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sábado, 21 de noviembre de 2009

La palabra absoluta

Cristo crucificado, de Benvenuto Cellini. Escultura en mármol. Basílica de San Lorenzo de El Escorial.

Dime, Cristo, si guardas en tu seno
la palabra absoluta,
que ilumina las noches,
como cerilla ardiente,
y sana las heridas,
como bálsamo tibio.
Dime, Cristo, si guardas
la palabra absoluta
amor–, calladamente.

Tus vértebras erguidas
padecen la dureza del madero.
La carne y la madera,
unidas, casi vueltas en hermanas,
insisten en salvarme.

Si mis dedos pudieran
acariciar la piel de tus costados
y sentir el jadeo
de tu respiración agonizante,
acaso rozarían la palabra
que guardas en tu seno;
acaso entenderían
que sólo tu palabra silenciosa
amor– podrá salvarme.


Francisco Guerrero: ¿Qué te daré, Señor? (madrigal religioso). Ensemble La Colombina.

Nota del autor:  Ya pueden consultarse parcialmente mi poemario Tratado de la luz y mi libro de teatro La desgracia de Orfeo y el desdén de Colombina en Google Libros. Si alguien estuviera interesado en consultarlos, puede ver Tratado de la luz haciendo clic AQUÍ y La desgracia de Orfeo y el desdén de Colombina haciendo clic AQUÍ.

14 comentarios:

marisa dijo...

Bellísimos versos, llenos de emoción sincera y hondo sentimiento.Un abrazo, querido poeta.

Ramiro Rosón dijo...

Uno se esfuerza en decir lo inefable, en ajustar las palabras a la emoción, pese a las limitaciones del lenguaje.

Me alegra que estos versos te hayan gustado. Muchas gracias, Marisa, por tu comentario. Un abrazo.

fandestéphane dijo...

La palabra absoluta, amor
La palabra silenciosa, amor

Un bello poema Ramiro, Hablas a Cristo, pero perfectamente, con tus deliciosas palabras, sirve para un tierno amor.
"Si mis dedos pudieran acariciar la piel de tus costados" bellísimo
verso, con un sentimiento exquisito

Un abrazo

Ramiro Rosón dijo...

He intentado reflejar una ternura mística en estos versos. En todo caso, el amor humano y el divino guardan un vínculo misterioso, de modo que el primero sirve de metáfora del segundo. Sin ir más lejos, recordemos el “Cantar de los Cantares” o el “Cántico espiritual” de San Juan de la Cruz.

Fandestéphane, muchas gracias por tu comentario. Un abrazo.

Freia dijo...

Querido Ramiro:

Disculpa la ausencia (obligada y mal llevada) de tu blog.
Es un placer volver y encontrar tus poemas, como un refugio.
Una auténtica belleza.

Un abrazo.

Ramiro Rosón dijo...

Querida Freia:

Me alegra mucho que vuelvas y mis poemas te resulten acogedores como un refugio. Asimismo, te ruego que también disculpes mi ausencia de tu blog, pues, como ya dije en uno de los comentarios a la entrada anterior, ando muy atareado con mis estudios y cada vez dispongo de menos tiempo libre.

Un abrazo.

Javier Herque dijo...

Mi fe hace tiempo que se prendió/desprendió de un alfiler pero creo en la fe de las palabras para arrancar de cada uno de nosotros esas intimas creencias que nos hacen ser próximos…prójimos, distantes…distintos.

Un saludo.

Ramiro Rosón dijo...

Yo deseaba reflejar en estos versos la hondura de la fe, considerándola como una vivencia interna, tan íntima y personal que sólo el individuo que la siente podría dar cuenta de la misma. Pienso en Dios como una voz que viene de fuera del hombre, pero le habla en sus adentros, desde el fondo de su experiencia vital. Y, como tú, creo en la inmensa capacidad que las palabras guardan para sacar a luz cuanto llevamos en nuestro seno, para evidenciar el misterio de nuestra condición humana.

Un saludo, Javier, y bienvenido.

ana dijo...

Diríase esa, la palabra absoluta, esa otra, la palabra perdida... esa que aún no hemos sabido encontrar, palabra que no podemos conseguir habitada, y que nos deja sumidos en esta sombra itinerante, casi sin destino, de ciegos que estamos... sin luz.

Precioso.

Ramiro Rosón dijo...

Otra vez, me remito al viejo tema de la noche oscura del alma. Esa palabra puede llenar de luz nuestras vidas y, sin embargo, a veces, cuando la buscamos, huye de nosotros, como una hoja llevada por el viento que intentáramos perseguir en vano.

Un abrazo, Ana.

ONDA dijo...

Preciosísimo y sereno poema. Gracias

Ramiro Rosón dijo...

Gracias a ti, Ignacio. Un abrazo.

ana dijo...

Ramiro, te imagino ya con un poco de respiro... con unos días de descanso al lado de las personas que quieres. Hoy es Navidad. La Luz. Un abrazo.

Felices Fiestas.

Ramiro Rosón dijo...

Ana, te agradezco mucho que te hayas acordado de mí en estas fechas. Como has imaginado, estoy pasando la Navidad con mi familia. Hoy es el día del niño Dios, alba de redención y luz del mundo.

Sin embargo, mi descanso será muy breve, ya que me esperan más exámenes después de las vacaciones. En fin, la vida nos sumerge en un torbellino de obligaciones, como las aguas de un río desbocado. No obstante, he escrito dos poemas sobre el nacimiento de Cristo, que quiero colgar en los próximos días.

Que tengas unas felicísimas fiestas.