No te lamentes, rosa, de quién eras
y quién eres al cabo: mientras haya
sol, tu vuelo de pétalos ensaya
cómo tu alada forma recuperas.
¿Ha de causarme lástima que mueras
así, cuando tu sangre se desmaya,
si ocultas, en el seno de tu baya,
tu enorme potencial de primaveras?
Tejes cunas en lápidas impías,
eternidad en átomos fugaces,
pálidas noches en oscuros días.
Y, si en cósmica arena te deshaces,
no llores pronto lo que luego rías:
nacida mueres tú, si muerta naces.
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