y en su fatal aullido
no duerme el odio,
sino la justicia.
Nota del autor: según el grimorio La clavícula de Salomón, Marchosias –pronúnciese “Marcosias”– es un poderoso marqués del infierno que manda sobre 30 legiones de demonios. Se manifiesta como un lobo con alas de grifo y cola de serpiente, aunque puede tomar forma humana a petición del mago. Pese a su aspecto fiero, se trata de un espíritu leal y valeroso, que se expresa con una voz clara y noble. Su especialidad consiste en las estrategias militares, pues combate con destreza, ofrece protección en las batallas y ayuda a quien lo invoca con respeto. Según la tradición, Marchosias pertenecía al orden angélico de las Dominaciones antes de su caída y conserva la esperanza de retornar algún día al cielo.
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