Mientras la Macarena, con legañas
de cansancio mortal, se desmaquilla,
claman los fieles ante su capilla
y en cólera sacuden las Españas.
Pero nadie conmueve sus entrañas
con el mundo, sombría alcantarilla.
¡Como Gaza un misil, teme Sevilla
que un ídolo se cambie de pestañas!
Da soltura a tus rígidos cabellos
y a tu cara alegría, Macarena.
¡Tu luto se merece cosa buena!
Limpia de moratones y destellos,
mata a la chusma lóbrega de pena...
¡Libérate de infames atropellos!
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