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domingo, 20 de julio de 2025

El galope de Orobas

El demonio Orobas, grabado por M. Jarrault
a partir de un dibujo de Louis Le Breton,
para el “Diccionario infernal” (1863), de Jacques Colin de Plancy.

(Salmo para quienes cantan sin ser escuchados)

No viene con relámpagos o clarines,
con altos himnos o pesadas oriflamas:
el galope de Orobas
produce un eco diferente.

Suena como timbal en el pecho
de los niños inventores de mundos,
cosmonautas de ninfeas,
o como genial asteroide
para los adultos negados
a hacerse máquinas ambulantes.

Orobas cruza páramos infinitos,
en que los ángeles temen
y los demonios lloran su desaliento.
Su crin fue tejida con sombra,
sus cascos hechos de niebla
y a su lomo no va ningún jinete,
sino un alma llena de preguntas.

No conoce leyes o policías
que limiten su marcha
ni cielo que le dé permiso,
pues Orobas no carga bendiciones:
trae la verdad sin penitencia,
la ternura sin precio,
como una alianza que no pide sangre,
sino miradas limpias.

Y así, cuando galopa,
despiertan los mudos,
los ausentes abren sus manos
y los ojos de muchos malditos
relucen como brasas
ante milenios de helada hipocresía.

Orobas galopa,
remitiendo las ancianas culpas.
Galopa,
mientras el ancho miedo
se resquebraja
como carnaval sin antifaces.

Quien oye su galope
nunca reza de nuevo como solía.
Tras el paso de Orobas,
el rezo no implica sumisión,
sino fuego,
carne,
discurso libre
para una lengua sin amo.

Y ahora tú, doncel o dama
que lloras a las puertas de la noche
con el estigma de los diferentes,
aguza tus oídos:
ese cajón de estrellas que silban
es el paso de Orobas.
Él está llegando,
para deshacerte de las cadenas
con la furia de su galope.

Nota del autor: en “La clavícula de Salomón”, Orobas es un poderoso príncipe del infierno que comanda 20 legiones de demonios. Se manifiesta como un caballo, pero puede tomar la forma de un hombre a petición del mago que lo invoca. Habla con veracidad, ofreciendo respuestas claras sobre el pasado, el presente y el futuro. También ayuda a conseguir favores de amigos y enemigos, concede honores y dignidades y protege de calumnias y espíritus engañosos.

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