Mi corazón es negro, blanco y verde,
con una punta de saeta roja
que lo hiere en su lado izquierdo, y moja
de lágrimas la causa que se pierde,
sin que el viento denuncie ni recuerde
la sangre del país al que despoja
de toda humanidad, mientras arroja
bombas, el carnicero que lo muerde.
Mi corazón ahoga su impotencia,
pues David, el oscuro favorito
de su implacable dios, en loca urgencia,
mata a un Goliat enfermo, tan ahíto
del hambre, tan sitiado sin clemencia
que el mundo se estremece con su grito.

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