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| Ilustración: “La cigarra y la hormiga”, grabado en cobre de Jean-Baptiste Oudry para las “Fábulas” de Jean de La Fontaine (1755). |
en la tórrida blancura del estío
—se jactaba la dócil hormiga—,
para no quedarme sin provisiones.
El depósito del hormiguero
siempre me salvará de congelarme”.
“Yo canto —declaró la cigarra—
para que el mundo no sea tumba.
¿Quién alimentará de estrellas
ahí tu leve corazón, hormiga afanosa,
cuando las noches del invierno
se parezcan a la muerte del cosmos?”
No le respondió la cabal hormiga.
Pero más tarde miró su depósito, firme,
con el áspero ceño de los intachables,
y un escalofrío
la atravesó nada más darse cuenta
de que faltaba música bajo los granos.

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