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jueves, 17 de junio de 2010

El centro del origen

*** Eucalipto en La Laguna, Tenerife

Mientras camino solo,
saboreo los hondos
silencios de los valles
y la melancolía nebulosa
de los montes bañados en la bruma.
Surgidos de sus cuevas,
oigo lejanos ecos
de todas las edades anteriores.

En el sosiego intuyo
la fuerza misteriosa que se vela
detrás de innumerables apariencias
y es un todo indiviso.
Las ramas de los gruesos eucaliptos,
que el viento zarandea,
las manchas de colores derramadas
sobre lienzos de hierba
–codesos, amapolas y violetas–,
las aguas que desbordan los barrancos,
todos los elementos
forman una inconsútil armonía,
sin quiebras ni fisuras.

Y yo, que me sentía desgarrado,
lejos de tal belleza,
ahora vuelvo, silenciosamente,
a la unidad sagrada,
al centro del origen.

6 comentarios:

Olga B. dijo...

Tal vez sólo es posible sentirse así caminando solo.
Hace tiempo que no me pasaba por aquí y me ha resultado tan grato como siempre.
Un saludo, Ramiro, que el verano te lleve a los centros que buscas;-)

Ramiro Rosón dijo...

Olga:

Siempre me acuerdo de que Oscar Wilde, en su cuento “El joven rey”, decía que necesitamos la soledad para apreciar la belleza. Y, sin duda, en el paseo solitario se alcanza con facilidad el ensimismamiento poético necesario para sentir la unidad de la naturaleza.

Como te habrás imaginado, ya casi no me queda tiempo para leer otros blogs, ni siquiera para atender el mío como es debido. La vida nos carga de estudios y ocupaciones varias.

Me alegro de que te haya gustado este poema; tus visitas siempre se agradecen. Deseo que pases un buen verano.

Saludos.

ana dijo...

Principio y final.
Delirio y destino.

Es hermosa.

"Cuando camino solo...
... al centro del origen".


Hay que caminar de vez en cuando solo; para aprehenderse, y para llegar.


Un abrazo.

Ramiro Rosón dijo...

En cierto modo, el paseo es una metáfora de la búsqueda. Buscamos algo a tientas, guiados por la intuición, hasta que de súbito lo hallamos.

Gracias, Ana, por tu lectura. Un abrazo.

Sergio B. S. dijo...

Bello poema de paseante solitario buscando su centro.

Un abrazo desde la frontera.

Ramiro Rosón dijo...

Gracias, Sergio, por tu buena disposición hacia mi poesía. Me has hecho acordarme de “Las ensoñaciones de un paseante solitario” de Rousseau.

Un abrazo desde la búsqueda incesante del centro.