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sábado, 28 de septiembre de 2019

Antiplegaria

El genio del mal. Escultura en mármol de Guillaume Geefs (1848). Catedral de Lieja (Bélgica).

Tú no quieres de mí que sea bueno
cuando me desamparas, Dios ausente;
me susurra tu olvido la serpiente
si mascando su fruto me condeno.

Tus ángeles caídos en el cieno
lloran bajo su padre indiferente:
no colmarían el abismo ingente
si no los despidieras de tu seno.

Bajo tu lumbre, claridad oscura,
tú fraguas mi camino de miseria,
sádico Dios, mi larga desventura.

¿Probará tus infiernos este humano,
sombra tuya de pálida materia,
como peón de tu ajedrez arcano?

Luna

Vista parcial de la luna. Fuente: The New York Times

Luna de los arcanos infinitos,
enséñame tu libro de los muertos,
el mapa sideral de tus desiertos,
donde brotan los ángeles malditos.

Como se pierden los aerolitos
en la noche de límites inciertos,
despejo los enigmas encubiertos
en tu memoria de lejanos ritos.

Hermética, insondable, misteriosa,
tú iluminas el húmedo inconsciente,
de cuyas aguas emergiste diosa,

y habitas en la sombra de la mente,
virgen desnuda, como blanca rosa,
plateando los muros de mi frente.

Remota diosa

Luna creciente sobre un bosque de pinos. Fuente: http://tallpinesranch.blogspot.com

En el parque de rotas luminarias
entra la joven luna,
mirando las enormes araucarias
que le sirven de cuna.

Los últimos violetas del ocaso
terminan recogidos
en su destello pálido y escaso,
como dioses caídos.

A veces turban su profundo sueño
los audaces aviones,
como flechas de insólito diseño,
surcando sus regiones.

Pero su cuerno, imagen luminosa
de soledad oscura,
con su lenguaje de remota diosa
me lega su blancura.

Y en las calles desiertas, cuando salgo
de su parque vacío,
sus mil espejos me susurran algo
como un eco sombrío.

Yo sé que soy su lúcido cartero
bajo sordas farolas,
cargando su mensaje venidero
de canciones a solas;

pues en la grave calma de las noches,
a mis puertas cerradas,
como gatos debajo de los coches
fulguran sus miradas.

Y sembrando su imperio femenino,
su religión secreta,
la diosa que descubre mi camino
me llama su profeta.

domingo, 8 de septiembre de 2019

Brexit

Manifestación en Belfast (Irlanda del Norte) contra el Brexit. Fuente: Irish Examiner

Reclaman los británicos, furiosos,
divorciarse de Europa sin acuerdo,
y les abre caminos peligrosos
un loco, disfrazándose de cuerdo.

En el espejo del imperialismo
se miran, con orgullo desatado,
pero rugen los ecos del abismo
cuando grita su imbécil trajeado.

Su cámara dormida se despierta,
rehúsa los corsarios embusteros
y determina ya la senda incierta,
dibujando legales desafueros,

ante la gran Europa, desolada,
que se mira la túnica rasgada.

domingo, 1 de septiembre de 2019

Demiurgo

Demiurgo. Ilustración del libro La Antigüedad explicada y representada en figuras (1719-1724), de Bernard de Montfaucon.

Cuando surgió del árido vacío
la materia de fuego, despertando,
el universo germinó, sembrando
su polen de galaxias en el frío.

¿Qué hiciste, Dios, en ese gran momento?
¿Qué giro de tu mano, qué variable
de cálculo fallido, lamentable,
nos condenó, sin más, al sufrimiento?

La religión enseña sacrificios,
pecado original y penitencia,
pero ya las antorchas de la ciencia
quemaron sus endebles artificios.

¿Qué fórmula seguían tus acciones?
¿Qué reino subatómico guardaba
tu corazón? ¿Qué número tramaba
tu denso laberinto de razones?

Algo falló de pronto, sin aviso,
como saltan redomas y matraces
con líquidos ardientes y voraces,
y derrumbó tu enorme paraíso.

Llegó la enfermedad, llegó la muerte,
vieja causa de lóbregos temores,
y el mundo, fatigado con dolores,
maldijo los misterios de la suerte.

Los humanos crearon la injusticia,
con modos infinitos de miseria,
y amasando con sangre la materia
los fuertes impusieron su codicia.

¿Qué hiciste, Dios? En lágrimas, doliente,
mirabas con asombro lo creado,
conociendo tu infame resultado
con el ojo invisible de tu mente.

Condéname al infierno, si deseas,
aunque me dieras libre pensamiento,
y escucharás tu fúnebre lamento,
sabiendo que malogras tus ideas.

¿Qué hiciste, Dios? ¿Los grandes libertinos
y los ateos no son obra tuya?
¿Merecen que la noche los destruya
labrando sus difíciles caminos?

Acaso, con los ojos abrumados,
huiste lejos del oscuro mundo,
para no destruirlo, furibundo,
tras llenarlo de seres animados;

y se quedó surcando, sin clemencia,
las aguas del océano maldito
llamado cielo, cosmos, infinito,
deseando tu fúlgida presencia.

Quizás aún lamentas el fracaso
y en la noche, tu diáfano reverso,
lloras en un rincón del universo
con el fuego sombrío de tu ocaso.

Los poetas de lúcida locura
te imaginan, misántropo demiurgo,
con aire de canoso dramaturgo,
buscando la piedad en tu figura.

Y te miran de cerca, sin encono,
como se mira al viejo derrotado,
y perdonan tu mundo fracasado
mientras lloran su inútil abandono.

viernes, 30 de agosto de 2019

Abadón

El ángel exterminador. Escultura en mármol de Josep Llimona. Cementerio de Comillas (Cantabria).
Todo ángel es terrible.
(Rainer Maria Rilke)

Los monjes de las eras tenebrosas
te supusieron ángel o demonio,
pues en ti se reúnen, poderosas,
oscuridad y luz en matrimonio.

¿Quién sabe de tu origen? Cielo y tierra
guardan secreto. Nadie sabe nada.
Pero tu imagen, Abadón, encierra
la insondable justicia de tu espada.

Ven, Abadón. Tu nombre es un abismo
de las profundidades más oscuras,
donde razona Dios consigo mismo,
donde Satán asedia las alturas.

Ven, Abadón: tus ojos no perdonan
si lanzan meteoros de basalto,
si las torres gemelas implosionan
hasta la sorda tumba del asfalto.

Ven, Abadón, oscuro vaticinio,
con señales de fúnebres clamores,
y confirma tu agónico dominio
sobre toda mi raza de traidores.

Ven, Abadón: arrasa a los mortales,
con la furia de todos los venenos,
por el deseo de los criminales
y el infame silencio de los buenos.

Ven, Abadón, de súbito, y descarga
tu enjambre de langostas relucientes,
devorando la carne más amarga,
la humanidad, abrigo de serpientes.

Ven, Abadón: incendia los volcanes,
derramando su vómito malsano,
y en vórtice de negros huracanes
agita rascacielos en tu mano.

Por el fuego de reyes cazadores,
por los dioses de inútil moralina,
por miles de cofrades inversores,
devotos de la virgen cocaína;

por la fe de los números bancarios,
por la sombra cercana de la guerra,
por las orgías de los empresarios,
malditos violadores de la tierra;

por millones de tumbas y de balas,
por el llanto y la sangre de la historia,
ven, Abadón, con las ardientes alas,
y que las ruinas hablen de tu gloria.

Deja tus hondas cumbres infernales
y tu grave silencio de ultratumba:
yo tejeré canciones abismales
mientras el mundo inerme se derrumba.

Pero, si no los dejas, en el viento
se quedará, flotando, mi plegaria,
como ladran su huérfano lamento
los perros en la noche solitaria.

Caminaré silente y desolado,
mientras la humanidad, en su locura,
ejerce de verdugo y condenado,
pariendo su inhumana desventura.

domingo, 25 de agosto de 2019

La caverna

Salgo de la caverna,
tenebroso cobijo de borrachos
que confunden la sombra con el mundo.
Al fin estoy a solas
y me duele de entrada,
pero me siento libre y sano.

Me despojo de vínculos antiguos
y de límites imaginarios,
pero no tengo miedo.
El sol no mata: solo me despierta
del sueño más profundo,
pero los borrachos no lo saben.
Prefiero soledad a servidumbre.
Prefiero luz amarga de los días
a sueño de los muertos.

Lavándome los ojos,
hago limpieza general de sombras,
archivo de recuerdos
y desinfección de la mente.