No te moriste sola. Te mataron
los buitres del sistema financiero,
con un desahucio rápido, certero,
como tantos inermes que dejaron
su casa, moribundos, y pisaron
calles hechas de frío traicionero,
decapitados en el carnicero
cadalso que los buitres ingeniaron.
Te mató la mortal indiferencia.
Te mató la codicia desatada,
que mercadea con la aciaga suerte.
Pero tu ejemplo nombra la conciencia.
Pero tu noche es lúcida alborada
para que nadie sea más tu muerte.

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