Vistas de página en total

sábado, 19 de julio de 2025

Bael o la noche triforme

 El demonio Bael, grabado por M. Jarrault
a partir de un dibujo de Louis Le Breton,
para el “Diccionario infernal” (1863), de Jacques Colin de Plancy.

Nadie mira su rostro sin quedarse mudo.
Nadie pronuncia su nombre sin multiplicarse.
Bael,
humo sobre un palacio quemado,
gran maestro de las divisiones,
croa como los anfibios
en el espejo negro de la mente.

Se encarna con su traje de niebla,
con su arácnida sombra.
Un día lleva máscara felina,
otro de sapo
y algunas veces,
como rey de corona pesada,
trae silencios que huelen a azufre y jacinto.
Brota de las hendijas de la percepción,
cuando se deslíen palabras como sales
y los relojes caminan hacia la izquierda.
Quien lo invoca
muda su piel antigua.
Quien lo obedece
logra moverse entre los átomos dispersos.

Bael,
criatura de la noche,
maestro de toda alquimia,
tú abres la boca
y entonas el conjuro de las apariencias.
Rey de tres almas,
tríada majestuosa de lo velado,
concédeme el arte de esconderme
sin desapariciones.
Haz de mí un susurro
que suene en las páginas blancas,
un aullido con forma de cueva,
para que lo visiten
los geólogos incautos
y al fin alcancen, como sombras,
el corazón de tu laberinto.


Nota del autor: Bael es el primero de los 72 demonios recogidos en el célebre grimorio del siglo XVII Lemegeton Clavicula Salomonis –conocido popularmente como La clavícula de Salomón–. Etimológicamente, se lo relaciona con el dios cananeo y fenicio Baal. Según la demonología, posee el rango de rey y gobierna sobre 66 legiones de demonios. Aparece con tres cabezas –una de sapo, otra de hombre y otra de gato– y pies de araña. Su principal poder consiste en hacer invisible al mago.

viernes, 4 de julio de 2025

La cerillerita incendiaria

Imagen creada con inteligencia artificial.

(Fábula sobre los poderes del fuego)

La ciudad es un tanatorio
lleno de verticales ataúdes.
Cuelgan sus luces navideñas
como vísceras de neón colorido.
Todos circulan,
sonríen,
devoran
desechos envueltos en papel de regalo.

Mientras, la niña solitaria,
la que nadie mira ni escucha,
la que merodea los rincones del miedo,
pregona cerillas
como quien vende un último poema.
Cada fósforo guarda su latido;
cada chispa, la tumba de su infancia.

Pero, cuando cae la noche,
su pregón se diluye en el viento.
No suplica monedas.
No ve ninguna abuela celeste
ni mesas rebosantes de pan blando.
Esta noche afila sus uñas.
Esta noche sabe que el frío no la mata.
La mata más bien este mundo,
que finge no verla.

Así que enciende la primera cerilla,
lanzándola a una sucursal bancaria
llena de cajeros automáticos.
Y los cajeros, tenebrosos,
arden como los úteros insolentes.
Los escaparates aúllan.
El aire se perfuma de queroseno.
Las cámaras la graban,
pero nunca dirán su nombre.

¿Terrorista?
¿Loca?
¿Santa?
¿Fuego de pies alados?
Ella se ríe.
Le falta un diente.
Le sobra futuro.

Saca la segunda cerilla.
La prende en la cartelería del banco:
“Disfruta de las nuevas hipotecas”.
Danza ahora sin orden
tras la sonrisa del incendio,
con su abrigo ondulante en lo oscuro
como oriflama de piratas.

Las cerillas no caldean.
Son evangelios invertidos,
mínimas profecías
que desatan detonaciones.
Cada cerilla, sin lamentos,
arde en colegios de servidumbres,
en iglesias de culpas,
en casas de las que fue desahuciada.

“¿Por qué lo haces?”,
un policía ruge entre el humo,
con el índice en el gatillo de su pistola.
Pero la niña se defiende
con la tercera y última cerilla,
clavándosela de golpe en sus ojos.
Y le responde:
“Porque el mundo que me niega su abrazo
merece consumirse”.

Y entre el humo se da a la fuga,
dejando su advertencia
marcada con cenizas en las paredes:
“Arden así las niñas que no piden permiso
para quedarse en el mundo”.

Y a raíz de esa noche,
dentro de las urbes elegiacas,
algunas veces,
cuando la farsa navideña aturde
con luces ilusorias,
un alma díscola prende una cerilla
y al momento se ríe.

jueves, 3 de julio de 2025

Beleth o la cabalgata alucinada

El demonio Beleth, según el Tarot oculto
de Travis McHenry. Fuente: Wikipedia

Cabalgas en la demente llanura,
velado con esotérico fuego,
cuando cien altísimos clarines
anuncian tu fama bajo la pálida noche.

Tus caballos no galopan:
arden.
Tus ojos no miran:
horadan.
Tu boca no dice:
conjura.

Beleth,
huyen de ti los arcángeles muertos
y los sabios que nunca han temblado.
Tú llegas con la fiebre y el aroma
de quien desconoce el reposo.

No te bastan almas:
quieres aullidos imposibles,
un espasmo de cuerpos fluviales
como incienso bajo las tormentas.

Haces en toda piel un manuscrito.
Lanzas oráculos en alcobas insomnes,
en lenguas para amantes ocultos,
en heridas que supuran vino dulce
como libación disoluta.

Monarca del vértigo,
pon rosas en la boca del caos,
himnos en la carne estremecida,
clamores jubilosos en las frentes,
ahora que el vacío cosmos arde
pero no se consume.

Beleth,
guíame entre sombras.
Enséñame cómo se danza,
con los ojos envueltos en sedas,
entre el abismo y la apoteosis.

Nota del autor: Según "La clavícula de Salomón", Beleth es un poderoso rey del infierno que gobierna 85 legiones de demonios. Se aparece montado sobre un caballo pálido, precedido por una comitiva de músicos y trompetas. Su especialidad consiste en despertar el amor entre las personas, por lo cual se le invoca en conjuros relacionados con el deseo y la atracción.

miércoles, 2 de julio de 2025

La cigarra y la hormiga

Ilustración: “La cigarra y la hormiga”, grabado
en cobre de Jean-Baptiste Oudry para
las “Fábulas” de Jean de La Fontaine (1755).

“Yo trabajo sin pausas
en la tórrida blancura del estío
—se jactaba la dócil hormiga—,
para no quedarme sin provisiones.
El depósito del hormiguero
siempre me salvará de congelarme”.

“Yo canto —declaró la cigarra—
para que el mundo no sea tumba.
¿Quién alimentará de estrellas
ahí tu leve corazón, hormiga afanosa,
cuando las noches del invierno
se parezcan a la muerte del cosmos?”

No le respondió la cabal hormiga.
Pero más tarde miró su depósito, firme,
con el áspero ceño de los intachables,
y un escalofrío
la atravesó nada más darse cuenta
de que faltaba música bajo los granos.

jueves, 26 de junio de 2025

Macarena

La imagen de la Esperanza Macarena, antes y después
de su polémica restauración. Fuente: Eldiario.es

Mientras la Macarena, con legañas
de cansancio mortal, se desmaquilla,
claman los fieles ante su capilla
y en cólera sacuden las Españas.

Pero nadie conmueve sus entrañas
con el mundo, sombría alcantarilla.
¡Como Gaza un misil, teme Sevilla
que un ídolo se cambie de pestañas!

Da soltura a tus rígidos cabellos
y a tu cara alegría, Macarena.
¡Tu luto se merece cosa buena!

Limpia de moratones y destellos,
mata a la chusma lóbrega de pena...
¡Libérate de infames atropellos!

viernes, 20 de junio de 2025

Flamboyanes

Flamboyanes en Santa Cruz de Tenerife. Foto: Ramiro Rosón

Los flamboyanes, como dulce herida,
cantan el himno rojo de la vida,
gritando loas a un oculto dios.
Arden crecidos, en inerme hueste,
y acicalan sus frondas entre dos
azules: oceánico y celeste.

Ramilletes de globos carmesíes,
piden alas de intrépidos neblíes
para hundirse en alturas atmosféricas.
A la nítida sombra de este cielo,
sus raíces, ingentes y quiméricas,
anhelan desatarse en alto vuelo.

Miro de cerca su canción a coro
y en música de fuego los adoro,
como viento de márgenes marítimas.
Y así mi condición de loco humano
solo quiere, con ansias ilegítimas,
hacerme flamboyán este verano.

martes, 17 de junio de 2025

Carne de cañón

Cañón de la época de la revolución inglesa (siglo XVII), conservado
y expuesto en un museo militar de Budapest. Fuente: Wikipedia

Oiga, póngame usted una ración
de esa carne de cañón
al chilindrón
–.
(Javier Krahe)

La carne de cañón, salpimentada,
se hierve en cacerolas de injusticia,
pues le da a quien la come troceada
mortal hambre de caos y codicia.

Nunca falta la boca desalmada
que la juzga satánica delicia,
pues en guerra total, acribillada,
parece mucho más alimenticia.

Carniceros indómitos la fríen:
¿habrá acaso cuchillas que vacíen
sus nucas en patíbulos, aviesas?

Al fin, si tanta bomba arrasa todo,
si la historia se cuece de tal modo,
no quedarán carnívoros ni presas.