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viernes, 15 de noviembre de 2013

Mirlo


El mirlo. Xilograbado de Thomas Bewick (1753 - 1828).


Te balanceas, tenue, con las ramas,
en el parque; dibujas aleteos
a tal velocidad que no distingo
si bailas en esbeltas araucarias
o yerras entre grávidos laureles.
Anudas con el trazo de tu vuelo,
como si fuera un hilo cristalino,
los árboles que moran, espaciados,
entre la mansa yerba.
Tejió naturaleza tu figura
de quemados tizones,
en la médula negra de la sombra.
Pero tus hondos silbos
son destellos de sol parpadeante,
que ciegan mis oídos.

Mientras nace la sombra de la noche,
el parque se desnuda, sin lamento,
del oro de los últimos fulgores
que le dejó la tarde.
Las nubes tenebrosas,
amenazando lluvias,
amortajan un sol agonizante.
Sin embargo, tú silbas,
con hermosa insistencia,
delante de un ejército de sombras,
delante de la noche,
bajo cuyo sudario de silencio
nos hundiremos ambos.

Mirlo, dame tu silbo inagotable.
Con el dorado pico, ven y siembra,
dentro de mis oídos,
tu grano de silbante melodía.
Jamás te mueras, que jamás la noche
silenciará tu música sagrada.