renazca la materia, fecundable,
con singularidad impenetrable,
como la rosa crecerá del hueso.
Quizá germinen astros en un beso
de luz, con estallido formidable,
y una vez más, en cópula incansable,
juegue la vida con afán travieso.
Mis átomos, quebrando su anestesia
de eones, con la gran palingenesia,
brotarán de lo oscuro dulcemente.
Solo ruego que el joven universo,
parido sobre un túmulo disperso,
resulte más humano que el vigente.

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