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| El demonio Vepar, representado en el “Tarot oculto” de Travis McHenry. |
con su laringe de fosas y taludes,
una música nacida sin labios,
hermana de vorágines y tifones.
Duerme en el trono de las aguas,
pero mece los buques del mundo
como quien arrulla lápidas navegantes.
Esa voz no se escucha,
sino que se intuye,
como un silbo de sangre seca
minutos antes de un hachazo,
como una lágrima furtiva
que se diluye en tersa marejada.
Rompe el aire tan leve
como precisa,
como un relámpago de hielo
sobre el corazón de las nubes,
como las gaviotas mensajeras
del eco de los huracanes.
A su paso,
los mástiles aúllan de miedo,
las brújulas musitan oraciones
y los peces la siguen,
como famélicos hijos
de una madre pasmosa
que los alimenta de ruinas.
Vepar no sabe
si es demonio o sirena.
Surgió como un deseo
con hambre de cielos arcanos,
al compás de los ángeles cadentes.
Y cayó sobre el piano de las olas,
olas que dan eterno olvido
y arrastran el silencio,
sin que nada pregunten a nadie.
Cada tormenta
silba su historia
para los que respiran a su lado.
Su boca no ofrece consuelo,
sino su abanico de espumas
hasta la caricia de la muerte.
De todas formas,
Vepar no destruye:
solo recoge.
Se lleva a los alicaídos,
a los hermosos,
a los que se creyeron aves
y despertaron envueltos en escamas.
Y si en la noche,
sobre el malecón del puerto,
sobre el piso de la bañera,
sientes un arrullo lejano
con aroma de mares antiguas
y sal de infancia,
no respondas.
O responde,
pero diles adiós a las arenas
para hundirte en el eco del abismo.
Nota del autor: En el famoso grimorio “La clavícula de Salomón”, Vepar es una duquesa del infierno que manda sobre 29 legiones de demonios. Se la representa como una sirena con cola de pez. Posee el dominio del mar y los vientos y puede guiar navíos de guerra cargados con armas, a petición del mago que la invoca.

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