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domingo, 12 de julio de 2009

Apuntes de Galicia (II)


Hoy, a la tarde,
me he internado en un bosque
frondoso de castaños solariegos.
Airosas ramas,
troncos ancianos y raíces nobles,
envueltos en el musgo de los años,
han conmovido, en su humedad umbrosa,
mi alma sosegada.
Ahora, silencioso,
salgo del bosque y vuelvo,
por un sendero, hacia la aldea.

En este mes de julio,
los labradores han segado
las eras de centeno,
el oro de unos campos generosos.
El valle y sus laderas,
donde también reluce
el oro de la tarde,
ahora se me antojan
recién iluminados
por Dios, en los albores
deslumbrantes del mundo.

Desgrano, en el sendero,
unos tallos de avena
y cojo zarzamoras en los bordes
(unas saben amargas; otras, dulces).
Van callando las aves.
Oigo venir, con suave parsimonia,
a un pastor y sus vacas.
Los anuncia una música uniforme
y leve de cencerros,
que ya, también, anuncia
el fuego del ocaso
y la llegada lenta de la noche.

(Aldea de Villaver, Lugo)

2 comentarios:

Sergio dijo...

Desde luego se palpa esa comunión hermosa con el mundo. Me gusta el sosiego de estos paisajes, el apunte del caminante.

Gracias por el enlace. He hecho lo propio.

Suerte con el blog. Te seguiré leyendo.

Ramiro Rosón dijo...

Bienvenido, Sergio. Muchas gracias por tu comentario y por haberme puesto un enlace en tu blog. Me alegro de que te guste.

Alcanzar la comunión con el mundo puede ser difícil para el hombre de ciudad; sin embargo, en esos paisajes de Galicia es algo que uno puede vivir a diario. El sosiego y el silencio conducen a la meditación, y de esa meditación surge la comunión con el mundo, en forma de iluminación.