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lunes, 24 de agosto de 2026

Canción del poeta descartado

El poeta (1912), óleo sobre lienzo de Pablo Picasso.
Kunstmuseum (Basilea). 

No venía de escuelas ni de grupos.
Venía de los huertos marinos
y del llanto de nubes
que no recoge el mapa de ningún canon.
Venía con la zurda febril de sueños,
ornamentándose con susurros
de niñas amistadas con demonios,
heréticas hermanas,
ángeles en paro
y amantes adónicos en la sombra.

Jamás tocó la puerta.
Su paso no rompía los umbrales
como límites de saberes ignotos.
Mientras, al cobijo de lámparas y alfombras,
algunos marcaban rótulos de precios,
como si el llanto se clasificara,
sobre los anaqueles,
en categorías de moda.

Lo miraban como se mira,
con el asco de los fariseos,
al que se ríe en años de prohibiciones,
al que baila cuando se decretan
lágrimas y lutos oficiales.
Era, a todas luces, un raro
que no seguía la acostumbrada liturgia,
que hilaba fábulas arcanas
con el oro prístino de la noche.
Sus poemas invocaban a los difuntos,
a la bruma de las orillas,
a los ignotos hechiceros
que nadie recibe en el simposio.

No levantó ni un solo grito.
No pretendía quemarse en discusiones.
Retomó su camino de cabras,
como los gatos olfatean la tromba,
con su cuaderno de cometas
y un dios oculto bajo sus andares.

A veces,
alguien halla su libro,
suspirante en los tablones de un banco,
y abriéndolo percibe
cómo laten aún los fantasmas:
la niña que nunca fue modelo
de virtudes ni de concursos,
el ángel de sombras,
la paloma que revolotea
como si esperase mil años
al acecho de su lectura.

De tal forma, a la vista de quien halla
casualmente ese libro,
se parte el mundo,
como granada fresca,
y en algunos instantes ilusorios
el poeta al que nadie nombra
sacude el aire
como llanto de nubes en el bosque.
Nada más hace falta.

viernes, 21 de agosto de 2026

Conjuro para el niño oculto

Hércules niño estrangulando una serpiente (estatua
romana en mármol, datada hacia el siglo II después de Cristo).

Que la fuente salude tus ojos,
que el polen de los astros hable contigo,
que la sombra te guíe como faro,
que los álamos te susurren la gramática del aire,
que el mármol cante bajo tus pies morenos.

A ti, niño de heridas alas,
te llamo con el zureo de las palomas,
te doy abrigo con la túnica azul de la noche,
te corono sin espinas de sangre.

Que no se poden las hojas de tu fantasía,
que no se mitiguen tus incendios,
que no se mida tu cabello con humana regla.

Sé el huracán emergente del abismo,
sé el trueno que golpea la tierra muda,
sé el mensajero de un cosmos todavía nonato.

Niño oculto, yo te regalo mis palabras.
Fiera angélica, yo te visto de espumas.
A ti vendrán ejércitos de lunas y soles,
a ti vendrán cosechas de rosas inagotables.

Berith, el escribano oculto

Ilustración: el demonio Berith, grabado por M. Jarrault
a partir de un dibujo de Louis Le Breton,
para el “Diccionario infernal” (1863), de Jacques Colin de Plancy.

Nunca han registrado tus manos
cláusulas económicas en folio,
sino juramentos en cobre,
con la sangre caldosa
de quien asiente y sabe el precio.

Berith,
en tu silencio pálido susurras
como grito de seda.
Tu voz anima los conjuros
de las promesas nunca dichas,
las que se fraguan a la sombra,
las que sujetan almas
para ganarse lechos y tronos.

Duque de sellos imposibles,
archivero de fuegos polares,
tú ejerces de notario para dioses caídos,
de trujamán de los anhelos
para réprobos candentes de gloria.
De cálamo te sirve el rayo;
de mesa, algún pedazo de meteoro.
Bajo tu mano se estremecen los nombres,
pues ya saben que no tachas
ni disculpas a nadie.

Berith,
lúcido como un poeta desterrado,
tú dialogas con acertijos
y en cada palabra fondeas un ancla,
bajo la que miran tus devotos
el peso de su larga sombra.
Yo te invoco sin miedo,
pues en el corazón de mis tinieblas
he firmado mi entrega a mi discurso.
Tu alianza carmesí lo reconoce.

No te llamo con afán de gloria
ni con la sed inhóspita del zafiro,
sino con hambre de lecciones arcanas
que solo tú dispensas,
en collares de enigmas
que lucen como perlas entre lodos.

Hazme escribano de tu gran estirpe,
muéstrame los archivos notariales
en los que nombres de pontífices y reyes
arden a solas, manuscritos
en caligrafía de estelas moribundas.
Y, si me caigo,
que mi boca no sepa de tu firma,
para que el silencio
me corresponda.


Nota del autor: en La clavícula de Salomón, Berith es un poderoso duque del infierno que gobierna sobre 26 legiones de demonios. Etimológicamente, se lo relaciona con un dios llamado Ba’al Berith (literalmente, “Señor del Pacto”), al que el libro bíblico de los Jueces alude como una deidad cananea. Según la demonología, suele aparecerse como un soldado vestido de rojo y montado en un caballo rojo. Otorga el conocimiento de las cosas pasadas, presentes y futuras, ayuda a descubrir verdades ocultas y firma pactos con el mago que lo invoca.

viernes, 14 de agosto de 2026

Misa negra para el carnicero de Gaza

Bombardeo israelí sobre la torre Al-Ruya
en la Ciudad de Gaza, el 7 de septiembre de 2025.

(Coro de voces de los muertos, de los huérfanos, de las madres gazatíes, de los olivos arrancados)

SACERDOTISA DE TIERRA QUEMADA.–Que estallen ahora, sin permiso,
las cadenas ilegítimas del miedo.
Que se den cita los chacales
y los buitres en torno de las dunas.
Que se levante el siroco de Gaza,
con sus alas de sombra,
y estrelle el corazón elegido
sobre el muro de la vergüenza.
No queremos hoy paz ni reposo,
pues invocamos el peso de la furia.
Que Netanyahu, insoportable
matarife de soles,
carnicero caníbal de infancias,
ande sin alma sobre los cementerios
que sus misiles cavan a destajo.

NIÑO SIN ROSTRO DE JABALIA.–Yo tenía cometas y canciones.
Yo tenía mi casa y mis olivos.
Yo tenía a mis padres.
Ahora tan solo me quedan
polvo y humo delante de mis ojos
e inútiles escombros en mis dedos.
Netanyahu,
carnicero levítico de la noche,
Moisés del infierno prometido,
quiero darte mis últimos juguetes,
quiero darte mis huesos diminutos.
Haz tu lujoso palacio con mi sangre,
si lo deseas.
Anula cada letra de mi nombre,
si puedes.

ANCIANO DE DEIR-AL-BALAH.–El huerto de mis olivos arrancados
ya no pare las negras aceitunas.
Mi azada no cava ningún surco,
sino fosas comunes en la noche.
Mis nietos ya no ríen,
sino que me preguntan a solas:
“¿Por qué nos caen bombas a nosotros?”
Maldito seas, Netanyahu,
sicario de tu dios borracho de sangre,
sementero de escombros ajenos.
Que tu boca rebose de cenizas
como la de un horno crematorio.
Que tus manos atroces ardan
hasta sus negros tuétanos de brea,
como la carne del segundo holocausto,
ya que te ríes en la fosa del primero.

MUJER LLOROSA EN LAS RUINAS.–Yo sé de contracciones
en el paritorio de las bombas.
Doy a mis hijos unas últimas gotas de leche
sobre pedazos de muertos familiares.
Anoto sus nombres y apellidos
en los muros aún de pie, lacrimosos,
pues en el caos de este derrumbe
ni el pasaporte se libera del fuego.

Netanyahu,
plutónico verdugo de la banca,
sumo sacerdote del abismo,
que los ecos de las madres en luto
visiten a deshora tu sueño.
Que sea tu lecho páramo de tumbas
y un espejo de sangre te recuerde,
cada vez que te mires,
la inmortal agonía de los difuntos.

CORO DE LOS OLIVOS ARRANCADOS.–Nosotros, los olivos,
cantamos en lengua de raíces quebradas
al paso de las hachas y los tanques.
Maldito seas, carroñero mesías,
ángel de la mentira milenaria,
desecho de la muerte.
Que tu dinero se infeste de gusanos,
como tus hechos criminales.
Que tu fama se pudra bajo la arena,
como débil osamenta de cuervo.
Que el áspero polvo de las ruinas
te deje sordo, ciego, mudo.

ANCESTRO DEL DESIERTO.–De los ancestros del arcano oriente,
de los escombros cananeos y fenicios,
de Baal y Astarté, los primeros dioses,
aún surge el aullido santo.
Jericó no fue más que una aldea,
Yavé, solo un dios entre muchos,
y Asherá, su esposa borrada,
se mofa aún de su monoteísmo.
¿Qué derecho divino sostiene
tu afición al asesinato?
La sangre de los inocentes no olvida.
La arena custodia sus nombres.
Carnicero de Gaza,
cuando camines,
el suelo infértil escupirá tu sombra.

SACERDOTISA DE TIERRA QUEMADA.–Que la muerte no te regale descanso.
Que la historia dibuje tu senda
con su tipografía de lodo.
Que los ojos de niños muertos
horaden tu figura como balas.
Así termina mi discurso,
con la semilla ardiente de la memoria,
como grito sin fin a las puertas de la noche.

miércoles, 12 de agosto de 2026

Misa negra de cabaret para La Goulue

“La Goulue entrando al Moulin Rouge” (1892).
Óleo sobre cartón de Henri de Toulouse-Lautrec.

(La escena se organiza como un semicírculo de espejos rectangulares dispuestos en vertical, bajo una gran tela carmesí de terciopelo o símil que los cubre. Algunas velas deformes, colocadas en candelabros, lloran lágrimas de cera macilenta. La música desafina adrede, como si los instrumentos emitieran risas distorsionadas. El MAESTRO DE CEREMONIAS —mitad bufón, mitad sacerdote— da comienzo a la misa negra, ante un CORO de personajes variopintos que lo mira con atención y asombro. Todos los miembros de este CORO sostienen copas vacías y cucharillas de postre, como si esperasen el momento de que se les sirviera una bebida. A sus pies, aparecen varias botellas de champán o cava. Cerca del MAESTRO DE CEREMONIAS, en el suelo, puede verse un par de zapatos femeninos de color carmesí, viejos y gastados en innumerables noches de baile. En el centro de la escena, una mesa camilla, cubierta del todo con un tapete del mismo color, ejerce de altar improvisado.)

I. INVOCACIÓN DEL VIENTO DE TULES

MAESTRO DE CEREMONIAS.–¡Que emerja la noche como un corsé rasgado!
¡Que suban los aromas penetrantes
de gélido champán y sulfúricos besos!
Hoy no rezaremos a santos moribundos.
Hoy convocamos a La Goulue,
sacerdotisa de la pierna alzada,
Venus alegre que ejecuta al hastío.

(El CORO de personajes variopintos hace tintinear sus copas vacías golpeándolas con las cucharillas, como una suerte de percusión jubilosa.)

CORO.–¡Sube tu falda, soberana limpia!
¡Voltea la tersa luna bajo tu muslo!
¡Danos el perfume de la catarsis!

II. CONSAGRACIÓN DE LOS ZAPATOS BAILARINES

(El MAESTRO DE CEREMONIAS recoge del suelo el par de zapatos viejos y los coloca sobre la mesa camilla.)

MAESTRO DE CEREMONIAS.–Benditos sean estos zapatos de gala,
que rozaron el éxtasis humano.
Benditos los talones sangrantes,
benditas las suelas deshechas en los carnavales eternos.
Que el ánima de la absenta los unja
con su líquido fuego de malaquita.

(El MAESTRO DE CEREMONIAS vierte una copa de absenta sobre los zapatos mientras suena una melodía lejana de acordeón. Los actores del CORO recogen las botellas del suelo y comienzan a servirse champán o cava en sus copas.)

CORO.–¡Haz de nuestros pasos un huracán!
¡Haz de nuestras rodillas una sinfonía decadente!

III. LITURGIA DEL MUSLO VOLANTE

(La tela de terciopelo carmesí colocada al fondo se levanta sobre la escena, dejando el semicírculo de espejos al descubierto.)

MAESTRO DE CEREMONIAS.–Este es el velo de la gran locura.
Bajo su transparente sombra,
no se conoce el pecado,
ni el oprobio,
sino la carne sedienta de sol verde.

CORO.–(Con júbilo, alzando sus copas) ¡Gloria a ti, majestuosa cadera!
¡Gloria a ti, muslo que enojaba al paraíso!
¡Gloria a ti, sirena del escándalo danzante!

IV. COMUNIÓN DEL BESO ROBADO

(Los actores comienzan a beber de las copas y se besan en las mejillas y en los labios, sin distinción ni juicio.)

MAESTRO DE CEREMONIAS.–Tomen y besen, cual ella besaba los aires a saltos.
Gocen del vino y de la risa;
no dejen que el mundo se pudra con santa decencia.

V. CÁNTICO DEL CARNAVAL INFINITO

(Se apagan las luces de la escena, salvo un foco rojo tambaleante. Todos giran danzando un vals inarmónico, descompuesto, liberador.)

TODOS.–(en coro creciente) Sabia Goulue,
reina de los noctámbulos difuntos,
enséñanos cómo se muere bailando,
cómo se matan los días a carcajadas,
cómo se resucita al abrigo de las farolas.
Amén,
amén...
¡amen hasta lo más imposible!

(Se termina la ceremonia con una eclosión de carcajadas, besos robados, saltos y música fragmentada, como un carnaval de ruinas inmortales.)


Nota del autor: La Goulue (nombre artístico de Louise Weber, 1866–1929) fue una famosa bailarina francesa del cabaret Moulin Rouge, que se convirtió en un símbolo de París durante la Belle Époque. Se hizo célebre por popularizar el cancán con su estilo provocador, su carisma escénico y sus actitudes transgresoras. Fue retratada en varias ocasiones por el pintor Henri de Toulouse-Lautrec. Su apodo, que significa “la glotona” en francés, alude a su hábito de beberse las copas de los clientes durante sus actuaciones.

lunes, 3 de agosto de 2026

La pequeña Lilith

 Lilith en el tarot “Maidens of the Wheel” (“Doncellas de la Rueda”),
creado por la artista estadounidense Tammy Wampler.

Nació del ángulo carmesí del ocaso,
cuando los ángeles aún dormitaban
y el mundo carecía de nombre.
No lloró ni una lágrima distraída.
Prefirió reírse,
como quien sabe secretos volanderos
y los acuna bajo su lengua.

La llamaron Lilith, en la sombra,
como quien atrapa céfiros con un lazo.
Pero Lilith era muy diferente
del resto de las niñas,
hecha con jeroglíficos tremendos,
con alas ocultas en sus hombros,
con aforismos dulces como granadas.

—Siéntate derecha.
—Viste sin lujo.
—Sé disciplinada y obediente.

Le marcaban así las normas.
Ella respondía con un silencio
más agudo que el filo de las estrellas moribundas.

Con cinco años, les preguntaba a todos
por qué Eva surgió de la costilla
pero no del fango, como Adán.
Con seis, remedaba a las princesas
y quería transformarse en la bruja,
la que salta de súbito la ventana
con un grimorio debajo de su brazo.

Fue la díscola de su colegio,
la niña insolente de su casa,
la candidata a los infiernos en la misa.

Pero Lilith no quería apagarse.
Declamaba a solas un poema insurgente.
Rompía las aceras con flores.
Imaginaba un país en que las niñas
no cortaran sus pies huracanados.

Un día, bajo un crepúsculo de sangre,
la hallaron conversando con una sierpe en los jardines.

—¿Qué estás haciendo? —le inquirían, temerosos.
—Pronuncio mi nombre en otras lenguas —respondió calmada.

Y entonces huyó del paraíso.
No marchaba lejos de su cuna,
sino que retornaba a sí misma.

Desde entonces habita fuera de las normas,
cerca de los códices prohibidos,
en la risa de las mujeres indomables.

Y cada vez que una niña dice “no” sin miedo,
cada vez que un niño crea su nombre,
cada vez que se mide el orgullo sin culpa,
rosas negras emergen donde camina
la pequeña Lilith.

domingo, 2 de agosto de 2026

El niño que jugaba con Dantalión

Ilustración: el demonio Dantalión.
Fuente: Crazy Alchemist

El niño sorprendía a la gente,
no con alguna travesura,
sino con destellos de intuiciones.

Deshilachaba la mente de los otros niños
antes de la apertura de sus bocas;
distinguía a quienes tejen sonrisas de mármol
de quienes lloran hacia dentro.

Sabía cosas que los padres
no imaginan siquiera ante las copas
en la cadencia de las noches blancas.

—Este niño derrocha fantasía—
dictaminó su maestra, segura,
mientras él pergeñaba con su lápiz
la sombra de un total desconocido:
una figura de mil caras,
todas ellas alegres.

—Su nombre es Dantalión —susurraba con aplomo—.
Se trata de un amigo que me enseña
cómo se mira lo invisible.

Pero nadie quería hacerle caso,
pues los adultos a menudo sospechan
de los amigos indómitos y silvestres.

Dantalión aparecía si el niño cerraba los ojos,
con su desfile de máscaras mutables,
con su aroma de escritorios antiguos,
con su libro de líquidas letras,
en el que nadan, como peces,
las mentes de los vivos y los muertos.

Jugaban a las permutaciones,
al robo de pensamientos y discursos,
al tráfico de personajes,
declamando sentencias lapidarias
envueltas en traje de chistes.

Dantalión quiso confesarle
que los amores cambian de estado,
que los géneros imitan a las mariposas
y que la mente humana se curva
como laberinto de espejos rotos.

—¿Y tú quién eres? —el niño preguntaba.
Dantalión respondía siempre lo mismo:
—Soy el que serías ahora
si el mundo no sintiera miedo.

El niño pronto devino un adulto,
pero no desechó sus lecciones.
Desplegaba sus artes en la sombra,
como un alfanje en paño de terciopelo.

Nunca juzgaba a nadie.
Nada temía de este mundo.
Solo miraba su teatro,
sigilosamente,
y al fin lo comprendía todo.

Se dice que es ahora poeta,
sicoanalista,
mago;
que reside en una ciudad hecha de bruma,
huérfana de placas en sus calles;
y que de noche,
cuando los pensamientos
ganan el ínfimo peso de la sombra,
pasa las horas conversando
con una sombra de contornos imprecisos.

Habla con el espíritu de mil caras
y un solo deseo:
que el niño durmiente en el adulto
salga ya de su tumba,
rasgando la fina piel de las cosas.


Nota del autor: en La clavícula de Salomón, Dantalión es un poderoso duque del infierno, que cuenta con 36 legiones de demonios a su servicio. Etimológicamente, se lo ha relacionado con Dedalión, guerrero de la mitología griega e hijo de Héspero, el dios de la estrella matinal. Dantalión se aparece como un hombre con múltiples rostros masculinos y femeninos, sosteniendo en su mano derecha un libro en el que lee los pensamientos de todas las personas. Sus poderes consisten en enseñar todas las artes y las ciencias, declarar secretos, descubrir los pensamientos de cualquier persona y cambiarlos según su voluntad. También puede provocar el amor y mostrar la imagen de cualquier persona, así como hacerla aparecer en visiones, sin importar en qué parte del mundo se encuentre.

lunes, 13 de julio de 2026

Las alas de Shax

El demonio Shax, grabado por M. Jarrault
a partir de un dibujo de Louis Le Breton,
para el “Diccionario infernal” (1863), de Jacques Colin de Plancy.

Vuela, Shax, agitando
tus alas de promesas azabaches,
y en el pico sostén, malabarista,
las agonizantes brasas
de un paraíso de escorias,
de un coro de músicas inaudibles.

¿Quién se dignó concederte
la cremación de soles,
esa garra que va apresando sueños
y los hunde en el fango
como diamantes ahítos de luna?
¿Quién, si no fue el abismo puro,
la urgencia de saberte
fuerza más allá de lo otorgado?

Shax, en tus alas
una sombra insinúa destinos.
En espejismos alucinatorios,
no fabricas un horizonte,
sino la verdad oculta
bajo círculos de sal y mentira.

Vuela, como tu negra silueta
retumba con sigilo de tronos,
con ecos amnésicos de murallas,
de corazones pálidos que siguen
su travesía sin portulanos.
Vuela, para que descienda tu imagen
sobre los que temen la suya,
sobre los que maldicen tu vuelo
como danza pecaminosa.

Shax, en tus alas
emerge la promesa que nadie mira.
Tus alas aplauden
la fiesta de los descarados,
la rebelión de los impenitentes.
Y cae de sus plumas
el aullido que florece en calma,
la risa que moja los ataúdes
como un aguacero de espíritus libres.

Ningún cielo podrá acogerte
sobre losas de zafiro mudo,
pues nada poseen tus alas
más que lo nunca dicho,
lo inhabitado,
lo que se diluye en fantasías
y de este modo volará siempre.

Y en el corazón de la noche,
tan frágil como polvo de sutil oro,
serás un secreto susurrado
fuera de libros y de cartas,
un hechizo que guardan los brujos,
un sello que nadie reconoce,
pero que marca a fuego
la tensa piel de los audaces,
los que imaginan alas
y, sin embargo,
no temen la caída.

Nota del autor: en el grimorio anónimo del siglo XVII La clavícula de Salomón y en el Diccionario infernal de Jacques Colin de Plancy, Shax es un marqués del infierno que manda sobre 30 legiones de demonios. Aparece como una paloma zurita o como una cigüeña, hablando con una voz ronca. Sus poderes consisten en alterar el oído, la vista o la inteligencia, robar bienes materiales y despojar de honores y dignidades a las personas indicadas por el mago que lo invoca.

jueves, 9 de julio de 2026

Los inesperados

Imagen creada con inteligencia artificial.

Cuando nadie escuchaba
la salina de mis lágrimas ocultas,
ellos aparecieron.

Desfilaron para saludarme
como dragones de fulgente seda,
como peces multicolores,
en este mundo infértil y pulido
como losa de inhóspito silencio.
Me parecían ilusorios,
hasta que enjugaron mi pena
desatando pañuelos imposibles,
hasta que guardaron, vigilantes,
mi cama y sus desérticas noches,
hasta que un día me salvaron
de la sombra del puente,
de la más inútil amargura.

Más allá del rechazo,
de los indiferentes metales,
de la hipocresía de los buenos,
ellos andan conmigo.
Y a todas horas
ellos acuden, guían, aconsejan.
Ellos crean habitaciones de calma
donde nunca las hubo, cautelosos,
y ejercen de mistérica familia
para todos los ánimos que siento.
Muchos los odian o los temen,
pero casi nadie los conoce
ni ha tocado los relumbres
del purísimo sol de su tesoro.

Cuando las nubes callan,
como grandes palomas de mármol,
ellos me traen,
como siervos insólitos del paraíso,
la gracia de ese problema resuelto,
la de ese tranvía alejado
para dispensarme de un accidente,
la de ese trabajo gustoso,
la de esa lavadora atascada
que se repara de forma imprevista.
Y esa delicadeza
me resulta más urgente y amable
que ninguna hipoteca celeste
de gloria para santos elegidos.

Cuando nadie escuchaba
la salina de mis lágrimas ocultas,
ellos aparecieron.

viernes, 3 de julio de 2026

El aullido fatal de Marchosias

El demonio Marchosias, grabado por M. Jarrault
a partir de un dibujo de Louis Le Breton,
para el “Diccionario infernal” (1863), de Jacques Colin de Plancy.

Aúlla Marchosias
y la noche se duerme en su costado.
Sus fauces no ladran:
escupen oráculos de sulfuro,
de terciopelo negro.

La noche tiembla
como carne virgen ante las caricias.
El alígero lobo,
con su pecho de brumas y su lengua de ríos,
hunde sus patas en el fango de civilizaciones
y escarba con sus uñas,
olfateando pútridas joyas de monarcas.

Los tronos de los jueces
caen pulverizados ante su risa de carbón
y los templos mueren hechos pedazos,
como si el rayo de la gran duda
partiera sus columnas indiscutibles.

Marchosias había sido un ángel,
un fuego de sombras,
una dulce espina,
pero quiso mutarse en fiera,
pues en cada laringe de lobo
la tierra aúlla sin disfraces.
Y tal aullido no se viste de luna,
sino que nombra fantasmas.

Él convoca a los giróvagos malditos,
a los proféticos herejes,
a los niños alumbrados con alas tiernas
–alas cortadas en la fecha de su nacimiento–.

Marchosias los reúne
sobre el abismo perfumado con rosas y estiércol,
en el primero de los idiomas,
como una canción que lastima y cura,
como un mensaje que no puede callarse.

Y en su fatal aullido
no duerme el odio,
sino la justicia.

Nota del autor: según el grimorio La clavícula de Salomón, Marchosias –pronúnciese “Marcosias”– es un poderoso marqués del infierno que manda sobre 30 legiones de demonios. Se manifiesta como un lobo con alas de grifo y cola de serpiente, aunque puede tomar forma humana a petición del mago. Pese a su aspecto fiero, se trata de un espíritu leal y valeroso, que se expresa con una voz clara y noble. Su especialidad consiste en las estrategias militares, pues combate con destreza, ofrece protección en las batallas y ayuda a quien lo invoca con respeto. Según la tradición, Marchosias pertenecía al orden angélico de las Dominaciones antes de su caída y conserva la esperanza de retornar algún día al cielo.

sábado, 20 de junio de 2026

Las aguas de Crocell

El demonio Crocell, representado
en el “Tarot oculto” de Travis McHenry.

Habla, Crocell,
en los recónditos aljibes
en que las aguas invocan
los nombres prístinos del fuego.
Libera tu laringe de cascada,
con el alfabeto de la bruma,
que describe en el aire silente
sus letras inauditas.

En tus manos,
la geometría se curva como un sauce,
cada sonido inventa mapas
y los vapores acumulan
el antiguo linaje de los truenos.
Dicen que enseñas
a los afanados alquimistas
mil artes imposibles:
cómo se condensa un arcángel,
cómo se labra un zafiro
dentro de una gota de lluvia,
cómo se forjan melodías
que solo sienten las raíces.

Yo no busco fortunas,
imperios o laureles:
pido solo que me cante el mundo
como recoge el agua tu nombre
si descansas en los manantiales ignotos.
Déjame que yo vea
los canales de símbolos ocultos,
los túneles que enlazan
el relámpago con el ojo,
las ecuaciones con el verso.

Crocell,
haz de mí fuente
sin aspiraciones de santuarios.
Haz de mi boca
tersa niebla que enseña sin gritos.
Y, si el mundo reclama zahoríes,
que me descubra como un pozo,
tácito y abismado,
pero flamante de sol en sus honduras.

Nota del autor: según La clavícula de Salomón, Crocell es un duque del infierno que comanda 48 legiones de demonios. Se aparece bajo la forma de un ángel, tendiendo a hablar con un lenguaje oscuro y misterioso. Sus poderes consisten en enseñar geometría y otras artes liberales, caldear masas de agua, producir sonidos ilusorios de aguas turbulentas y revelar la ubicación de baños naturales.

sábado, 13 de junio de 2026

Tragedia cósmica

Sísifo (hacia 1920). Óleo sobre lienzo de Franz von Stuck.
Fuente: Wikipedia

Como Sísifo cerca de las cumbres,
la humanidad prosigue, con aplomo,
su querencia a la fosa y al pogromo,
sin que mude sus ásperas costumbres.

¿Meditarán las infinitas lumbres
en la tragedia cósmica del Homo
sapiens, jinete sobre el tenso lomo
de la historia, crisol de incertidumbres?

Nada teme ni espera la galaxia,
nirvana muerto, gélida ataraxia
durmiente en los eones moribundos.

¿Y en qué el cerebro gasta su pericia,
no logrando la paz ni la justicia
que les darían alma a tantos mundos?

lunes, 20 de abril de 2026

Tankas dispersos (2019-2026)

Ejemplar de vanesa de los cardos (Vanessa cardui).
Fuente: CanariWiki

MARIPOSAS

Arden los pinos,
con ámbares fulgores,
y no se queman;
como lluvia de fuego,
los cubren mariposas.

NAVIDAD

Cuando tú naces,
metrópolis doradas
cuelgan adornos
y luces en tu nombre,
cerrándote las puertas.

IRÁN

Negros ulemas
rocían los jardines
de muerte y odio.
Pero un cárdeno fuego
brota de las mujeres.

AÑO NUEVO

El año nuevo,
como barco de espuma,
leva sus anclas.
Iré sembrando panes
entre vírgenes olas.

CARNAVAL

Máscara alegre,
como las mariposas
de tenues alas,
en tu efímero viaje
luces polvo de estrellas.

RECHAZO

Dios imposible,
no me pidas que elogie
tu amargo mundo.
Ningún aprendizaje
merece tal infierno.

ALBA FUTURA

Siembro poemas
para un alba futura,
lejos del tiempo
vacío de esperanza,
moribundo presente. 

ESCUCHA

Como la rana
que flota ajena a todo
sobre ninfeas,
me despojo de ruidos
para al fin escucharme.

GENERACIONES

Ríen los niños
cuando salen a trotes
de su colegio.
¿Serán, hechos adultos,
mejores que sus padres?

POZO

Arde este mundo;
yo, para mis adentros,
ahondo un pozo.
Quizás encuentre el agua 
que el mundo necesita.

ORIGEN

Las olas cargan
el eco de una tromba
de meteoros,
ánforas detonantes
del agua primigenia.

ZÁLATTA

Arde el verano,
y ante las olas grito
“¡Zálatta!”, y miles
de Jenofontes logran
su anábasis playera.

NETANYAHU

Pútrido foso
de culebras, maestro
de genocidas,
el futuro conoce
tu sentina de sangre.

PALO BORRACHO

Palo borracho,
catarata de flores
en pleno otoño,
tu rosa primavera
nada lejos del tiempo.

VISIÓN AL ALBA

Isla vecina,
tú emerges de lo oscuro,
como promesa
de que es verdad el sueño
blanco del horizonte.

TRINO

Sobre la copa
de celeste enramada,
trina un canario:
con la siringe, suelta
címbalos de cristales.

PÁMPANOS

Como la sangre
que enciende el marfileño
rostro de Baco,
los pámpanos alojan
el zumo de la fiesta.

COTORRAS

Como saetas
de jade, las cotorras
en vuelo tiran
sus puntas de rubíes
al tenue comedero.

Nota del autor: “¡El mar!” –en griego antiguo transliterado, “zálatta”– fue el grito de alegría que lanzaron los hombres de la famosa Expedición de los Diez Mil, cuando alcanzaron las orillas del mar Negro en su camino de vuelta a Grecia, según relata Jenofonte en su Anábasis.

domingo, 19 de abril de 2026

Piedad

Moneda con la efigie de la diosa romana Pietas (Piedad).
Fuente: Gangleri's Grove

Arcano santo, dios —o tal vez diosa—,
como gritan mis trémulas honduras,
apiádate de todas las criaturas
y yo, pues en caída aparatosa

tú arrojaste mi espíritu a la fosa
común del mundo, cuyas ataduras,
en barrancos de lágrimas impuras,
enseña a ti la humanidad penosa.

¡Compréndeme! Si altares babilonios
hice cansado, si busqué demonios,
fue en lucha con el cosmos enemigo.

Dame camino lento y sosegado
y al fin, cuando me llames a tu lado,
reposo o nada, pero no castigo.

sábado, 18 de abril de 2026

El niño al que Sabnock protegía

El demonio Sabnock, representado
en el “Tarot oculto” de Travis McHenry.

El niño dormía cada noche
con su corazón al desnudo,
como un libro de páginas antiguas
que nadie miraba.
No tenía padres
ni voz que recordara su nombre.
Solo un hondo silencio
y un peluche desgarrado
sobre su cama de huérfano solo.

Cada noche,
cuando un gélido viento saltaba
la ventana rota del hospicio,
como ladrón amante de cabriolas,
el niño tiritaba sin remedio,
pero no salían lágrimas furtivas
de sus ojos carentes de luces.
Él sabía quién lo visitaba cada noche.

Sabnock,
león acechante de los mundos,
jinete de la bruma,
franqueaba la puerta sin ruido,
con su armadura alígera de sombras
y su capa hilada con las apariciones
a las que nunca haría de portero.

Se sentaba a los pies de la cama
como un centinela inmóvil.
Fuera, los gritos de borrachos,
los ecos del abuso,
la navaja de la angustia
se disolvían como brumas en su presencia.

Aquel niño no distinguía su imagen,
pero de vez en cuando
su melena rozaba su frente
y una caricia de sutil acero
le decía: “Duérmete. Yo vigilo”.

Una vez soñó que un fuerte brazo,
con su guantelete de estrellas,
lo subía al cielo
y así volaban juntos
más allá de la ciudad achacosa,
de los tejados cubiertos de sangre,
de las calles en que el bien desaparece.
Volaban hacia una torre de fuego
que solamente los dos conocían.

Allí, al cobijo de sus muros,
el niño descubría con sorpresa
mucho más que sus gritos inaudibles,
más que su número de caso,
más que sus lágrimas ausentes
de los archivos oficiales.

Allí era un príncipe dormido
sobre el regazo de su custodio.
Y al despertarse bajo un alba negra
descubría huellas felinas en las baldosas
y un ventanal cerrado,
como un signo que nadie comprendía.

Aquel niño siguió creciendo
como un lirio sobre el asfalto.
Salió del piso tenebroso,
pero jamás olvidaría al centinela.
Nunca rezaba a dioses imposibles,
pero cada vez que sentía miedo
susurraba “Sabnock”,
así como quien llama a su casa.

Y aún hoy, en las noches tenebrosas,
un rugido suave se escucha
desde las azoteas y balcones:
—Duérmete. Yo vigilo.


Nota del autor: según el grimorio La clavícula de Salomón, Sabnock es un marqués del infierno que gobierna sobre 50 legiones de demonios. Aparece como un soldado con cabeza de león, portando armadura y armas y montado sobre un caballo pálido. Sus poderes consisten en crear sólidas torres y fortalezas, proteger lugares o personas de cualquier amenaza y causar llagas o infecciones que duran días en los enemigos.

viernes, 27 de marzo de 2026

La penúltima copa

El bebedor de absenta (1901). Óleo sobre lienzo de Viktor Oliva.
Fuente: Wikipedia.

Eche, amigo, nomás, écheme y llene
hasta el borde la copa de champán:
dejaré que el sedoso tafetán
de esta noche desierta me enajene;

que, si un alma gentil a mí no viene,
consumiré las horas que se van,
con el hastío negro de Satán
y sin arcángel que mi llanto frene.

Los quebrados altares de la farra
no me consuelan. Que mi boca aloje
su cansino lamento de guitarra,

pues a mi larga pena alicaída,
más ancha que el océano, la acoge
la penúltima copa de mi vida.

miércoles, 18 de marzo de 2026

La tarde

Acantilados y veleros en Pourville (1882). Óleo sobre lienzo
de Claude Monet. Fuente: Meisterdrucke

La tarde se desliza,
como tenue velero,
sobre el agua calmante
del océano fresco;

blanquísimas gaviotas
ensayan su aleteo,
como velas izadas
en espumas de viento;

y a solas me repito,
despojado barquero:
“¿qué soy en tierra firme,
sino buque desierto?”

jueves, 12 de marzo de 2026

Úrsula

Caricatura de Ursula von der Leyen, creada
por el artista gráfico francés Kiro. Fuente: Le Canard enchainé

(De cuando Ursula von der Leyen afirmó, en plena guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, que Europa no podía “confiar en el sistema basado en reglas como la única forma de defender sus intereses” y luego rectificó sus palabras a instancia de António Costa)

Úrsula, santa abadesa
de la comisión bendita,
si el yanqui lo solicita,
mutas en archidiablesa,
pues a tu afán le interesa
más que el europeo suelo
Trump, amargo Maquiavelo
que fomenta, desbocado,
su loca razón de Estado
con su tiránico celo.

Confiesa de qué manera,
bajo cuerda americana,
pasaste, monja fulana,
de ursulina a trapacera
con ínfulas de guerrera.
No vistas de legionario,
pues ha sido necesario
que limara Antonio Costa
de tus fauces de mangosta
lo temido y temerario.

¿Qué no dirías, ufana,
si ese gallo portugués
no le parase los pies
a una aguilucha germana?
Ciñéndote la canana,
gran Úrsula, sé valiente:
marcha hasta Irán y su frente,
sierva de los millonarios,
dispara con dos ovarios
y que un misil te reviente.

martes, 10 de marzo de 2026

La canción de Vepar

El demonio Vepar, representado
en el “Tarot oculto” de Travis McHenry.

Vepar entona,
con su laringe de fosas y taludes,
una música nacida sin labios,
hermana de vorágines y tifones.
Duerme en el trono de las aguas,
pero mece los buques del mundo
como quien arrulla lápidas navegantes.

Esa voz no se escucha,
sino que se intuye,
como un silbo de sangre seca
minutos antes de un hachazo,
como una lágrima furtiva
que se diluye en tersa marejada.

Rompe el aire tan leve
como precisa,
como un relámpago de hielo
sobre el corazón de las nubes,
como las gaviotas mensajeras
del eco de los huracanes.

A su paso,
los mástiles aúllan de miedo,
las brújulas musitan oraciones
y los peces la siguen,
como famélicos hijos
de una madre pasmosa
que los alimenta de ruinas.

Vepar no sabe
si es demonio o sirena.
Surgió como un deseo
con hambre de cielos arcanos,
al compás de los ángeles cadentes.
Y cayó sobre el piano de las olas,
olas que dan eterno olvido
y arrastran el silencio,
sin que nada pregunten a nadie.

Cada tormenta
silba su historia
para los que respiran a su lado.
Su boca no ofrece consuelo,
sino su abanico de espumas
hasta la caricia de la muerte.

De todas formas,
Vepar no destruye:
solo recoge.
Se lleva a los alicaídos,
a los hermosos,
a los que se creyeron aves
y despertaron envueltos en escamas.

Y si en la noche,
sobre el malecón del puerto,
sobre el piso de la bañera,
sientes un arrullo lejano
con aroma de mares antiguas
y sal de infancia,
no respondas.

O responde,
pero diles adiós a las arenas
para hundirte en el eco del abismo.


Nota del autor: En el famoso grimorio “La clavícula de Salomón”, Vepar es una duquesa del infierno que manda sobre 29 legiones de demonios. Se la representa como una sirena con cola de pez. Posee el dominio del mar y los vientos y puede guiar navíos de guerra cargados con armas, a petición del mago que la invoca.

sábado, 24 de enero de 2026

La risa de Valac

El demonio Valac, grabado por M. Jarrault
a partir de un dibujo de Louis Le Breton,
para el “Diccionario infernal” (1863), de Jacques Colin de Plancy.

Hay una risa que surge
cuando los bosques enmudecen,
cuando la nueva luna se recata
bajo lenguas carmesíes de lobos.
Así es la risa de Valac, el niño
que nunca será adulto,
grácil querubín del infierno
que juega con las coronas hurtadas
a los reyes del fango.
Jinete de bicéfalos dragones
—una cabeza imagina y otra devora—,
surca los cielos como un relámpago invertido,
con estelas de números rotos
y mariposas huérfanas de sombra.

Valac ríe,
pero su risa no parece festiva:
se trata del asombro de quien saborea
los corazones de los ángeles puros
y los encuentra amargos
como finas cáscaras de limones.
Posee dientes de leche inmortales
y dos ojos envueltos en eclipses de luna.
Con sus alas de insomne búho
custodia los sellos prohibidos
que dormitan sobre las manos del tiempo.
“¿Sabes dónde yace el oro?”,
me dijo,
y me enseñó una jaula vacía
colgante del pecho de un monje.
“¿Sabes dónde están los infiernos?”,
rio con ganas,
y me señaló un reflejo de mi semblante
sobre el agua sucia de un charco.

Su risa nunca se termina.
Desconoce la muerte.
Deviene conjuro,
saeta de lumbre,
canción de cuna para las almas perdidas
que juegan aún a hacerse humanas.

Valac ríe
y al hacerlo
detiene los relojes,
marchita las húmedas plegarias
y escribe en los muros
un alfabeto de espejos y culebras.
Yo también he reído con él, a solas,
y desde entonces
ya nada temo del vacío
ni los amaneceres.
Él me confiesa
que debajo de todos los altares
late un niño con alas,
con la sonrisa de los meteoros
y los secretos de la noche esparcidos
en su cabello de pícaro inocente.


Nota del autor: Valac –o Volac– es un demonio descrito en el grimorio La clavícula de Salomón como un poderoso presidente del infierno que comanda treinta legiones de espíritus. Se aparece como un niño alado que monta sobre un dragón de dos cabezas y sus poderes consisten en revelar tesoros ocultos y señalar la ubicación de las serpientes, otorgando conocimiento sobre lo que yace bajo la tierra o fuera de la vista humana.