como gritan mis trémulas honduras,
apiádate de todas las criaturas
y yo, pues en caída aparatosa
tú arrojaste mi espíritu a la fosa
común del mundo, cuyas ataduras,
en barrancos de lágrimas impuras,
enseña a ti la humanidad penosa.
¡Compréndeme! Si altares babilonios
hice cansado, si busqué demonios,
fue en lucha con el cosmos enemigo.
Dame camino lento y sosegado
y al fin, cuando me llames a tu lado,
reposo o nada, pero no castigo.

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