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martes, 22 de septiembre de 2009

Una sonata de Muzio Clementi

Sonata Opus 24, número dos, en mi bemol mayor, de Muzio Clementi.


I. Allegro con brio.

II. Andante.

III. Rondó, Allegro assai.

Escucho una sonata para piano de Clementi. La verdad es que me resulta deliciosa. Quizá las sonatas de Clementi no hayan alcanzado la fama de las de Mozart y Haydn, pero no son, en modo alguno, desdeñables. El movimiento inicial, un allegro, es una melodía resuelta y decidida; enérgica, pero no violenta; profundamente clásica, en suma, pues una de las virtudes de las obras de arte clásicas es la unión de fuerza y elegancia.

El andante central es un milagro de sutileza y donaire musicales. Surge un espacio de infinito sosiego, donde los sonidos fluyen despacio. Una barca flota a la deriva sobre un océano en calma absoluta, dejando una leve estela en las aguas y en la memoria.

Una poderosa vitalidad y una alegría desbordante, unidas a fugaces pasajes de gran delicadeza, animan el rondó final. Éste parece casi una invitación al goce de la vida, una llamada a mirar con ojos limpios un día nuevo, un día que en su seno contuviera un tesoro formado de sol puro, azul celeste, pájaros volanderos, rocío, hojas frescas, árboles estallantes de gracia, aromas florales dispersos en los aires, hondas vibraciones de campos, mar y cielo.

8 comentarios:

marisa dijo...

Tu sensibilidad musical unida a tus conocmientos han dado un fruto perfecto...Precioso texto para acompañar a una música que nos transporta y nos eleva.No conocía a este autor, pero te agradezco que nos lo muestres.Me ha gustado mucho, y me ha ayudado a sobrellevar esta mañana de la que, por diferentes razones, me está costando tirar.
Un abrazo

Ramiro Rosón dijo...

Marisa, celebro que te hayan gustado esta sonata de Clementi y las palabras que yo le he dedicado. También me alegra que hayas conocido la música de Clementi a través de este blog. A menudo, la música nos ayuda a suavizar la aspereza de la vida cotidiana. Muzio Clementi fue un pianista italiano del siglo XVIII, contemporáneo de Mozart, aunque la posteridad, como ya he dicho, no haya sido tan generosa con el primero como con el segundo. El propio Mozart se batió con él en un duelo pianístico y admiraba sus obras.

Agradezco mucho tus lecturas. Un abrazo.

fandestéphane dijo...

No conocía a Clementi y ahora acabo de escuchar las tres sonatas
y me quedo con la segunda, influyenciado tal vez por tu escrito y por lo que necesito en estos momentos, que es mucho sosiego.

Un abrazo

Ramiro Rosón dijo...

Fandestéphane, me alegra que, al igual que Marisa, hayas conocido la música de Clementi por este blog. Sólo he querido hablar a los lectores de la belleza de una música no demasiado conocida, que tal vez debiera escucharse más a menudo. El segundo movimiento de esta sonata es un andante muy sereno. Su estilo me resulta muy parecido al de numerosos andantes de Mozart y Haydn.

Un abrazo.

Luis Javier Capote Pérez dijo...

No tiene nada que ver con la entrada, pero que sepa usted, don Ramiro, que me ha encantado su libro. Por fin lo he terminado y en estos tiempos donde se tiende a una poesía más experimental y de sentido más oscuro, ver a alguien con querencia por los clásicos resulta, paradójicamente, novedoso y refrescante. Un saludo

fandestéphane dijo...

Retirado en la paz de estos desiertos,
con pocos, pero doctos libros juntos,
vivo en conversación con los difuntos
y escucho con mis ojos a los muertos...

Quevedo

Todavía queda alguien, Ramiro, que los lee.

Saludos

Ramiro Rosón dijo...

Luis, no sabe cuánto me alientan sus palabras. Algunas veces me han reprochado mi clasicismo, pero usted ha descubierto el verdadero sentido de mi libro. Me gusta la poesía experimental e innovadora, pero me parece absurda la renuncia a Garcilaso, a fray Luis de León, a san Juan de la Cruz, a Lope de Vega, a Luis de Góngora, a Francisco de Quevedo, a toda aquella constelación de poetas. Esa renuncia supondría la negación de nuestros orígenes y el empobrecimiento de nuestra cultura. No renunciemos a nada, ni a lo antiguo ni a lo moderno.

Yo sólo deseo que los clásicos pervivan; que se los siga leyendo; que no se los considere letra muerta; que no se los condene a un olvido injusto. ¡Cuánta sabiduría perderíamos si los olvidáramos para siempre! Ignoro si cambiaré de opinión en el futuro, mas ahora pienso así. Por otro lado, me alegra que el libro no sólo llegue a personas del ámbito literario, sino también de otros ámbitos, como el jurídico, al que usted pertenece. Esta vez, no se ha cumplido la frase que dice que “los poetas se leen entre ellos”.

Saludos de agradecimiento.

Ramiro Rosón dijo...

“Si no siempre entendidos, siempre abiertos,
o enmiendan o fecundan mis asuntos;
y en músicos callados contrapuntos
al sueño de la vida hablan despiertos.”

Fandestéphane, gracias a Dios todavía quedamos muchos que leemos a los clásicos con devoción. Sin embargo, a menudo tengo la sensación de que no se leen todo lo que se debería.

Saludos quevedescos.