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miércoles, 12 de agosto de 2026

Misa negra de cabaret para La Goulue

“La Goulue entrando al Moulin Rouge” (1892).
Óleo sobre cartón de Henri de Toulouse-Lautrec.

(La escena se organiza como un semicírculo de espejos rectangulares dispuestos en vertical, bajo una gran tela carmesí de terciopelo o símil que los cubre. Algunas velas deformes, colocadas en candelabros, lloran lágrimas de cera macilenta. La música desafina adrede, como si los instrumentos emitieran risas distorsionadas. El MAESTRO DE CEREMONIAS —mitad bufón, mitad sacerdote— da comienzo a la misa negra, ante un CORO de personajes variopintos que lo mira con atención y asombro. Todos los miembros de este CORO sostienen copas vacías y cucharillas de postre, como si esperasen el momento de que se les sirviera una bebida. A sus pies, aparecen varias botellas de champán o cava. Cerca del MAESTRO DE CEREMONIAS, en el suelo, puede verse un par de zapatos femeninos de color carmesí, viejos y gastados en innumerables noches de baile. En el centro de la escena, una mesa camilla, cubierta del todo con un tapete del mismo color, ejerce de altar improvisado.)

I. INVOCACIÓN DEL VIENTO DE TULES

MAESTRO DE CEREMONIAS.–¡Que emerja la noche como un corsé rasgado!
¡Que suban los aromas penetrantes
de gélido champán y sulfúricos besos!
Hoy no rezaremos a santos moribundos.
Hoy convocamos a La Goulue,
sacerdotisa de la pierna alzada,
Venus alegre que ejecuta al hastío.

(El CORO de personajes variopintos hace tintinear sus copas vacías golpeándolas con las cucharillas, como una suerte de percusión jubilosa.)

CORO.–¡Sube tu falda, soberana limpia!
¡Voltea la tersa luna bajo tu muslo!
¡Danos el perfume de la catarsis!

II. CONSAGRACIÓN DE LOS ZAPATOS BAILARINES

(El MAESTRO DE CEREMONIAS recoge del suelo el par de zapatos viejos y los coloca sobre la mesa camilla.)

MAESTRO DE CEREMONIAS.–Benditos sean estos zapatos de gala,
que rozaron el éxtasis humano.
Benditos los talones sangrantes,
benditas las suelas deshechas en los carnavales eternos.
Que el ánima de la absenta los unja
con su líquido fuego de malaquita.

(El MAESTRO DE CEREMONIAS vierte una copa de absenta sobre los zapatos mientras suena una melodía lejana de acordeón. Los actores del CORO recogen las botellas del suelo y comienzan a servirse champán o cava en sus copas.)

CORO.–¡Haz de nuestros pasos un huracán!
¡Haz de nuestras rodillas una sinfonía decadente!

III. LITURGIA DEL MUSLO VOLANTE

(La tela de terciopelo carmesí colocada al fondo se levanta sobre la escena, dejando el semicírculo de espejos al descubierto.)

MAESTRO DE CEREMONIAS.–Este es el velo de la gran locura.
Bajo su transparente sombra,
no se conoce el pecado,
ni el oprobio,
sino la carne sedienta de sol verde.

CORO.–(Con júbilo, alzando sus copas) ¡Gloria a ti, majestuosa cadera!
¡Gloria a ti, muslo que enojaba al paraíso!
¡Gloria a ti, sirena del escándalo danzante!

IV. COMUNIÓN DEL BESO ROBADO

(Los actores comienzan a beber de las copas y se besan en las mejillas y en los labios, sin distinción ni juicio.)

MAESTRO DE CEREMONIAS.–Tomen y besen, cual ella besaba los aires a saltos.
Gocen del vino y de la risa;
no dejen que el mundo se pudra con santa decencia.

V. CÁNTICO DEL CARNAVAL INFINITO

(Se apagan las luces de la escena, salvo un foco rojo tambaleante. Todos giran danzando un vals inarmónico, descompuesto, liberador.)

TODOS.–(en coro creciente) Sabia Goulue,
reina de los noctámbulos difuntos,
enséñanos cómo se muere bailando,
cómo se matan los días a carcajadas,
cómo se resucita al abrigo de las farolas.
Amén,
amén...
¡amen hasta lo más imposible!

(Se termina la ceremonia con una eclosión de carcajadas, besos robados, saltos y música fragmentada, como un carnaval de ruinas inmortales.)


Nota del autor: La Goulue (nombre artístico de Louise Weber, 1866–1929) fue una famosa bailarina francesa del cabaret Moulin Rouge, que se convirtió en un símbolo de París durante la Belle Époque. Se hizo célebre por popularizar el cancán con su estilo provocador, su carisma escénico y sus actitudes transgresoras. Fue retratada en varias ocasiones por el pintor Henri de Toulouse-Lautrec. Su apodo, que significa “la glotona” en francés, alude a su hábito de beberse las copas de los clientes durante sus actuaciones.

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