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sábado, 17 de julio de 2021

Ampelomanía

Los borrachos, o El triunfo de Baco. Óleo sobre lienzo de Diego Velázquez (hacia 1628-1629). Museo del Prado.

(Habla un borracho culto)

Si desatan los vinos, con su fuego,
mi corazón de pájaros ardientes,
me echarán su anatema los decentes,
aunque beba con orden y sosiego.

Como la vid es “ámpelos” en griego,
me evitaré el escarnio de las gentes,
usando locuciones infrecuentes,
y daré sorbos a mi copa luego.

Les contaré, solemne y decoroso,
que soy un ampelómano dichoso,
fiel a tintos, a blancos, a rosados;

que, si al vino profeso idolatría,
libre me doy a la ampelomanía
y un cultismo disfraza mis pecados.

miércoles, 14 de julio de 2021

Elle

Activista ondea la bandera de las personas no binarias. Fuente: El Financiero

Si alguno pide que lo nombren “elle”,
gritan los defensores de la norma:
“¡La gramática limpia se deforma!
¿Dejaremos que el mundo la atropelle?”

No impidan que ese término descuelle:
si queda fuera de su inútil horma,
que el género se ensanche de esta forma,
sin que ningún letrado se querelle.

Permítanle que sea no binarie:
que gane la razón a la barbarie,
mientras aúlle el machirulo hispano,

pues, al fin, la gramática no importa
si la palabra se nos queda corta
nombrando las variantes de lo humano.

jueves, 1 de julio de 2021

Océano

El mar golpea una ola en el pueblo costero de Jover (La Laguna, Tenerife). Foto: Ramiro Rosón

Océano disperso, te saludo,
mientras oigo tu selva de corales,
y camino rocosos litorales
como guardián ausente, sin escudo.

Bajan tus olas a mi pie desnudo
como se ramifican los cristales,
dibujando tus ecos minerales
en contorsiones de basalto mudo.

Sobre fantasmagóricos hoteles,
te graban los turistas en las fotos,
ardientes buscadores de espejismos;

pero tan solo tus amigos fieles
hallan letras de códices remotos
en la líquida piel de tus abismos.

martes, 29 de junio de 2021

Más vale rojo que muerto

Cartel de propaganda antirreligiosa de la Unión Soviética (sin fecha conocida). Fuente: The Guardian

No me gustan los delirios
de hebreos o de cristianos,
o de los mahometanos,
que celebran sus martirios
con bailes, cantos y cirios:
los tres hijos de Abrahán,
aquel devoto gañán,
se matan dándose palos
y se descubren tan malos
como siervos de Satán.

Yo prefiero mi ateísmo
con la razón y la ciencia,
que me dan su inteligencia,
martillo del fanatismo,
y un poco de comunismo.
Yo prefiero que el desierto
se torne jardín o huerto
sobre el páramo infecundo:
si lucho por este mundo,
más vale rojo que muerto.

El monte

Luna llena sobre Santa Cruz de Tenerife. Foto: Ramiro Rosón

La ladera se curva con su falda
como gran elefante que dormita;
sobre su tenebrosa, gran espalda,
la noche, con sus lágrimas, levita.

Abajo, en el océano, se encumbra
la forma del grandioso plenilunio,
y en resplandores cósmicos alumbra
la negra humanidad en su infortunio.

Un viento fresco llega de la cumbre
y acaricia las próvidas higueras;
entre farolas de cansada lumbre,
sacude las antiguas papeleras.

Miro de cerca las ardientes osas,
la pequeña y la grande; prevalecen
entre miles de luces misteriosas
que surgen, se replican y fallecen.

Los grillos, que simulan estaciones
de radio, van tejiendo, como un hilo
musical, sus monótonas canciones
en la sombra que duerme con sigilo.

Si Leopardi tuvo su colina,
que le impedía ver el horizonte,
yo me pregunto, cuando un sol termina,
sobre la cuesta del humilde monte,

qué me esconde el océano infinito,
bajo su piel de espuma interminable,
y en la quietud lejana solicito
su respuesta, su música inefable.

jueves, 17 de junio de 2021

Costumbre

El Sol (carta de una antigua baraja de tarot italiano). Fuente: Pinterest

Yo dudo que el océano grandioso,
con sulfúrica lava, se corrompa:
ningún arcángel o divina trompa
me llamarán al juicio temeroso.

Me confío del mundo voluptuoso,
como discurre la indefensa pompa
de jabón, descuidando que se rompa
su cristal en el aire proceloso.

No quiero nada más. Que el monje crea:
lo mortal es mi sola certidumbre.
Descreído, mi espíritu desea

solo un baño de sol, continua lumbre
del paraíso donde se recrea,
sin que jamás olvide su costumbre.

miércoles, 12 de mayo de 2021

Ciudad de paz

Jehová, Dios y Alá caen aplastados bajo el primer plan quinquenal de la Unión Soviética. Portada del número 22 de la revista soviética Bezbozhnik (El ateo).

Tiene mucha sorna que Jerusalén, etimológicamente, signifique “ciudad de paz” en hebreo antiguo. Parece una cruel broma de ese aciago demiurgo denominado Yavé, de cuya afición al humor negro da sobrado testimonio la tragedia monumental de la historia humana. Si el tal Yavé existiera, como dice Mijaíl Bakunin, habría que matarlo, pero si lleva muerto desde el origen de los tiempos, como sospechamos algunos, convendría llamar a los funcionarios de algún registro civil para que certifiquen su deceso, antes de que la humanidad entera sea aniquilada en su santo nombre. Ni siquiera los tres maestros de la sospecha (Karl Marx, Friedrich Nietzsche y Sigmund Freud) han podido convencer de esta realidad a un mundo sediento de mitos, aunque el primero afirmara que la religión es el opio del pueblo, el segundo proclamara sin disimulo que Dios ha muerto y el tercero lo definiera como una proyección de la figura del padre. No olvidemos que dos miembros de este gran triunvirato del pensamiento (Marx y Freud) eran judíos. Si fueran más leídos en Israel, quizás otro gallo le cantaría a su pueblo.

Mientras, olvidados en alguna fosa común del siglo primero, los huesos de otro insigne judío, el pobre Jesús de Nazaret, deben de estremecerse con los misiles israelíes, disparados como luciérnagas macabras en la noche. “El pueblo de Israel vive” (“Am Israel jai”), cantan los soldados hebreos con entusiasmo, pero no puede haber dignidad ni respeto cuando vive a costa de la muerte de sus vecinos, en una locura nacionalista y religiosa que ha volado todos los puentes imaginables para el diálogo con el otro. Subidos al caballo galopante de la sinrazón, los fanáticos sionistas invocan mitos desmentidos por la ciencia histórica moderna, como el cautiverio de los israelitas en Egipto y su larga marcha por el desierto, para sentar las bases ideológicas de una política imperialista basada en el hostigamiento y la aniquilación de los palestinos. Incluso instrumentalizan el sufrimiento de las víctimas del Holocausto y de otras persecuciones históricas del pueblo judío para conseguir inmunidad a las críticas, afirmando que la oposición a las ofensivas israelíes constituye el “nuevo antisemitismo”.

Aunque Israel se presente a los ojos del mundo como un Estado de Derecho, se trata de un sistema político en el que una parte de la población domina el aparato estatal, por su condición de “pueblo elegido”, mientras los demás reciben un trato de ciudadanos de segunda clase, cuando no sufren todo género de violaciones contra los derechos humanos y crímenes de guerra. De hecho, los actuales líderes políticos de Israel se empeñan en definirlo como un “Estado judío creado para los judíos”, relegando a sus márgenes a todos los que no pertenecen a este grupo humano. Imagínense lo que sucedería, por ejemplo, si ahora España se definiera como un “Estado castellano”, creado para gloria y beneficio de los pobladores de Madrid y las dos Castillas, y convirtiera a los habitantes de las regiones periféricas en ciudadanos de segunda clase, sometiéndolos a continuas humillaciones y abusos. En su día ya lo consiguió la dictadura de Franco, gobernando todo el país con un centralismo anacrónico, basado en la represión y el miedo. Hoy por hoy, la Unión Europea rechazaría semejante modelo político, incluso a pesar de que la extrema derecha nos venga pisando los talones.

Por otro lado, si el tirano gallego de voz aflautada impuso el nacionalcatolicismo en la ibérica piel de toro, ahora el primer ministro Benjamin Netanyahu (cuyo apellido significa, muy oportunamente, “don de Dios” en hebreo) quiere imponer el nacionaljudaísmo en su tierra prometida. Los defensores de Netanyahu alegarán que Israel, a diferencia del régimen franquista, es una democracia madura porque tiene elecciones cada cuatro años, pero toda persona bien formada sabe que la democracia no se limita a dejar caer los votos en las urnas. Este discurso nacionalista no se compadece con la realidad histórica del pueblo judío. Ningún dios ha firmado una alianza con este pueblo, así como la mayoría de los hebreos israelíes guarda pocos vínculos de sangre con sus ancestros más remotos. Los casi dos milenios de la diáspora, desde el año 70 hasta 1889, cuando se instalaron los primeros inmigrantes sionistas en Israel, permitieron un fabuloso mestizaje que explica la presencia histórica de judíos en países tan dispares como Polonia, Etiopía, China o la India. Sin embargo, los fanáticos sionistas prefieren olvidarse de la historia mientras aplauden los bombardeos. El pensamiento mágico nos lleva a la catástrofe sin paliativos.