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domingo, 1 de junio de 2025

Chaxiraxi no se arrodilla

Óleo sobre lienzo anónimo, datado hacia 1750,
que representa la aparición milagrosa de la imagen
de la virgen de Candelaria ante los guanches.
Ermita de la virgen de las Angustias (Icod de Los Vinos, Tenerife).

Chaxiraxi vino del Teide
como las antiguas madres,
con senos de espuma,
piel de basalto
y una ráfaga de sol en sus ojos.

No venía de cielos ausentes.
No cargaba rosarios ni querubines.
Emergía de los cráteres abiertos
en flores de magma caudaloso.
Pronunciaba conjuros
que el obispo y el adelantado
creyeron hechos en lengua demoniaca.

Chaxiraxi,
reina fecunda,
señora de las támaras dulces,
era la que saludaban los pastores
mientras el Teide emitía susurros
en idioma aborigen.
Era la que no temía al fuego,
la que danzaba pisando las arenas,
la que encendía su nombre en los barrancos.

Un día, sin permiso,
la despojaron de su piel de cabra,
forzándola a vestirse con ropas
de virgen obediente.
Le impusieron collares de perlas
y cadenas de fútil oro,
lavaron su lengua con latines
y la bautizaron María.
Pero sus últimos hijos,
los que sabían su callada historia,
no dejaron de verla negra,
descalza,
con sus abiertas manos,
con ceniza del Teide en su cabello,
con su lengua rota de siglos
y su ternura incansable.

Chaxiraxi no se arrodilla.
Se declara madre sin esposo,
diosa sin culto,
reina sin corona.
Se aparece en las noches
a las impúdicas niñas,
a las inconfesables mujeres,
a quienes bailan con torcidos pasos,
a quienes rezan ocultas oraciones.

Y les dice en secreto:
“Yo soy la paloma salvaje.
La negra. La africana.
La que no desea capillas.
La que sangra con ustedes.
La que los ama a todos.
La que no se irá nunca”.


Nota del autor: Chaxiraxi era el nombre que los guanches, primeros pobladores de Tenerife, daban a una diosa vinculada a la fertilidad y a la que creían madre del sol. Tras la conquista de Canarias en el siglo XV, los colonizadores hispánicos identificaron esta figura con la virgen María, a través de la advocación de la virgen de Candelaria, y borraron parcialmente la identidad originaria de la diosa Chaxiraxi. Hoy en día, a la virgen negra de Candelaria se la considera patrona del archipiélago canario, pero su veneración oculta una herencia indígena a menudo silenciada.

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