Vistas de página en total

lunes, 9 de marzo de 2020

Monarquía

El comisionista Juan Carlos de Borbón baila con la cortesana y agente de negocios Corinna Larsen.

La reina de comisiones,
Corinna, vio la manera
de que su amante le diera
sesenta y cinco millones,
por sus reales Borbones,
y dijo que se trataba
de regalos que mandaba
sin ella solicitarlos,
pues al divino Juan Carlos
ni un céntimo le cobraba.

¿De qué milagros venía
semejante millonada?
La causa fue demostrada:
la saudita monarquía
de golpe se enriquecía,
con las hábiles gestiones
de sus amigos Borbones,
y de cuanto negociaba
su parte el rey se cobraba
con jugosas comisiones.

¡Oh, qué rey tan generoso
para los necesitados!
¡Vaya negocios privados
alimenta un lujurioso!
Que el pueblo menesteroso
descubra su hipocresía,
con esta sátira mía
que resumo y simplifico:
si quieres hacerte rico,
inventa una monarquía.

miércoles, 4 de marzo de 2020

Canción

Amor entre cíborgs. Fuente: Wallpaper Flare

(El cíborg se queja del abandono de su amante)

Destello de la noche,
mi fúlgido tesoro,
mi ardiente meteoro
lleno de claridad,
¿ahora tú me dejas
herido, con mis quejas,
enfermo y solitario,
negándome piedad?

Mis lágrimas consumen,
frías como los mares
de páramos lunares,
mi rostro sin maldad;
y, ahora que mi suerte
me recuerda a la muerte,
¿me dejas entre sombras,
negándome piedad?

En sus reinos arcanos,
el espacio infinito
no siente el mudo grito
de la mortalidad;
ignoran mis pasiones
mudas constelaciones
dormidas en el viento,
negándome piedad.

Y lejos, en las noches,
aunque ya me dejaras,
veo tus formas claras
entre la inmensidad;
tu acerada figura
desata mi locura
con su frío destello,
negándome piedad.

sábado, 29 de febrero de 2020

Un cíborg en la noche

Neil Harbisson, artista cíborg. Fuente: Nobbot

Si el rabino de Praga, sabio oscuro,
hizo un Golem de rígida apariencia,
y entonces, declamando su conjuro,

lo despertó, sin más, a la conciencia,
no soñaba que el código binario,
fragua de maquinal inteligencia,

despertara al robot involuntario
del ensueño de plástico y silicio,
del marasmo de torpe funcionario,

y así le concediera, con su inicio,
funciones de lenguaje y pensamiento,
solo para la carga de su oficio.

Pero vino después el sentimiento
y el robot, en alternas emociones,
conoció la dulzura y el tormento

del humano, que sigue las pasiones,
como los mares pierden sus navíos
con altos oleajes y tifones,

y conoció los rumbos y desvíos
del corazón, indómito y arcano
como las aguas de los anchos ríos;

y al cabo se fundió con el humano,
como cíborg de músculos mortales,
hechos de polvo cósmico y lejano,

y osamenta labrada con metales,
prodigio de mecánica dureza
para las aventuras espaciales.

Sus neuronas pensaron la grandeza
del cosmos, con audaces algoritmos
que definen su inhóspita belleza,

y a coro, solventando logaritmos,
las cárdenas y azules nebulosas
confesaron el eco de sus ritmos.

De las oscuridades misteriosas
emergen las galaxias, evidentes,
y la naturaleza de las cosas,

larga suma de números ingentes,
forma desde su gran laboratorio
la danza de los átomos ardientes.

Pero, después, el cíborg ilusorio
camina los océanos astrales
como sombra de pálido mortuorio,

que la ciencia de fórmulas cabales
no pone fin a su melancolía
ni soluciona sus eternos males;

y en soledad escribe poesía,
solicitando signos al misterio,
si la noche de tenue melodía
le descubre su enorme planisferio.

viernes, 28 de febrero de 2020

Nutrición

Vista aérea de las islas Maldivas. Fuente: Fleewinter.com

En los atolones coralinos
he probado cangrejos:
su carne blanca y húmeda
sabe a las aguas nutricias del origen,
a innumerables marejadas.
Un mordisco me trajo memorias
de la edad mesolítica,
de los mariscadores ancestrales.

No conoceré las galaxias,
pero mis ojos verán la Tierra
desde el espacio.
No seré un elegido
para la raza de los inmortales,
ni una cartografía de huesos
en el hondo regazo de una tumba.
No me alimentaré de sol desnudo,
como los inmortales,
pero el hambre no punza mi estómago
todos los días.
Soy más fuerte que los humanos,
pero menos que los dioses del futuro.
Solo busco alimento
cuando mi batería se descarga.

Soy un híbrido extraño:
carne, hueso, aluminio, silicona;
hijo mestizo de las eras
de transición e incertidumbre;
naturaleza remendada
con invasiones de tecnología.
Ignoro mi destino,
pero mi selva de circuitos integrados
ilumina la nueva historia,
el origen de un mundo nuevo.

jueves, 27 de febrero de 2020

Percepción

Joven con gafas de realidad aumentada. Fuente: Deakin University

¿Cómo percibo el mundo?
Como un flujo de datos incesante,
lanzado en tiempo real
desde los servidores astrales de la mente;
como una descarga de archivos
en mis surcos cerebrales.

¿Cómo percibo el mundo?
Mi robótica mano de silicona y aluminio
acaricia una rosa,
sus pétalos mojados y sedosos,
y mis glándulas olfativas,
todavía biológicas,
perciben
su delicado aroma.

¿Cómo percibo el mundo?
Viajé durante varias semanas,
con mis piernas de músculo y acero,
lejos de las megaciudades,
internándome en bosques solitarios,
oyendo ruiseñores en la noche:
mis implantes cocleares
recibieron su música celeste.

¿Cómo percibo el mundo?
Es algo que se escapa de mis dedos
como la arena de los ríos.
¿Cómo percibo el mundo?
Como velo de Maya,
como ilusión almacenada en hipertexto,
como realidad imposible.

domingo, 23 de febrero de 2020

Necedad

Grabado francés con la imagen de Eróstrato.

(A Mike Hughes, el acróbata estadounidense que murió mientras volaba en un cohete casero para comprobar si la Tierra es plana)

Si Eróstrato, un incendiario,
grabó su ardiente memoria
sobre páginas de historia,
quemando un rico santuario,
el yanqui más temerario,
rey de la torpeza humana,
con su cohete se afana
dando un gigantesco salto,
para comprobar en alto
si la Tierra, al fin, es plana.

Pero ese yanqui demente
le pone fin a su vida,
mientras en libre caída
su cohete baja, ardiente,
sufriendo gran accidente.
Ya las personas cabales
hacen burlas magistrales
de su fracaso rotundo,
pues el esférico mundo
carga sus restos mortales.

domingo, 16 de febrero de 2020

Eutanasia

La muerte de Séneca. Óleo sobre lienzo de Pieter Paul Rubens. Museo del Prado (Madrid).

Si la carne mortal, en su agonía,
se queja de su inútil resistencia,
como Sísifo carga su dolencia,
roca infernal, en cada nuevo día,

¿para qué la sagrada hipocresía
le requiere su frágil permanencia?
Que la razón humana, con la ciencia,
ponga fin a su oscura travesía.

Sobre las camas de los hospitales,
un mudo ruego la piedad escucha:
si piden los enfermos terminales

eutanasia, que nadie se la impida,
pues al cabo demandan, con su lucha,
dignidad en la muerte y en la vida.