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| El demonio Camio, grabado por M. Jarrault a partir de un dibujo de Louis Le Breton, para el “Diccionario infernal” (1863), de Jacques Colin de Plancy. |
(Canto del profeta en llamas)
Camio trina,
pero no como ningún ave.
Su canto no brota de la siringe,
sino de un aleteo desencarnado.
Su voz tiene forma de enigma
que sacude y socava
las normas del tiempo moribundo.
Se diluye en clamores ancestrales,
en silbos de pájaros ignotos,
en brisas que rodean sepulturas,
y, sin embargo,
quien oye su trino
lo comprende,
quien oye su liturgia descifra
la gramática de una selva.
Camio,
presidente de las visiones,
maestro de los ecos animales,
arúspice del agua,
rige la noche con su cabeza de tordo
y en el ascua de su leve pico
sostiene los arcanos del futuro.
No resulta fácil escucharlo.
De entrada, se necesita silencio;
más tarde, la mirada recta a las honduras;
finalmente,
la conversión de la sangre en palabras.
Un solitario niño, según dicen,
oyó su música bajo un olmo.
Desde entonces dialoga con las aves
en ocultos idiomas,
en cláusulas que fulgen segundos
antes de caerse como ceniza.
Camio no da respuestas.
Da luces.
Da presagios.
Da temblores.
Y, cuando toca a sus elegidos,
hace de sus lenguas antorchas,
para que sus oráculos inunden,
como hogueras fatuas,
la tersa calígine del mundo.
Nota del autor: según el grimorio La clavícula de Salomón, Camio es un presidente del infierno que gobierna 30 legiones de demonios. Se manifiesta bajo la forma de un ave negra, como un mirlo o un tordo, aunque puede adoptar la forma de un hombre que lleva una espada en su mano, a petición del mago que lo invoca. Sus poderes consisten en interpretar los sonidos de los animales y los ruidos del agua, así como revelar el futuro con veracidad.

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