pero mi encéfalo no descansa:
tan solo un alado cometa
se despega de mi piel sorda
como un beso póstumo de los faraones.
Bathin, jinete de los nervios,
con su caballo de sulfúrica nieve,
me introduce en la sangre del cosmos,
en la médula de los impulsos,
en el órgano salvaje
que la razón llena de temores.
Las urbes airean sus catacumbas
como naipes del tarot negro,
las esfinges masturban a los cocodrilos
y yo cruzo, como un ojo de fantasma,
túneles de semen y portales de ceniza.
Me dice Bathin:
“Nunca mires al dorso.
Cada galaxia atesora su infierno.
Cada sol nace como un grito fosilizado”.
Trazo mi senda,
ciegamente,
sobre esqueletos de relojes,
profecías ocultas en agónicos idiomas,
culebras que susurran al arcángel caído.
Mi cuerpo flota abajo,
mudo y sutil, en sábanas quemantes,
y mi espíritu, arriba,
dialoga con asteroides y sirenas de polvo
mientras Bathin ríe con sus quijadas brumosas.
Retornaré con algún alba,
cuando mi sombra se cure como llaga salina,
pero siempre luciré en los ojos
la marca de los mundos
que no fueron hechos para humanos.
Nota del autor: según el conocido grimorio del siglo XVII La clavícula de Salomón, Bathin es un demonio que posee el rango del gran duque del infierno. Comanda treinta legiones de espíritus y suele aparecerse como un hombre fornido con cola de serpiente, montado sobre un caballo pálido. Sus habilidades consisten en enseñar las virtudes de las hierbas aromáticas, las especias y las piedras preciosas, así como facilitar desplazamientos súbitos y viajes astrales para el mago que lo conjura.
tan solo un alado cometa
se despega de mi piel sorda
como un beso póstumo de los faraones.
Bathin, jinete de los nervios,
con su caballo de sulfúrica nieve,
me introduce en la sangre del cosmos,
en la médula de los impulsos,
en el órgano salvaje
que la razón llena de temores.
Las urbes airean sus catacumbas
como naipes del tarot negro,
las esfinges masturban a los cocodrilos
y yo cruzo, como un ojo de fantasma,
túneles de semen y portales de ceniza.
Me dice Bathin:
“Nunca mires al dorso.
Cada galaxia atesora su infierno.
Cada sol nace como un grito fosilizado”.
Trazo mi senda,
ciegamente,
sobre esqueletos de relojes,
profecías ocultas en agónicos idiomas,
culebras que susurran al arcángel caído.
Mi cuerpo flota abajo,
mudo y sutil, en sábanas quemantes,
y mi espíritu, arriba,
dialoga con asteroides y sirenas de polvo
mientras Bathin ríe con sus quijadas brumosas.
Retornaré con algún alba,
cuando mi sombra se cure como llaga salina,
pero siempre luciré en los ojos
la marca de los mundos
que no fueron hechos para humanos.
Nota del autor: según el conocido grimorio del siglo XVII La clavícula de Salomón, Bathin es un demonio que posee el rango del gran duque del infierno. Comanda treinta legiones de espíritus y suele aparecerse como un hombre fornido con cola de serpiente, montado sobre un caballo pálido. Sus habilidades consisten en enseñar las virtudes de las hierbas aromáticas, las especias y las piedras preciosas, así como facilitar desplazamientos súbitos y viajes astrales para el mago que lo conjura.
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