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sábado, 5 de abril de 2014

Pennyroyal tea


(Homenaje a Kurt Cobain, en los veinte años de su muerte)

Desde tu adolescencia,
apenas encajabas en el mundo
que habían inventado tus mayores:
un orden ideal en apariencia,
detrás del que moraban, en la sombra,
los escuálidos perros de la angustia.
Súbito, inesperado,
el trueno de una música impetuosa
conmovió tus oídos;
te concedió los dones
del grito y de la rabia,
la voz del insurgente.

Sobre los escenarios liberaste
la furia, la sagrada rebeldía.
Las guitarras eléctricas sonaban
como desgarramientos en un velo.
Sobre su fondo turbio,
emergía tu voz como un aullido,
como un eco fatal de tu conciencia,
la de los que se saben diferentes
al resto de los hombres.
Al fin de los conciertos
astillabas, furioso, tu guitarra,
como hicieron las ménades salvajes
con la lira de Orfeo.
Pero moriste demasiado joven,
como los favoritos de los dioses.
El mundo no sabía comprenderte;
desconoció tu furia.

Ahora, desde un tiempo de grisura,
sobre los adoquines del presente,
el mundo cobra el tono del hastío
y escasean audaces y rebeldes.
Con herida nostalgia,
miro atrás, a las aguas del pasado;
venero tu memoria borrascosa,
bebiendo una infusión de hierbabuena,
Kurt Cobain, en tu nombre.

Pennyroyal Tea. Unplugged in New York, 1993.

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