miro tomos de muchos escritores:
los grandes, en altísimos honores,
lucen para la historia con su fuego.
Los no leídos, con doliente ruego,
desean estudiosos y lectores
y algunos pocos, libres de temores,
pasan el frío olvido sin apego.
Boca mía, a la suerte en vano impetras,
ay... ¡que un ligero túmulo de letras
me guarde un anaquel en su recodo!
Si fuera así, que ruja como grito,
lanzando contra un áspero infinito
su mal empeño de cambiarlo todo.
ay... ¡que un ligero túmulo de letras
me guarde un anaquel en su recodo!
Si fuera así, que ruja como grito,
lanzando contra un áspero infinito
su mal empeño de cambiarlo todo.

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