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domingo, 23 de agosto de 2009

Canción de la mar y el cielo


Sólo deseo, en el remanso
de unas horas de calma,
las olas oceánicas y eternas,
que se van sucediendo
con líquidos fragores,
y saltan, deshaciéndose en espumas,
como libres caballos.

Sólo deseo, en el ambiente
de una mañana soleada,
un ingrávido cielo,
que mis ojos inunde
con suaves esperanzas,
y me guarde, amoroso,
bajo un azul inmenso y delicado.

10 comentarios:

Freia dijo...

Es hermoso y ayuda al ánimo. Gracias por el regalo. Me acerca al mar que este año no podré ver.

ana dijo...

... las olas oceánicas y eternas.

El mar, pasión incombustibles, atracción inmensa para nosotros, quienes no nacimos a su vera.

Imposible no rendirse ante el azul. Imposible.

Ramiro Rosón dijo...

Me alegra que estos versos te hayan animado y te causen una sensación de cercanía. Deseo que puedas ver la mar el año que viene.

Yo sólo había querido evocar esas resonancias que la mar y el cielo insulares guardan en su seno. La conjunción del azul marino y el celeste deslumbra al caminante deseoso de fundirse con el paisaje.

Gracias a ti, Freia, por volver a visitarme.

Ramiro Rosón dijo...

Tienes razón, Ana. Es imposible no rendirse ante el azul; es uno de los colores más espirituales de la naturaleza. El océano Atlántico, ese campo inmenso de azul ultramar que rodea las islas, me parece un símbolo del infinito, como lo es el cielo de la noche en el poema “El infinito” de Leopardi. Incluso, para quienes sentimos cierta afición a la poesía mística, el océano en calma se nos antoja a veces una imagen de Dios.

Gracias por visitarme.

fandestéphane dijo...

Jacinto Benavente dijo que no había nada más parecido que el mar en calma y la sonrisa de una mujer. El azul del mar dice: navega; y la sonrisa dice: ama; y no es más cierto el mar que la sonrisa.
Aúnque veo Ramiro que a ti te apetecen más las olas oceánicas que un mar en calma. Pero ese poema te habría salido igual de hermoso con...
Sólo quiero, un mar en calma y azul. Todo depende del estado de ánimo del momento al escribirlo. Y también a nosotros nos depende del estado de ánimo al leerlo.
Es curioso que Freia se lamenta que no podrá ver el mar este año, y yo que lo tengo tan cerca sólo lo veo cuando paso por la Ronda Litoral, y ni lo miro. El mundo siempre al revés...

Saludos

Rocío dijo...

Grandes deseos... Con lo lejos que tengo yo el mar... Un saludo

Olga B. dijo...

Ramiro, mi conexión desde casa me hace muy difícil dejar comentarios en tu blog. Suelo tener muchos problemas, pero esta modalidad los acrecienta, creo.
En cualquier caso, no quería dejar de decirte que me sorprende la calma que produce leer lo que escribes, especialmente este poema.
Quizá desear sólo lo que tienes delante es lo más parecido al cielo que podamos tener. Cuando nada falta, no hace falta ni soñar;-)

Ramiro Rosón dijo...

Fandestéphane:

No conocía esa frase de Jacinto Benavente; es deliciosa. No hay día que no se aprenda algo nuevo.

Las aguas atlánticas se embravecen más que las mediterráneas; en todo caso, ambas son igual de hermosas. Sin embargo, el océano me da una impresión de fuerza, agitación y vértigo que el Mediterráneo quizás no me daría. Siempre me ha llamado la atención, en numerosos lugares de la costa de Tenerife, ver cómo las olas azotan los negros escollos de basalto. Unos versos de Tomás Morales, famoso poeta de Gran Canaria, dicen así:

“El mar es como un viejo camarada de infancia
a quien estoy unido con un salvaje amor;
yo respiré, de niño, su salobre fragancia
y aún llevo en mis oídos su bárbaro fragor.”

Imagino que eres barcelonés, por tu alusión a la Ronda Litoral. Estuve hace unos años en Barcelona y me gustó mucho; es una ciudad llena de historia. Como bien dices, el ser humano jamás se conforma con lo que tiene. Sin embargo, es una suerte que puedas ver el mar desde la ciudad. En Santa Cruz de Tenerife, no hay una buena avenida marítima. Tenemos un adefesio de muelle que nos impide la visión del océano, con unas horribles dársenas y un malecón abandonado y sucio. En fin, ¿qué le vamos a hacer?

Saludos cordiales. Gracias por tu visita.

Ramiro Rosón dijo...

Rocío:

Ojalá este poema te acercase un poco al mar. Me alegraría de que lo hiciera.

Veo que eres amiga de Ana, por tus comentarios en su blog. Bienvenida al mío. Saludos cordiales.

Ramiro Rosón dijo...

Olga:

Quizás la impresión de calma que te ha dado este poema se deba a que yo me esfuerzo mucho en conseguir versos de sonoridades suaves y melodiosas. A menudo, intento que no coincidan en un solo verso demasiados sonidos fuertes, como las consonantes más duras del idioma, la “p”, la “t” y la “k”; recito los poemas varias veces para saber cómo suenan los versos en conjunto... En fin, son meras cuestiones de forma.

Sobre todo, he querido reflejar la belleza del océano, la belleza de la inmensidad, sobrecogedora y a la vez serena. He querido expresar lo que siento al verlo, pensando qué es un hombre, en su diminuta humanidad, ante las aguas. Como bien dices, desear sólo las cosas que vemos ante nosotros nos conduce a un estado de paz maravilloso. Pero ese estado de paz se basa en la renuncia a lo que no tenemos. Así dice Fray Luis de León en la “Oda a la vida retirada”:

“Vivir quiero conmigo;
gozar quiero del bien que debo al cielo,
a solas, sin testigo,
libre de amor, de celo,
de odio, de esperanzas, de recelo.”

La estrofa recoge una idea de larga tradición, desarrollada por los filósofos estoicos: el hombre alcanza la liberación de sus pasiones y el conocimiento de sí mismo en la naturaleza. No puedo considerarme seguidor de la filosofía estoica, pero he disfrutado leyendo algunas obras de Séneca, como la “Consolación a Helvia”, que siempre me invitan a la reflexión.

Voy a cambiar la forma en que pueden verse los comentarios, para que se vean dentro de una ventana, en una esquina de la página. Quizás así te resulte más fácil enviar los tuyos.

Muchas gracias por seguirme visitando. Saludos afectuosos.