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jueves, 6 de mayo de 2021

Diatriba contra Madrid

El famoso toro de Osborne. Fuente: La Razón

Pobre Madrid confuso,
con ridícula y vana chulería,
tú votas a la Ayuso,
la dirigente de la hipocresía,
la descarada reina del abuso;
pues en vez del Estado
prefieres la macabra lotería
del virus liberal, descontrolado.
¿Quieres morirte solo, contagiado,
como indefensa rata,
mientras llora sus póstumos dolores
tu madrileño corazón de lata?

Si te faltaran los respiradores,
ya no te faltarán escapularios
ni buenos empresarios,
envueltos en sus trajes de banqueros
como lobos en pieles de corderos.
Madrid, laboratorio
del gran capitalismo,
con hechuras de plácido mortuorio,
goza tu libertad imaginada
tan solo para hundirte en el abismo
del frío sanatorio,
del que irás a la tumba desolada.

Siempre libre estarás de comunismo
si tienen rojigualdas tus balcones
y el chamuscado pollo del franquismo,
levantando pasiones,
presume de su régimen sangriento.
Madrid oscuro, cueva de ladrones,
aunque mueras hambriento,
delgado y harapiento,
saldrás emborrachándote de cañas
en el nombre de todas las Españas,
para luego caerte del espanto,
pues finges alegrías,
labrando la penuria de tus días
con risa que será profundo llanto.

miércoles, 28 de abril de 2021

Fornicio

Alegoría del triunfo de Venus, por Agnolo Bronzino. Óleo sobre tabla (hacia 1540-1550). National Gallery (Londres). Fuente: http://venusrex.blogspot.com/

Juerguistas, descarriados y pendones
imploran a Satán, el bien caído,
como santo demonio preferido
para sus condenables intenciones.

Dios te manda: “reprime las pasiones”;
habla Satán: “¡disfruta lo prohibido!”
Mientras uno te llama pervertido,
sugiere el otro dulces perversiones.

Dios te deja la carga de su culpa;
Satán remueve el peso del prejuicio,
para que muerdas la jugosa pulpa

de la manzana impúdica del vicio,
y al cabo, sin demora ni disculpa,
naufragues, dulcemente, en el fornicio.

lunes, 22 de marzo de 2021

Nabody

Un voluntario de Cruz Roja reanima a Nabody, una niña de dos años que llegó en patera a Gran Canaria procedente de Mali, el 17 de marzo de 2021, y falleció el 21 de marzo del mismo año. Foto: El Huffington Post

[...] el mundo grande y terrible.
(Antonio Gramsci)

Llegaste en el indómito oleaje,
como desnudo pétalo de rosa
que surca la marea tenebrosa,
luchando con su líquido paisaje.

Llegaste sin aplauso ni equipaje,
desamparada, como niña diosa,
rogando que en la costa luminosa
despertaras al término del viaje.

Te salvaron del agua. Te rendiste,
después de varios días, y moriste,
frágil pétalo hundido con el viento.

Grande y terrible es este mundo inerte,
gran orfanato, océano de muerte
donde la historia guardará tu aliento.

jueves, 18 de marzo de 2021

Un genio extraño y sublime


Una de las músicas a las que siempre retorno (y que jamás me canso de escuchar) es el Contrapunctus XIV de El arte de la fuga, la gran obra que junto con La ofrenda musical forma el testamento sonoro de Johann Sebastian Bach. Los dos últimos siglos han visto la aparición de numerosas versiones de El arte de la fuga (por ejemplo, para clavicémbalo, para piano, para órgano, para violonchelo o para cuarteto de cuerdas), pues el viejo maestro no escribió en la partitura original ninguna indicación de qué instrumento debía emplearse para tocar esta serie de piezas, aunque sus datos biográficos apuntan a que la habría compuesto sobre un teclado, seguramente de clavicémbalo o de órgano. Se trata de música pura, creada en un momento en que Bach había perdido la vista casi del todo, enfermo de cataratas, y le costaba cada vez más atender su trabajo como maestro de capilla.

En su genialidad, Bach reúne y concilia dos extremos opuestos, alcanzando la más profunda emoción a través de una formalidad basada en el contrapunto más riguroso, que ya había comenzado a pasarse de moda cuando escribió El arte de la fuga. Algunos musicólogos sugieren que Bach habría usado permutaciones de números para componer estas piezas, de modo que cada una de las frases musicales que constituyen una fuga se correspondería con un número determinado. El orden de estas frases musicales obedecería a una matriz de permutación (es decir, una serie de números sobre la cual se establecen ciertas variaciones). Esta técnica de composición podría haberse desarrollado como una versión musical de la gematría, un método esotérico de interpretación de los textos sagrados, que proviene de los cabalistas judíos y que consiste en asignar un valor numérico a cada letra para desvelar significados ocultos en las palabras. De hecho, la gematría se difundió entre algunos círculos de místicos y eruditos a partir del Renacimiento en Europa, dando origen a la denominada cábala cristiana.

Al mismo tiempo, se percibe un tono crepuscular en esta música, como si el viejo maestro no solo supiera que sus fuerzas se agotan y se está acercando al término de sus días, sino también que la realidad última de la existencia, imposible de comunicar a través de las palabras, se manifiesta en el sonido puro. Pero no hay miedo ni desesperación, sino una aceptación serena del sufrimiento y una esperanza secreta en esa realidad última, que habita más allá del silencio de lo desconocido. Émile Cioran lo definió de esta manera: La música de Bach es la única razón para pensar que el Universo no es un desastre total. Con Bach todo es profundo, real, nada es fingido. El compositor nos inspira sentimientos que no nos puede dar la literatura, porque Bach no tiene nada que ver con el lenguaje.

El pianista Glenn Gould, un genio tan extraño y sublime como el propio Bach, supo recoger con absoluta fidelidad el espíritu de El arte de la fuga, a pesar del carácter atípico de sus interpretaciones (o quizá por ello). Incluso lo que parece superfluo y extravagante, como su tarareo o sus insólitos gestos, otorga a su trabajo pianístico un sello de autenticidad inconfundible. El Contrapunctus XIV termina de forma abrupta, con una frase musical incompleta: aunque la leyenda dice que Bach murió antes de poder acabarlo, probablemente la última página del manuscrito se perdiera, de modo que los hijos del compositor publicaron la pieza tal y como la habían encontrado en los papeles de su padre. En todo caso, su incompletitud la vuelve todavía más fascinante y sobrecogedora, como la técnica del non finito que caracteriza las últimas esculturas de Miguel Ángel.

lunes, 8 de marzo de 2021

Gomer

La cortesana (1910). Óleo sobre lienzo de Pablo Picasso.

Dijo Yahvé a Oseas: Ve y toma por mujer a una prostituta y engendra hijos de prostitución, pues que se prostituye la tierra apartándose de Yahvé.
(OSEAS, 1, 2)

Yo soy Gomer, la impúdica, la infame,
la puta malcasada con Oseas,
profeta de Israel, según mandatos
de un dios al que jamás he conocido.
Ni una sola palabra de mi historia
pude escribirla yo: sin consultarme,
la hicieron los varones de mi tribu,
quienes me destinaron a mi esposo
como negra paloma, como inútil
ofrenda para un tálamo desierto.

Yo nunca fui dichosa. Condenada,
sin remisión, al santo matrimonio,
lloraba siempre muda, siempre sola,
temiendo que mi esposo conociera
mi secreto de lágrimas furtivas.
Él nunca dio razones a mi llanto;
conmigo fue solícito y amable,
pero… ¿cómo podía yo quererlo,
si me casé con un desconocido?
Ningún escriba de reales cortes
mojó sus plumas en mi oscuro llanto.
Mis lágrimas decoran, como tenues
aljófares, la noche de los tiempos.

Harta ya de mi estado, quise verme
lejos de muros, libre de cadenas,
y al fin corrí detrás de los amantes.
Era yo joven, y mis pechos firmes,
bañados en la mirra y el incienso
del Oriente, gritaban con sus formas
una sed acuciante de lujuria.
Yo me entregué sin límites, rompiendo
mis votos maritales con Oseas,
y conocí, pisando las alcobas,
la gracia de sentirme deseada,
sobre lechos indómitos y ajenos.

En las casas de mármoles fastuosos
dancé con mis queridos, en las noches
eternas del verano, con susurros
de flautas y de címbalos ardientes,
hasta desfallecernos, agotados,
como rosas que el céfiro deshoja.
Yo conocí la música y el vino,
yo conocí manjares misteriosos
y un río de caricias y perfumes
en la materna leche de los astros.
Y no pensé en el dios al que rezaban,
temblando, los varones de mi tribu.
Mis afanes buscaron otras aras,
y a los pies de Baal, un dios astado,
yo me rendí, pletórica de goce,
y esperé más amantes en la sombra.

Pero mi esposo me buscó, sin tregua,
y ejerció su derecho de comprarme,
para que yo siguiera sus caminos.
Pagó mi precio, con cebada y plata,
a quien fuera mi amante en esos días:
terminaron las danzas, y cayeron
los címbalos y flautas a la tierra,
y en las copas de virgen alabastro
se corrompieron vinos y perfumes.
El dios incomprensible de mi esposo
ganaba su partida, satisfecho,
con su legión de hipócritas varones.
Aunque yo, la insolente, la desnuda,
no persigo maridos que me salven:
prefería venderme, sin tapujos,
antes de ser comprada como yegua,
sin consultarme nunca mis deseos.

Ya terminé mis fulgurantes horas
de libertad, mis horas de pecados.
Ahora soy la puta redimida,
la sierva del profeta. Mis palabras
tendrán la sepultura del silencio,
pues quedarán al margen de la historia.
Pero yo todavía me resisto
y en mi casa, mirando los fogones,
en silencio repito los conjuros
de mi gran Astarté, la diosa madre.
Siento un eco de músicas remotas
y sueño que sus hijas, las impuras,
decapitan al sumo sacerdote
y arrojan a Yavé de sus altares.

martes, 23 de febrero de 2021

Un éxodo perpetuo

Fotografía de la Tierra desde la Luna, tomada por el astronauta William Anders. Foto: Wikipedia

La gran casa común llamada Tierra, además de efectuar sus movimientos orbitales, atraviesa el vacío cósmico a dos millones de kilómetros por hora, como sucede con todos los cuerpos celestes de la Vía Láctea. Aunque podamos retornar una y otra vez a la morada o al hospital donde nacimos, acariciando sus paredes con entusiasmo o nostalgia, nunca podremos desandar nuestros pasos hasta el punto exacto del espacio-tiempo donde vinimos al mundo. Las calles o los caminos que recorremos todos los días nunca permanecen en el mismo sitio, sino que navegan como las botellas por los océanos o vuelan como las hojas por los aires, en una invisible fuga hacia un horizonte desconocido. Incluso si nos quedamos quietos en una habitación, como recomienda Pascal en sus Pensamientos para buscar la felicidad, estaremos viajando con rapidez vertiginosa, galopando a través del universo dentro de una nave espacial desbocada. ¿Qué sentido tiene, entonces, la idea de la patria desde la mirada inmensa de la cosmología, si todos vivimos un éxodo perpetuo desde la noche, si nuestra vida se desarrolla como diáspora desde la cuna hasta la tumba, e incluso nuestras cenizas continuarán viajando en su definitivo reposo? Aquí, en esta bola de cieno, como Voltaire la llamaba en su relato Micromegas, nos descuartizamos por la ilusión de poseer unas coordenadas fijas en el espacio, por un sueño que se escapa de nuestras manos como un puñado de arena. Deberíamos renunciar a las promesas del espejismo, porque no hay manera de sustraernos al incesante flujo de toda la materia.

domingo, 7 de febrero de 2021

Adicto

Heroinómano fumando. Fuente: El Confidencial

El duque de la fría metadona
conversa, demencial, consigo mismo,
sobre la cuerda floja del abismo,
como rey destronado, sin corona.

La sombra fantasmal de su persona
se pierde, como débil espejismo,
y un cielo de pesado pesimismo,
llorosa infinitud, se desmorona.

Merodea la calle Salamanca,
mientras maldice, con mortal aullido,
sus amoríos con la dama blanca.

No puede más, enfermo de sicosis,
pero, como un arcángel destruido,
marcha a solas en busca de su dosis.