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| El fantasma de Samuel invocado por Saúl. Óleo sobre cobre de Bernardo Cavallino (hacia 1655). Museo J. Paul Getty (Los Ángeles). Fuente: Britannica |
le doy a tu recuerdo sepultura,
para dejarte solo, sin ternura
ni querella, sin lápida ni escudo.
Llorando tu desaire, siempre mudo,
le confiaré mis penas a la dura
mano del tiempo lóbrego, si cura
mi frágil corazón, que va desnudo.
Pero, súbito, rompes la distancia,
pues, hecho mal espíritu, me invitas
a desearte en falsa necromancia.
De nada vale toda mi cautela:
si te sueño difunto, resucitas
y mi pasión oculta me desvela.

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