que ligabas amantes a tu moño,
parece como si ocultaras una
máquina tragaperras en el coño.
Bárbara diosa, muerdes tan lobuna
que el emérito rey, en el otoño
de su vida, pasea su importuna
silueta de grandísimo carroño.
Bárbara poco santa, la condena
de Juan Carlos asoma cuando truena
la sombra de tu lance destapado.
Bárbara reina, mira cómo caga
tu rey un Potosí, la buena paga
que detraes al cofre del Estado.
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