hasta el borde la copa de champán:
dejaré que el sedoso tafetán
de esta noche desierta me enajene;
que, si un alma gentil a mí no viene,
consumiré las horas que se van,
con el hastío negro de Satán
y sin arcángel que mi llanto frene.
Los quebrados altares de la farra
no me consuelan. Que mi boca aloje
su cansino lamento de guitarra,
pues a mi larga pena alicaída,
más ancha que el océano, la acoge
la penúltima copa de mi vida.
de esta noche desierta me enajene;
que, si un alma gentil a mí no viene,
consumiré las horas que se van,
con el hastío negro de Satán
y sin arcángel que mi llanto frene.
Los quebrados altares de la farra
no me consuelan. Que mi boca aloje
su cansino lamento de guitarra,
pues a mi larga pena alicaída,
más ancha que el océano, la acoge
la penúltima copa de mi vida.

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