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sábado, 6 de octubre de 2012

Un poema de Kostas Psarakis

***
Crónica

Como poetas corremos peligro en los precipicios.
La montaña que normalmente se eleva desde el norte a mil metros
se precipita de golpe en el mar del sur.

Muchos kilómetros escarpados precipicios…
Enormes rocas pétreos arcontes
con la mar cual esclava a sus pies.

Por entre los frisos soplan los vientos eternos
que nos entorpecen confundiendo nuestras cuerdas
Hallamos los antiguos senderos
en mitad del caos
aquí donde aprendieron a no tener miedo
los montañeses.
Encuentro señales de hombres valerosos
que se distinguieron
en estos difíciles parajes, refugios de águilas
que no ensucian sus garras en la tierra.
Hallamos los refugios de los razonamientos
que ya no pueden vivir
con los hombres.

Cuando la luna sale
nos detenemos en las orillas del tiempo.
Mientras nuestro corazón aguante.
No nos quedamos mucho en las fabulosas playas de la memoria
que están hechas
de luz de luna y olvido.

Allí donde se escuchan
las olas del tiempo
en la noche y el silencio.

Este sonido es la canción de la noche.
Las palabras secretas de los vientos en lugares desiertos.
Ésta es la flor de la luna que es a la vez el mañana y el ayer.

Ésta es la canción de la noche.

Las palabras secretas de la belleza insoportable.
Partimos. Nuestro corazón no aguanta.

Tenemos prisa.
Amanece un día laborable.

(Traducción: Mario Domínguez Parra)

Nota biográfica

El poeta griego Kostas Psarakis nació en 1957 en el pueblo de Járakas, a los pies de Asterusia (en el sur de Creta, a 38 kilómetros de Iraklio), donde vive y trabaja como profesor de matemáticas en el pequeño instituto provincial de Asimi. Ha escrito los libros inéditos Formas del tiempo (Morfés tu jronu, 2006), Los cuadernos de V. K. (Ta tetradia tu B. K., 2010) y El capitán Perdikis y los sentimientos de muerte (O Kapetán Perdikis ke ta syneszímata zanatu, 2012). Algunos de sus poemas se han publicado en antologías, como Núcleo poético (Piitikós Pyrinas, http://ppirinas.blogspot.com.es/, una antología de la editorial Endymión, 2012), y en revistas en la red. Este poema pertenece a su libro Formas del tiempo. Mantiene un blog: http://psarakis-k.blogspot.com.es/.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Un hilo tembloroso

***
Noche estrellada en Tenerife.

Sondeo las alturas del espacio,
con mis ojos abiertos al asombro.
Las órbitas lejanas, donde rotan
esferas musicales, me conducen
a simas interiores de silencio.
Me pregunto quién soy, desamparado,
bajo constelaciones que relucen,
como flotas de barcos, en la noche,
pero jamás aclaro mis enigmas.
Un desierto de sombras me separa
de ríos estrellados,
y una sed infinita me consume.

Solamente deseo
que manen de mis labios, en la noche,
sílabas o sonidos que restauren,
apenas un segundo,
la unidad primigenia de las cosas.
Solamente deseo
que mis palabras formen
un hilo tembloroso
de claridad, un hilo
que suba de la tierra a las alturas.

jueves, 28 de junio de 2012

Los plátanos

***
Ramas de Platanus hispanica.
 
Abrazando los márgenes del campus,
os levantáis alegres,
unidos en hileras armoniosas.
Pasáis las estaciones y los años
en calma perdurable,
firmes como los hitos de una senda.
Ya no recuerdo, plátanos amigos,
cuántas veces mis pasos anduvieron
solos a vuestra sombra;
cuántas veces notaron mis oídos
el son de vuestras hojas,
como liras eolias en el viento;
cuántas veces mis ojos admiraron
vuestras figuras altas
como verdes incendios.
Innúmeras mañanas me detuve
debajo de vosotros,
viendo cómo los montes azulados
de Gran Canaria, en honda lejanía,
descuellan del océano y las nubes.
Llenaba mi deseo de infinito
y oleadas de paz me rodeaban.

Solo vosotros, plátanos amigos,
allanasteis el áspero sendero
de mi rutina diaria, del estudio,
llamándome con voces inaudibles,
conversando conmigo sin palabras.
Ahora que abandono
yermas aulas y fríos corredores,
y salgo al aire libre y a la vida,
os doy las gracias, hijos de la tierra,
que volvéis en fecundos
los áridos espacios de los hombres.


Georg Friedrich Händel. Suite en re sostenido mayor: Preludio. Robert Hill, fortepiano.

miércoles, 20 de junio de 2012

Más allá de los muros

***
 Cielo de atardecer en Santa Cruz de Tenerife.
 ***
Más allá de los muros
de la ciudad sombría,
más allá de su larga periferia,
se divisan siluetas de montañas.
Los últimos jirones
de un azul infinito se consumen
con las últimas brasas de la tarde,
las nubes encendidas.

Oscura, la azotea de mi casa
levita sobre un aire sosegado,
solo para que miren
mis ojos el océano del cielo.
Mi corazón ajusta sus latidos
a la calma indecible del ocaso.
Mis pensamientos vuelan
hacia lejanas cumbres,
hacia los elevados horizontes.

jueves, 5 de abril de 2012

Náufragos inermes

***
Salimos a la calle,
siguiendo con el paso
la trama lineal de las ciudades,
cuadrícula severa
donde las rosas crecen vigiladas,
en el angosto marco de una celda.
Tornados en sonámbulos ausentes,
nos guiamos de puntos cardinales:
el trabajo, el consumo.
Los fieles de los dioses
vertían libaciones en altares,
rogándoles ayuda;
nosotros, los modernos,
vaciamos las almas de inquietudes
en la televisión y sus rumores.
Los fines de semana descendemos
a los hondos tugurios de la noche,
donde fuentes de luces ilusorias
y escándalo incesante nos aturden.
Allí, bailando solos
entre desconocidos, olvidamos
el milagro del verbo,
la comunicación de los amigos.
Huimos de la calma y el silencio,
de los únicos dones que revelan
el fondo de las cosas.

Los amos de la muerte
nos traducen a números bancarios.
Unas veces, anotan los ingresos
que reunimos con áspera fatiga;
otras veces, con manos inmutables,
anotan solo deudas angustiosas.
Erramos en la nítida mañana
con los ojos vendados;
como lobos enfermos,
nos eludimos unos a los otros
o nos damos hirientes mordeduras.
Esclavos de una sed ilimitada,
nos abatimos unos a los otros;
abriéndonos la frente,
rodamos hacia abajo
sobre las escaleras de la vida.
Carece de sentido lo que somos:
apenas unos náufragos inermes
en el hostil océano del mundo.


The National: Fake Empire.

domingo, 7 de marzo de 2010

Poemas en el blog “Las afinidades electivas”

***
El poeta Agustín Calvo Galán ha tenido a bien publicar unos versos de mi autoría en su blog Las afinidades electivas. Vaya desde aquí mi más sincero agradecimiento. Para leer los poemas, véase el siguiente enlace:
***

martes, 8 de septiembre de 2009

Matinal


En medio de una senda,
sentí la voz sonora de unos dragos.
Sentí su dulce savia,
una abundante sangre
que fluye, rumorosa,
en la madera de sus troncos.
La suave luz de la mañana fresca
llenaba de hermosura
la mar, el aire, el monte. Y se me daban
a conocer, manando
de aquella soledad acogedora,
insondables arcanos de la vida.

domingo, 30 de agosto de 2009

A Jesús crucificado

Cristo crucificado, de Francisco de Goya. Óleo sobre lienzo (1780).

Amante universal, que a todos amas,
hoy mis desolaciones te confieso.
En tu grave presencia, me embeleso,
mientras en tu silencio, mudo, clamas.

Incéndiame en la hondura de tus llamas
y acabaré de tal incendio preso.
Ahora que tus pies y manos beso,
anégame en la sangre que derramas.

Bajo tu soledad conmovedora,
descanso, como laso caminante
que en la sombra de un árbol se demora.

Bajo tu amor, universal amante,
alcanzaré las luces de la aurora,
la diáfana pureza del diamante.

domingo, 23 de agosto de 2009

Canción de la mar y el cielo


Sólo deseo, en el remanso
de unas horas de calma,
las olas oceánicas y eternas,
que se van sucediendo
con líquidos fragores,
y saltan, deshaciéndose en espumas,
como libres caballos.

Sólo deseo, en el ambiente
de una mañana soleada,
un ingrávido cielo,
que mis ojos inunde
con suaves esperanzas,
y me guarde, amoroso,
bajo un azul inmenso y delicado.

sábado, 22 de agosto de 2009

Guerra



De arriba abajo: Para eso habéis nacido, aguafuerte de Los desastres de la guerra, de Goya; bombardeo del ejército de Israel sobre Palestina, en el año 2009.


Traigo una rosa en sangre entre las manos
ensangrentadas. Porque es que no hay más
que sangre,

y una horrorosa sed
dando gritos en medio de la sangre.

Blas de Otero, Ángel fieramente humano



Los aviones están sobrevolando
la ciudad insegura,
cuyos largos gemidos
sobresaltan al mundo.
Con aceradas alas,
desgarran los espacios de la aurora.
Y siembran maldiciones,
lanzando bombas, Ícaros de fuego,
que reducen a escombros humeantes
el más durable muro.
En sótanos cerrados,
se esconderá la gente, silenciosa,
hasta que los aviones
se alejen, como sombras, en el viento.

Los soldados celebran
el rito de la sangre,
el triunfo del crimen y la muerte.
Y dejarán su estela:
grandes osarios, desoladas madres.
Sabemos que la historia
es un hilo de sangre derramada,
mas, viéndola de cerca,
sólo caben las voces del espanto.

Naciones agitadas
se consagran al odio,
en su danza de ménades furiosas.
La iniquidad es el mensaje
de todas sus banderas.


Nota del autor: aunque en la entrada aparezca una foto de los bombardeos del ejército israelí sobre Palestina, este poema no se refiere a la lucha entre ambos países. Es un lamento de carácter universal que condena toda guerra.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Canción de la biblioteca


En una biblioteca,
alejados del mundo en una sala,
remanso de silencio,
moran los libros de poemas.
Siglos de versos, deslumbrantes,
años de erudiciones y hermosuras
se esconden en sus hojas, esperando
las manos delicadas
que un día los descubran;
los ojos que leyéndolos despacio,
con moroso deleite,
los salven de la fosa del olvido.
Sin embargo, esos libros de poemas,
en sus estanterías,
duermen un largo sueño.
Descansan, como Lázaro, yacentes,
pero nadie se acerca
a devolverlos a la vida,
salvo yo, que sin ruido los hojeo.

Qué sensación de muerte,
desoladora,
me turba si los miro.
Cuánto me duele, en fin, su desamparo,
el silencio que guardan ante el mundo,
ese mundo insidioso
que los ha abandonado en esta sala,
igual que muebles en desvanes.

Fuera, la vida canta, en los verdores
de un parque soleado,
al que dan las ventanas de la sala.
Rodeando los muros,
bajo el azul purísimo del cielo,
fulgura la belleza.
Jacarandás erguidos
enseñan flores malvas.
Las mimosas descubren
el oro de las suyas.
Lozana yedra sube
el grueso tronco de un laurel umbroso.

El parque soleado
es el triunfo de una luz hermosa,
la apoteosis de la vida,
el suave mes de mayo.
Mas aquí, silenciosos,
en una fría sala,
sólo quedan la muerte y el olvido.

lunes, 3 de agosto de 2009

Los vencejos


En la azotea, desde
la balaustrada, miro los vencejos.
Como negras saetas,
danzan volando, con audaces giros,
en los desnudos áticos del aire.
Y los siguen mis ojos, admirados.
En un espacio libre de fronteras,
en una inmensidad vertiginosa,
ingrávidos, se mecen.

¿Qué leves garabatos
esbozan con sus alas,
afiladas tijeras de las brisas,
en la página azul de un vasto cielo?
¿Qué evanescentes formas, en las tardes,
sus vuelos insinúan,
enlazando sus hilos invisibles?
Mi alma les pregunta, silenciosa,
qué señales me envían,
qué me dicen sus vuelos.
Y sólo me responden,
lejanos en la altura, sus silbidos.

Lamentos elegiacos
de sílfides tornadas en vencejos
lloran la suave muerte
de un sol en el ocaso.

jueves, 30 de julio de 2009

Hay días angustiosos


Hay días angustiosos,
días en que me siento confinado
en mi ciudad angosta,
que muere de su tedio,
que naufraga en su turbia somnolencia.

Ha caído la noche
y salgo de mi casa.
La ciudad es absurda. No hay sentido
en los viejos burdeles,
donde aguardan las jóvenes, sentadas,
a algunos solitarios;
en las sucias tabernas,
donde los bebedores se reúnen;
en los míseros canes y mendigos,
abandonados a la misma suerte.

El cielo está desnudo;
apenas se divisan sus estrellas.
Si mis ojos levanto, sólo veo
melancólicas luces de farolas.
Las calles me susurran
su lamento inaudible, su cansancio.
Sobre las duras losas de una acera,
unos cristales hablan
de fracaso y olvido.
Yacen algunas hojas,
que un viento frío mueve.

Cuánto deseo conciliar el sueño,
en mi lecho calmoso.
Cuánto deseo que la luz del alba
desvanezca las sombras.

martes, 28 de julio de 2009

Indigente


Bajo un puente rugoso
de cemento desnudo,
un mendigo descansa,
vencido por su hastío.
El incansable tráfago de coches
y agobiados viandantes
resuena, escandaloso,
bajo los grises muros donde habita.

¿Quién gastará un efímero segundo,
lanzándole siquiera
una veloz mirada?
Se vuelven todos ciegos,
cuando ven la tragedia silenciosa
de un hombre abandonado.
Y dejan a los náufragos hundirse
en las mareas negras del olvido,
adormeciendo sus inertes almas.

Sólo un mísero perro,
más humano y piadoso que los hombres,
lame las secas manos del mendigo,
con su leal misericordia.
Él, sin duda, conoce
la soledad, el frío, las tinieblas.

Amargas enseñanzas
aprendo, silencioso,
del mendigo y el perro.
En mi alma, confluyen
todas las paradojas de la vida.

Canción de los plátanos


Ombra mai fu
di vegetabile
cara ed amabile,
soave più.

(Nunca fue sombra
de vegetal
tan cara y amable,
tan suave.)

Aria de la ópera Jerjes, de Haendel


Los plátanos, frondosos,
bordean la avenida.
Sus tiernas hojas verdes
relucen bajo el sol de una mañana;
se mueven en los aires.
Sin embargo, la gente no las mira.
Los viandantes se alejan como sombras,
indiferentes, cavilando
sobre miserias vanas.

¿Cómo nuestros sentidos, embargados
en un hastío yermo,
casi no se conmueven
ante unos árboles, tesoros
de luz y de frescura?
¿Cómo la silenciosa tiranía
de nuestra inercia nos somete?
¿Y cómo nuestras horas
regalamos al viento,
tan ciegos, a menudo,
a las súbitas luces de la vida?

Deberían dolernos en el alma,
hasta que al fin abramos nuestros ojos,
la ceguedad oscura,
los helados desaires
a la belleza de este mundo.

miércoles, 22 de julio de 2009

Una ceiba


En los jardines,
ante un muro, se yergue
la centenaria ceiba,
sosteniendo sus ramas,
torcidas y frondosas,
como brazos enormes.
Como una diosa madre,
bonancible, me ofrenda
su acogedora sombra,
su calma inalterada.
Y son mis pensamientos
sus innúmeras hojas,
donde reluce un sol de mediodía.

Ojalá mis canciones
tuviesen la frescura
de sus grandiosas ramas,
la sólida firmeza
de sus hondas raíces.

(Parque Viera y Clavijo, Santa Cruz de Tenerife)

domingo, 19 de julio de 2009

Desgarrando el silencio de la noche


Desgarrando el silencio de la noche,
un can aúlla, solo;
eleva sus gemidos
hacia la sorda luna indiferente.
No sé la casa donde llora
ni los motivos de su angustia,
mas siento, sin descanso,
sus voces, lastimeras y cercanas,
que me roban el sueño.
Todo el duelo del mundo,
envuelto en el sudario
de un oscuro silencio, sobrenada
en sus lamentaciones.

Los cipreses


En el patio sombrío
de lo que fuera antaño
un colegio de monjas,
se elevan los cipreses.
Como sombras delgadas
o mástiles frondosos,
dulcemente se mecen en el viento.
El ábside solemne
de una anciana capilla
emerge de unos muros
como un salmo de piedra silencioso.
Vigorosas, las yerbas
nacen de las junturas
de losas desgastadas.

Ahondan los cipreses
en el fondo del suelo sus raíces,
bajo los sedimentos del pasado.
Noto la soledad que los envuelve
y la angustia difusa
de sus verdes oscuros.
Bajo el azul intenso
del cielo de una tarde,
se elevan como lanzas, dominados
de una melancolía sosegada.
En su madera sufren,
como los hombres en sus carnes,
la débil hermosura de la vida,
la grave certidumbre de la muerte,
una sed insaciable
de sol y trascendencia.

He venido a mirarlos
e imaginar, a solas,
cómo fueron las risas de las niñas
que en su día jugaron,
iluminadas de alborozo,
entre ellos, erguidos
hasta besar el cielo.

(Antiguo Colegio de la Asunción, Parque Viera y Clavijo, Santa Cruz de Tenerife)

jueves, 16 de julio de 2009

A la viola da gamba


(Homenaje a Sainte–Colombe)

Viola da gamba,
eres hermosa y grave.
En tu silencio, duermen
olvidadas canciones,
lejanas y confusas resonancias.

El aire se conmueve,
enseguida que surgen
las vibraciones en tus cuerdas.
Con el arco y sus dedos,
el músico te roba
sones de miel oscura.
Tu madera destila
unas aguas canoras;
un arroyo que suena, lastimoso,
a nieblas y penumbras.

Algunos te llamaron, hace siglos,
imitadora de la voz humana.
Bien mereces elogios,
pues tu voz enamora los oídos.
Con ella, desatando
los nudos del silencio,
un alma se lamenta.

martes, 14 de julio de 2009

Apuntes de Galicia (III)


Del Navia caudaloso
las aguas, bajo un puente,
me llaman sin descanso.
Esas aguas sonoras,
que la luz atraviesa
hasta el fondo del río,
me halagan con su música fluida.
Esas aguas me dicen
que baje a sus riberas,
para que mis oídos
sientan su voz sagrada,
que habrá de confesarme
los arcanos del río.

(Puente sobre el río Navia, aldea de san Martín de la Ribera, Lugo)